octubre 31, 2020

Después de la Bolivia neoliberal. Las nuevas recetas de Jefrey Sachs para un mundo feliz

por: Fernando Arenas Silvetty

Después de recetarnos la “dosis 21060” para el “Bolivia se nos muere” y sus terapias de shock, fue interesante ver cómo el doctor Jefrey Sachs [1] planteó en el 2003 un justificativo para los efectos secundarios de este “medicamento” (mayor índice de pobreza, mortandad, analfabetismo, corrupción, etc.), donde el remedio resultó peor que la enfermedad, defendiendo con ello el modelo neoliberal, con lo que le dio un 10/10 a Sánchez de Lozada como el mejor Presidente y con esto echando la culpa de los males bolivianos a la falta de inversión en salud, educación de madres, padres, niños pobres, la mediterraneidad y la crisis regional de Sudamérica. Las medidas tenían como prioridad parar la hiperinflación; ¿pero eso era todo?

Hace algunos años, Sachs habló sobre la economía de Bután (el país de la felicidad), donde entre sus conclusiones destaca el progreso económico para el alivio de la pobreza, donde sobresale la relación inversa del crecimiento del PIB con el incremento de pobreza y degradación ambiental, además de las desigualdades de riqueza y poder, denunciando la degradación humana en Estados Unidos a cambio de las riquezas corporativas y estableciendo como el enemigo número uno de la felicidad al capitalismo global.

Según Sachs, la felicidad se lograría a través de una estrategia equilibrada frente a la vida por parte de los individuos como de las sociedades, donde la búsqueda de mayores ingresos no debe reemplazar la dedicación a la familia, los amigos, la comunidad, la compasión y el equilibrio interno, donde la sociedad en conjunto planteará políticas económicas para que los niveles de vida mejoren. La mejor manera de promover la felicidad es invertir para identificar las causas de la mala salud (como la comida rápida y el tiempo excesivo frente al televisor, por ejemplo), la caída de la confianza social y la degradación ambiental. Se apoya el crecimiento económico y el desarrollo, pero en un contexto más amplio: el que promueve la sostenibilidad ambiental y los valores de la compasión y la honestidad, que se requieren para la confianza social y la búsqueda de la felicidad nacional bruta.

Sin embargo, en estas “nuevas recetas” aún se mantiene la dosificación principal para el tratamiento de la economía mixta con características clásicas de la economía de bienestar [2] y con un capitalismo de estado que no contempla la eliminación de la concentración de capitales en manos de unos pocos estableciendo políticas pro monopólicas además de sociedades multinacionales, tampoco se habla de la redistribución equitativa e igualitaria del capital social, que dentro del análisis del espíritu del desarrollo social es la variables que subsumen la transición hacia un sistema económico en favor de toda la población.

Estas “recetas” que no indican su composición química, valoración de efectos secundarios y menos indicaciones terapéuticas hacen relevante plantear un diagnóstico propio de la economía boliviana en función a la consecución de una agenda patriótica que establece la erradicación de la extrema pobreza, más aún cuando se presenta un crecimiento de 6,5% a julio del presente año y se encamina hacia la construcción de un nuevo modelo social comunitario. Asimismo se propugna con ello una lucha recalcitrante contra el imperialismo, mismo manifestado en la cumbre internacional realizada a inicios del mes de agosto en la ciudad de Cochabamba.


*    Economista de la UMSA

1    El “mérito” de Jeffrey Sachs, de erradicar la inflación en Bolivia entre 1985 y 1987, conllevó a la instauración de una economía de libre mercado y desempleo, además de su dolarización, fomentando las utilidades de las empresas privadas e impulsando con ello, años después, la Ley de la Capitalización.

2    Hacemos referencia al costo-beneficio donde las políticas de inversión aún están en función a la generación de rentabilidad.

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