por: Hugo Salvatierra G.
Así titulaba “El Deber” del 14 de mayo de 2.000 un apocalíptico informe del PNUD realizado por Armando Ortuño, a quien conocí el pasado 6 de diciembre en el Tercer Encuentro Nacional por la Democracia Intercultural y el Estado Plurinacional realizado por el PNUD-OEP en Santa Cruz.
Hace trece años y medio, Ortuño advertía que: “La pobreza en Bolivia se mantendrá aún en el escenario optimista que el país crezca a tasas superiores al 6 por ciento por año en el período 2000-2010, al final del cual todavía el 45 por ciento de la población estará en situación de miseria.” Y continuaba:
“La pobreza en Bolivia no solo afecta a grupos de población bien identificados y ubicados, sino que se trata de un problema estructural que involucra a la mayoría de los habitantes.” “La solución al problema depende de la capacidad de la sociedad boliviana para concertar la estrategia de desarrollo…es una cuestión estructural.”
No sabemos si Ortuño se refería a las “reformas estructurales” de privatización y capitalización de Jaime Paz y Gonzalo Sánchez, o era intelectualmente sincero al reclamar la imperiosa necesidad de un cambio estructural que suponía la caída del modelo oligárquico de acumulación capitalista, cambio que se inició cinco años después con la revolución política liderada por el MAS.
En todo caso, Ortuño tuvo el acierto de afirmar que “la solución al problema depende de la capacidad de la sociedad boliviana para concertar la estrategia de desarrollo.” Esa capacidad de la sociedad boliviana se expresó en la identificación de las causas y los causantes políticos de la pobreza en Bolivia y la construcción de la “Agenda de Octubre” como estrategia de desarrollo.
Los cambios estructurales —no parches— fueron protagonizados por la fuerza insurrecta de las grandes mayorías de pobres y excluidos de la sociedad boliviana, que en octubre de 2003 y diciembre de 2005 sepultaron al viejo Estado colonial y sus clases dominantes, abriendo un proceso de profundas transformaciones en el Estado boliviano.
Esto es lo que no quieren ver algunos de los “analistas” participantes en el mencionado Tercer Encuentro Nacional, que al final pelaron capucha concentrando sus amargadas crítica en la hipócrita defensa de los “derechos humanos”, la inversión estatal en salud, educación, bonos sociales, la “dictadura” de Evo Morales, terminando por hacer del Encuentro el púlpito de su sietemesina campaña electoral.
Lo que no quieren reconocer los “analistas”, es que si los neoliberales hubiesen seguido gobernando y saqueando el país, hoy, no solo el 45% de los bolivianos sería pobre sino la totalidad de los diez millones que vivimos en Bolivia.
Que hay pobres en Bolivia…¡Claro que los hay, y todavía son muchos! Pero esas cifras de pobres se triplicarían si el modelo de gobierno, de economía y de Estado fueran los que en sus manos tenían las multipartidarias neoliberales, los gobiernos de Bánzer, Gonzalo Sánchez, Jaime Paz y Jorge Quiroga.
Hoy, la propiedad de los recursos naturales es de los bolivianos, existe una mejor distribución social de la riqueza y una movilidad socio-económica de la población, que vuelca exactamente a la inversa la tasa de pobreza pronosticada por Ortuño. Durante el Gobierno de Evo Morales, los niveles de pobreza moderada bajaron de 63% a 43%, y la extrema pobreza disminuyó de 40% a 21%.
El informe mundial 2013 del PNUD sobre Desarrollo Humano desdice sus pronósticos del año 2000 y las críticas de los amargados analistas. El año 2012, Bolivia junto a Panamá, registró el mayor avance en desarrollo humano de Latinoamérica, invirtiendo de modo sostenido en educación, salud y servicios sociales. Desde el año 2005, la esperanza de vida al nacer creció de 62 a 67 años, la escolaridad promedia se duplicó a 9,2 años, y el ingreso per cápita de $us. 3.791 a $us. 4.444.
El mismo Jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe (Augusto de la Torre) reconoce esta realidad cuando afirma que el 50% de los bolivianos se encuentra aún entre la clase pobre y la clase media, admitiendo el ascenso de la movilidad socio económica por el aumento del poder adquisitivo de la gente, el crecimiento económico y la aplicación de políticas sociales, logrando un incremento de la clase media en un 40%
Al final, los “analistas” concluyen con un lisonjero consejo al gobierno: “La bonanza que vive Bolivia es gracias a los precios del gas y los minerales. El gobierno debe hacer esto, y debe dejar de hacer esto otro”. Luego de sus consejos ponen cara de intelectuales y se quedan pensativos esperando los aplausos.
Para ellos, el bienestar que comienza a conocer el pueblo, los ingresos y ahorros del Estado, la capacidad de ejecución de proyectos sociales, productivos, infraestructurales, no se deben a las políticas y planes de desarrollo del proceso de cambio y del gobierno de Evo Morales, sino a la suerte “por los precios internacionales”. Una “suerte” que también tuvieron los gobiernos de Bánzer, Gonzalo Sánchez, Jaime Paz, Jorge Quiroga, que concluyeron despilfarrando la plata del pueblo y enriqueciendo a unos pocos.
Hipócritas!

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