diciembre 1, 2020

¿Quién es Leopoldo López, la nueva criatura de la CIA para Venezuela?

Los medios internacionales nos presentan a Leopoldo López, líder derechista e instigador de la reciente ola de violencia en Venezuela, como una inocente víctima política de lo que llaman “régimen chavista”.

Leopoldo López es el típico ejemplo de niño rico de la élite venezolana ligada a los intereses de EEUU. Allí estudió en el selecto Kenyon College de Ohio y en la Kennedy School of Government, de la Universidad de Harvard, conocidos criaderos de oficiales de la CIA.

En Venezuela, López formó parte de la élite que durante años controló la petrolera estatal PDVSA, donde fue Asistente al Economista Jefe. Recordemos que Hugo Chávez realizó una verdadera renacionalización de la industria petrolera, despidiendo a miles de cuadros que habían construido un estado dentro del estado a espaldas de cualquier objetivo social.

Implicado en el fallido golpe de estado de 2002, en diciembre de 2007 Leopoldo López fue beneficiado por la amnistía otorgada por el propio presidente Chávez.

López lleva años conectado con el Instituto Internacional Republicano (IRI), ligado al Partido Republicano de EEUU, que le aporta apoyo estratégico y financiero.

López ha apostado siempre por la acción violenta contra la Revolución bolivariana. Como alcalde del municipio acomodado de Chacao, en 2004 dio cobertura a la estrategia de las llamadas “guarimbas”, acciones de violencia urbana que causaron entonces varios muertos.

Fundador del partido derechista Primero Justicia junto a Henrique Capriles, Leopoldo López apuesta por las vías más expeditas y violentas, para lo que ha creado su propio partido: Voluntad Popular. Promueve las llamadas “Redes Populares”, una iniciativa financiada por la USAID, agencia del Gobierno de EEUU, para penetrar las comunidades populares, cercanas a la Revolución, y reclutar allí personal al que remunera para acciones de desestabilización.

Personajes como Leopoldo López no son de generación espontánea. Washington tiene sus fábricas de “líderes”, a los que provee de fondos y marca estrategias para la desestabilización de gobiernos incómodos. En Libia, Bolivia, Siria, Ucrania, Cuba o Venezuela… nada se debe a la casualidad política.

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