octubre 21, 2020

Historia y Derrota

por: Matías Bosch

Pensando en Franklin Franco, para quien la Historia se explica en la vida concreta y, cual Allende, la hacen los pueblos.
Uno de los enfoques con los que se ha escrito y pensado la Historia es el idealismo. No se refiere a la importancia de los “ideales”: es un punto de vista según el cual las ideas, valores y voluntad de ciertos individuos (generalmente excepcionales) son los causantes, casi exclusivos, de los hechos históricos. Las figuras y los paradigmas son el engranaje que mueve los acontecimientos.

El método en esta forma de analizar la Historia se llama “individualismo metodológico”. Quienes así trabajan, desconfían de cualquier perspectiva de sistema o análisis estructural, como clases sociales, género o etnias. Los individuos, a lo sumo, se vinculan a través de “grupos de interés” o “de presión”, de acuerdo a sus metas, creencias e intereses. No hay relaciones, mucho menos dominación, opresión o contradicción.

En el plano propiamente político, para los y las idealistas tienen especial importancia los conceptos “liberal”, “progresismo” y “conservador”. La cadena es, más o menos, la siguiente: existen élites en la sociedad que suelen ser conservadoras porque “creen” que la desigualdad es buena y natural (entre otros “principios”). Esas élites “capturan” a políticos “ambiciosos” o “débiles” que a su vez, con el afán de perpetuarse en el poder, restringen las libertades y “vuelven” a las masas conservadoras a través de dádivas y clientelismo, sirviendo al final a las élites.

Notemos algo clave: las condiciones de vida concretas, materiales y objetivas que se dan dentro de ciertas estructuras (eso que llamamos “sistema social” local, regional, mundial) no son variables relevantes, mucho menos envuelven o ayudan a explicar a las formas de conciencia y pensamiento. Política y economía son mundos separados que, eventualmente, pueden tocarse. Las relaciones de dominación y opresión (objetivas y espirituales) ocurren en un universo paralelo. Las fuentes del poder son relativas, inaprehensibles al observador. Las causas de los hechos son, en su mayoría, subjetivas. Y la realidad es fragmentada, neutral y espontánea; no hay fuerzas en movimiento ni orden.

Vale decir que las masas, repentinamente aglutinadas, son desconfiables: sucesos al azar poco predecibles que pueden hacer que la sociedad caiga en la “ingobernabilidad” e incluso en el “populismo” (lo peor de lo peor). Por eso, la clave para cambiar y “disminuir la desigualdad” (nunca superarla) es hallar personas con los valores liberales correctos para que sumen una mayoría (quién sabe cómo) y luego administren y mejoren lo heredado, tanto como se pueda.

La gran debilidad explicativa del idealismo es que se basa en un dogma de fe, la creencia en un misterio: la élite suele ser conservadora, así como hay un sector liberal, y éstos piensan y actúan así… simplemente porque sí. La Historia y la política son cosas de buenos y malos, como en las películas y en los paquitos. A Juan Pablo Duarte, por ejemplo, hay que explicárselo como una especie de Superman, que en tiempos de hateros y empobrecidos comerciantes fue a otro planeta (Europa, la Constitución de Cádiz, etc.) y llegó convertido en el arquetipo del liberal salvador, sólo vulnerable a la kriptonita en manos de los conservadores.

El enfoque idealista tiene sus precedentes en República Dominicana en textos fundamentales como los de José Gabriel García, y debido a la influencia de la academia norteamericana (especialmente desde la caída del Muro de Berlín) se ha hecho prácticamente hegemónico.

Pero no siempre ha sido así. Entre los años sesenta y ochenta del siglo XX floreció en el país un análisis no idealista de la Historia: hablamos, por ejemplo, de Roberto Cassá, Franklin Franco, Antonio Avelino, el mismo Pedro Mir, Emilio Cordero Michel, José Antinoe Fiallo, Carmen Durán, entre otros. También contribuyeron personalidades como Juan Bosch y Juan Isidro Jiménez Grullón.

En este enfoque crítico, lo que los idealistas llaman “conservadurismo” o “progresismo-liberalismo” son conjuntos de ideas y valores que más bien se articulan y formalizan como aparato ideológico —no necesariamente intencional—, y permiten (o no) legitimar, validar y justificar el entramado de relaciones sociales concretas, las condiciones de dominación, de propiedad y distribución del poder. Esas ideas y valores comprometen a las personas mediadas por su experiencia, desarrollo de la conciencia, entre otros factores. Para los críticos del idealismo, en las relaciones de dominación (objetivas, subjetivas, espirituales) es donde hay que buscar las claves de la perpetuación de un modelo social y los factores de su propia negación transformadora.

