agosto 19, 2026

Verse en el espejo: las imágenes prohibidas

por: Verónica Rocha Fuentes

Ya se sabe que los números y las cifras de la historia son indolentes. En una sociedad de la información poco interpela el dato frío, numeral, nominativo. El siguiente miércoles se cumplen 40 años del cruento ataque a La Moneda en Santiago, ataque que se cobró la vida del entonces presidente legítimo y democrático de Chile y que se llevó por delante varias generaciones que, años posteriores, crecerían y vivirían con la imposibilidad de reflejar la sociedad chilena ante el espejo. También sabemos que existieron más de 3.000 muertos y desaparecidos durante el gobierno dictatorial de Pinochet, y alrededor de 38.000 torturados y torturadas. Como recuerda Galeano, Pinochet murió el Día Internacional de los Derechos Humanos, con más de trescientas demandas criminales encima y sin ni una sola condena. Y todo esto no es ninguna novedad, Chile empezó a conocer estos números hace varios años ya.

Por ello, es que 40 años después de este hecho histórico, aún se sigue hablando de las imágenes prohibidas. Prohibidas, las últimas décadas, no por el régimen democrático, sino por la pacatez de un sector de la sociedad chilena que, incluso ahora, defiende el sangriento golpe de Estado de 11 de septiembre de 1973 y, de manera general, los años de gobierno antidemocráticos de la milicia. Prohibidas, porque fueron varias las generaciones a las que les costó mirar la historia de frente, cada una más nueva, más valiente, menos temerosa de romper con un imaginario colectivo que incluso ahora sigue empeñado en enseñar que es necesaria cierta dosis de autoritarismo para garantizar el progreso. Prohibidas porque era, es y siempre será muy difícil romper tabúes, imaginarios y traumas sociales.

Recién ahora, estas semanas, una producción audiovisual (producto de gran impacto en una sociedad moderna y mediatizada como la chilena) casual y elocuentemente difundida por un medio de comunicación parte del poco democrático conglomerado mediático chileno, ha servido, a mi criterio, como una suerte de terapia social, para destapar, para aceptar, para asumir, para recordar y para llamar los hechos por su nombre, en lo que es la historia chilena. “Chile, las imágenes prohibidas”, se trata de un polémico documental que da cuenta de las atrocidades cometidas por el ex – dictador. No son cifras, no son números, son historias latentes que describen el horror de quién incautó la voz y la vida de miles de chilenos y chilenas. Tan difícil fue ha sido y es para el vecino país enfrentar el espejo que tras la emisión del segundo capítulo del mencionado documental, el Consejo Nacional de Televisión recibió un poco más de 150 denuncias de telespectadores/as señalando que dicho documental profundizaba el odio y la división en dicho país. Como victoria de la libertad de expresión y como reivindicación del derecho a la memoria, dicha institución desestimó estas denuncias. El pueblo chileno y el mundo pudo mirar en las últimas semanas estas imágenes y quitarles el estigma de lo prohibido, al hacerlo.

En 1988 una pequeña parte del espejo, la más valiente sin duda, comenzó a convocar a la alegría. La decepción de los sucesivos gobiernos de la Concertación hicieron que por unos años más, varios chilenos y chilenas coincidieran en que aún la alegría no había llegado, pero llegaron los y las estudiantes y con ellos y ellas, la nueva promesa. Ahora, en Chile, cuarenta años después, hay más espejos para la memoria. Así, en una vía expedita, es probable pensar que la alegría ya viene. Quizás ahora sí.


*    Twitter: @verokamchatka

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