diciembre 5, 2020

Un viejo cuadro bolchevique

De Nikolái Ivánovich Bujarin, abrevé el “A.BC: del Comunismo” y “La economía mundial y el imperialismo”. Su “Economía Política del Rentista”, es sustentada crítica de la doctrina marginalista que aun se enseña en nuestras carreras de Economía. Bujarin fue considerado por Lenin el “teórico más valioso y destacado” del Partido Bolchevique, pero este ponderado aserto no lo salvó de caer víctima de las furiosas razias del georgiano Stalin, alias Koba. En 1937 fue arrestado y en marzo del año siguiente condenado y ejecutado con otros veinte prominentes cuadros de la revolución soviética, acusados por la policía secreta de “traición” de otras incalificables y falsas tropelías. Como Saturno, la revolución se tragaba a sus propios hijos e hijas(según una premonición atribuida a Danton).

A punto de ser sacrificado por la revolución que había contribuido a construir, Bujarin escribió una carta a Anna Mijaïlovna Larina, su compañera e hija de un viejo bolchevique. Recién en julio de 1992la misiva llegaría a sus manos. “Recuerda que la gran causa de la URSS está viva y esto es lo que es importante, mientras que los destinos individuales son transitorios y miserables en comparación. Una gran prueba te espera. Te ruego, querida mía, que hagas todo lo que puedas, aprieta los cordones de tu alma, pero no permitas que los rompan”. Para entonces, como Bujarin vaticinó en 1937, el poder soviético de la nomenklatura estaba a punto de desmoronarse y volver al capitalismo. Acertó también en el trágico destino que aguardaba a Larina y su familia. Ella fue condenada. Fue separada de su hijo Jurka de once meses, al que recién pudo ver veinte años más tarde. Hasta entonces su vástago desconocía quién era su padre. Larina pasó 20 años en un gélido gulag. El poder estalinista usó su voluntad omnímoda para eliminar con frialdad a sus adversarios y crear una nueva clase burocrática al amparo de la propiedad colectiva y estatal.

Con la Perestroika, y en gran parte por la incansable presión de Larina, el buen nombre de Nikolái Bujarin fue “rehabilitado”. Sus obras salieron de los herméticos archivos del Kremlin, donde permanecieron presos por casi seis décadas, entre ellos una novela autobiográfica redactada al pie del patíbulo. Larina, por su parte, publicó en 1991 su denuncia “Lo que no puedo olvidar”; en verdad un rencuentro con Bujarin al que conoció cuando solo tenía 16 años: “Debo decirte que jamás me he arrepentido de haber unido mi vida a la tuya. ¡Es imposible olvidarte!”.


*    El autor es historiador
      keynes73@yahoo.com

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