Los vacíos del idealismo criollo son dramáticos. ¿Quién ha explicado en lo sustantivo qué son el “liberalismo” y el “conservadurismo” dominicano; cuáles “ideas” y “valores” los definen? Juan Isidro Jiménez Grullón y Viriato Fiallo, seres sensibles ante el dolor humano y a la vez golpistas y finalmente funcionales a la oligarquía, ¿en cuál de esas casillas caben? ¿Cómo juntar en el bando liberal a Antonio Guzmán, político moderado, conciliador con el orden heredado, y a Manolo Tavárez, líder que hasta la inmolación propuso una revolución de liberación nacional? ¿José Francisco Peña Gómez es el “progresista” que adhirió al ideario socialdemócrata o es el líder “conservador” del partido que firmó con el FMI y sacó los militares a masacrar al pueblo en 1984? ¿Cómo el mismo pueblo que hizo la Revolución Restauradora termina sometido por el dictador Balaguer? ¿Son conservadoras las 200 mil mujeres que toleran trabajar como “domésticas” con sueldos de hambre y ninguna garantía laboral? ¿Lo son las cientos de dominicanas que soportan maltratos durante años y al final prefieren morir a que la Justicia castigue a sus maridos? ¿Son conservadores la mayoría de trabajadores pobres que se levantarán cada mañana acatando el mísero aumento salarial de un 14%, o los 5000 jóvenes que hicieron fila fuera de Ágora Mall para conseguir uno entre 300 empleos? ¿Todo su comportamiento político se debe a la ignorancia y el clientelismo de políticos malignos, tipo Skeletor contra He-Man?

Barack Obama, que apoya el aborto terapéutico, el matrimonio igualitario y la reforma migratoria, pero manda drones a asesinar civiles, apoya invasiones, mantiene la cárcel de Guantánamo y los presos políticos ¿es liberal o conservador? ¿Una sociedad dominicana tan injusta existe y se sostiene por siglos debido a los “valores” y “preferencias” de sus élites y tres supuestos “caudillos”? ¿No hay relaciones, sistema ni orden, condiciones materiales? ¿La conciencia surge en el vacío, abstraída de realidad, una especie de “big-bang”?

Lo preocupante es que el idealismo se hace cada vez más popular. Si un 35% de la “masa dominicana” idealiza a Balaguer se debe a su condición “conservadora”, sin explicaciones objetivas y rastreables que incluyan cómo se forman esos esquemas de pensamiento y por tanto cómo intervenir en ellos. Quienes aspiran a transformaciones sociales no tendrían ya que hurgar en los sujetos sociales y su vida concreta para identificar las claves del cambio y sus posibles desencadenantes. Debemos rendirnos al subjetivismo ciego, facilista y superficial, a una política más propia de psicoanalistas o videntes, buscadores de individuos fantásticos y consignas atractivas.

Esto lleva a un círculo vicioso frustrante: con masas y élites conservadoras que se mueven con clientelismo, corrupción y alianzas, no queda otra que aceptar las reglas de la política vieja… salvo un golpe de suerte que traiga un redentor “progresista” o un trasplante de población. Es el fin de la política, la aceptación de la magia y los mitos. La mentalidad del micro-ondas.

En el fondo, la perspectiva idealista termina imputando moralmente al propio pueblo dominicano por su incapacidad de vivir mejor, mientras desecha percatarse de las grandes epopeyas que esa “masa” ha producido por sí sola, sin necesidad de élites ni caudillos. Y que esas epopeyas se dan en la lucha imperiosa por su sobrevivencia, cuando toman conciencia propia de quiénes son sus enemigos y de cuál es el orden de relaciones que deben transformar.

Reflexionemos: si la conciencia de su realidad hace al ser humano la única especie capaz de comprender su pasado y presente, construyendo su destino, seguir adoptando el idealismo histórico es domesticarnos, vendar los ojos de quienes aspiran a transformar la realidad y resignarnos a la Historia como arma de nuestra propia derrota, en vez de guía para la victoria.


*    Intelectual dominicano y director de la Fundación Bosch
    boschlibertario@gmail.com

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