agosto 25, 2026

Una agresión al televidente. Pantallas teñidas de sangre

“Así se encuentra la situación de inseguridad en el país y no sabemos cómo podrá estar mañana”, señalaba categóricamente el presentador de noticias de una red nacional hace unos días, al cerrar su cotidiano amplio bloque noticioso de crónica roja. No es que se tratara de un programa dedicado a la información policial, sino de un servicio de noticias habitual del mediodía, que entra en los hogares seguramente a la hora que compartimos el almuerzo con toda la familia.

Es cierto, y esto sucede en todo el mundo, la crónica roja vende, es comercial, pero a su vez marca el nivel y la calidad de los medios de comunicación. Aquellos que se caracterizan por teñir de sangre sus páginas y pantallas, no siempre suelen ser los más serios o los de mayor credibilidad en la ciudadanía, aunque con seguridad son los que mejores ganancias obtienen.

Pero también es evidente que el tema de la inseguridad ciudadana, colocado en la agenda mediática como tema central informativo, puede tener un origen diferente, estar relacionado con un objetivo político de desestabilización. Esto es lo que aparentemente está sucediendo en nuestras pantallas de televisión.

No existe respeto a los horarios de protección al menor, no se muestra discreción, ni menos profesionalismo en el tratamiento de estas informaciones. Se muestran las más descarnadas imágenes, se cuentan tenebrosas historias en torno a éstas y cada día se va subiendo el tono melodramático del relato noticioso, construyendo una trama más parecida a la de una telenovela de horror que a una presentación informativa.

Que existen problemas de violencia en nuestras ciudades? Ni duda cabe, pero siempre existieron, en cada época con sus propias características, pero antes los medios solían asignarle un lugar de menor importancia en su tratamiento. Hoy nos vemos inundados por informaciones, que hasta dejan de ser noticia, de asaltos, violaciones, robos, asesinatos y una larga lista de etcéteras.

Y no se trata de no informar, se trata de cómo y cuándo hacerlo. En determinadas circunstancias esa labor puede cumplir una función de prevención y no sólo de divulgación, pero cuando se carga la agenda de tal manera que pareciera que pretenden convencernos de que vivimos en un país donde impera la ley de la selva o la del más fuerte, donde estamos expuestos a todo tipo de crímenes, debe llamarnos cuando menos a la curiosidad del porqué, ya que, además, la verdad no es esa; somos millones de bolivianos que trabajamos con tranquilidad, que nos desplazamos con seguridad, que vivimos en paz.

Lo cierto es que esta inusitada aparición televisiva de la información teñida de sangre, es una verdadera agresión al televidente, mucho más a los niños y jóvenes. Además de la violencia como tal, por la forma burda en que se trata este tipo de información, fuera de contexto y sin respetar las mínimas normas de la ética periodística, convirtiéndola en un mero show televisivo.

Pero no solo eso, sino que también, no me queda duda, que se trata de parte de una estrategia de desestabilización y ataque desde los medios a la gestión de gobierno. Como no se puede encontrar problemas en la economía o criticar falta de gestión, se busca desprestigiarlo, pretendiendo generar para ello una situación de temor e incertidumbre en la población a partir de los reportes televisivos.


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