agosto 19, 2026

Paz Zamora, “otra” inmoralidad y la campaña de EE.UU.

Como ya se advirtió hace varios meses desde las páginas de La Epoca, la construcción de una matriz de opinión sobre la presunta permisibilidad del gobierno en la lucha contra el narcotráfico o incluso la relación de algunas altas autoridades con el tráfico de drogas, es una de las principales líneas políticas que se utilizarán contra el proceso de cambio.

De eso se han encargado de confirmar la semana pasada una publicación de la revista Veja, las declaraciones del parlamentario Adrián Oliva y del ex presidente Jaime Paz Zamora. No hay nada de qué extrañarse por la posición de la publicación brasileña ni por la del diputado tarijeño con profundas relaciones con personajes de ultraderecha como Álvaro Uribe y Henrique Capriles.

Lo que si provoca una gran indignación es la declaración de Paz Zamora, pues él y su partido, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), que al parecer quiere resucitar para participar en las elecciones de 2014, fueron denunciados por la embajada de Estados Unidos por tener conexiones con algunos narcotraficantes como Carmelo “Meco” Domínguez y el “Oso” Chavarría.

La campaña desatada contra el gobierno de Paz Zamora fue impulsada directamente desde la embajada estadounidense y operada a través del MNR en el Congreso Nacional. Al cabo de la investigación de los “narcovínculos” el caso concluyó en una aparente negociación política y solo uno de sus altos dirigentes pasó un tiempo en la cárcel.

Años después Paz Zamora sostiene, a pesar de conocer de lo que es capaz el imperio, que ya no se podía decir que coca no es cocaína. Pero la afirmación del líder mirista, quien boicoteó “desde adentro” al gobierno de Siles Suazo en el período 1982-85, conformó el Acuerdo Patriótico con el ex dictador Hugo Banzer Suárez y participó del último gobierno de Sánchez de Lozada, no refleja una ignorancia de los éxitos de Bolivia en la lucha contra el narcotráfico respecto de Colombia y Perú (que por lo demás siempre han contado con un apoyo financiero cuantioso de EE.UU.), sino que traduce una posición política con claros propósitos electorales y, quizá, conspirativos.

Lo de menos es el egocentrismo del político tarijeño al recordarle a los periodistas que él fue el primer presidente boliviano en visitar oficialmente el Vaticano, en una implícita alusión a la reunión del presidente Evo Morales con el Papa Francisco. Lo que hay detrás de sus palabras es la decisión de ponerse al servicio de una clara estrategia estadounidense contra el gobierno del cambio. Así es cuando se cruza el puente.

Todo indica que el gobierno indígena-campesino-popular enfrentará una guerra sucia en los próximos meses y seguro se incrementará en la medida que se aproximen las elecciones de 2014.

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