agosto 17, 2026

Egipto y la doble moral de EE.UU.

La semana pasada un golpe de estado se ha producido en Egipto y si bien el régimen defenestrado formaba parte de la salida política impulsada desde la derecha en 2011 para impedir que la “Primavera árabe” se tradujera en la constitución de un gobierno revolucionario, no se puede dejar de mencionar que esta sangrienta acción, que ha dejado ya más de mil muertos y otros miles de heridos, pone en evidencia, una vez más, la doble moral de los Estados Unidos.

El presidente depuesto asumió la conducción de ese país luego de unas elecciones, bastante cuestionadas, que posibilitaron ante la insurrección popular la salida de Hosni Mubarak, quien estuvo al frente de ese país del Mediterráneo durante tres décadas. Pero en Egipto nada cambio, solo se produjo la sustitución de un tirano por otro, también respaldado por EEUU. El imperio seguía con un gobierno que preservaba los intereses de las corporaciones. Los nacionalistas árabes pusieron la fuerza de la movilización que expulsó a Mubarak, pero no contaron con la suficiente fuerza como para hacer un giro radicalmente distinto como ocurrió en América Latina desde hace más de 15 años.

La constitución del nuevo gobierno se llevó adelante en medio de la “primavera árabe”, un levantamiento de los pueblos contra regímenes autocráticos, pero esta irrupción política fue aprovechada por los Estados Unidos para tejer una fachada democrática para encubrir sus fines intervencionistas contra Libia (del que ya se apoderó), Siria (donde apoya a grupos terroristas como Al Qaeda que siembran luto cada día) e Irán (que resiste heroicamente embargos y agresiones mediante drones). El mismo esquema no fue empleado contra otros países aliados de Washington con regímenes tan autocráticos y totalitarios como Arabia Saudita y Bahrein por solo mencionar a dos.

Ahora, la Casa Blanca ha optado por una relación directa con los militares, con quienes siempre tuvo grandes negocios, y le ha quitado su respaldo a Morsi, el primer presidente islamista y líder de los Hermanos Musulmanes, una tendencia política bastante conservadora e igualmente explotadora. Pero el medio para hacerlo no ha sido el democrático, sino el lenguaje de la muerte a través de las armas.

Lo que vaya a pasar es imprevisible. En las calles egipcias hay miles de personas movilizadas. Unas que forman parte de esa corriente nacionalista y patriótica que salió a las calles hace varias semanas para pedir la renuncia de Morsi y exigir la convocatoria inmediata a nuevas elecciones. Pero también hay otras miles que militan o simpatizan con los Hermanos Musulmanes que quieren el retorno del presidente depuesto. Es nuevamente la pugna entre los mismos, mientras el ala alternativa no dispone de la fuerza y capacidad organizativa suficiente como para darle su sello a la crisis política.

La situación, por tanto, es altamente sensible y explosiva que muestra, hay que insistir, como el pragmatismo y la doble moral de los EEUU provoca crisis política y miles de muertos, a veces a nombre de la democracia y en la más de las veces contra ella.

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