noviembre 24, 2020

La violencia entre civiles como fórmula para el derrocamiento de gobiernos antimperialistas

La sociología como ciencia surgió como resultado de la modernidad y tuvo en la filosofía positivista su propuesta de método y filosofía. Comte y Spencer propusieron desarrollar una ciencia específica para el análisis de la sociedad, pues la ilustración había generado condiciones para el desarrollo de nuevas ciencias como la biología, la química, la física sólo para nombrar algunas.

Lo que no se dice normalmente, es que la sociología tenía como objetivo producir científicos que no sólo observen, experimenten y calculen los resultados de los procesos sociales, sino que además tengan como misión mantener el nuevo orden, fortalecer el statu quo de la sociedad moderna y liberal. En síntesis los sociólogos habían de ser los ideólogos de la conservación del nuevo régimen social y económico: el capitalismo.

Esta misión no quedó anclada en la revolución francesa, sino que hoy mismo son sociólogos del mismo cuño quienes vienen desarrollando nuevas teorías para el sostenimiento de la sociedad “moderna”, de democracia liberal controlada, atada a los intereses capitalistas.

El Pentagonismo (expresión de la vanguardia ideológica, militar y política del Imperialismo en crisis financiera y comercial), hoy viene potenciando a grupos de cientistas sociales y políticos como etnólogos, antropólogos, sociólogos y politólogos, a través de sus laboratorios de análisis para el desarrollo de nuevas teorías de mantenimiento del orden establecido (think tanks).

Estos, junto a los operadores de las nuevas ciencias relacionadas con el medio ambiente (ecologistas), vienen experimentando nuevos modelos de control del statu quo.

Por supuesto que esta “Santa Alianza Científica” es por contrapartida, contendora de todo tipo de propuestas de transformación revolucionaria que se enfrentan a la explotación del hombre por el hombre, así como de la naturaleza, condiciones sin equa non de la existencia del capitalismo.

La teoría de la implosión social busca lo que su nombre indica, una explosión desde adentro hacia afuera, ante la imposibilidad de los gobiernos de resolver inmediatamente y en el acto, las grandes desigualdades económicas y sociales creadas por siglos de gobiernos capitalistas.

Lo que la implosión social interna se propone es dividir y confrontar radicalmente a los actores civiles de las sociedades en proceso de cambio, cuyas políticas de estado no los llegaron a favorecer específicamente, para generar un clima de conmoción interna orientado hacia la generación de un imaginario social plagado de caos y desgobierno, cuyos operadores más eficientes son los medios de comunicación masiva que desproporcionan, caricaturizan y fabrican noticias, usan imágenes correspondientes a otros eventos, editan grabaciones de voz, filman dudosos videos con cámaras espía generalmente en función de los intereses de la reacción local e internacional.

La teoría de la implosión interna, es parte de la guerra no convencional, que implica el desarrollo de la guerra en otros escenarios no formales para evitar choques violentos entre militares y civiles (aunque esa variable no se descartará jamás) buscando incentivar las contradicciones y confrontaciones entre los actores de los procesos revolucionarios, con el objetivo político de debilitarlos.

En este contexto aparecen las disputas de indígenas contra indígenas, de asalariados contra cooperativistas, de ambos contra comunarios originarios, de profesionales contra no profesionales, de interculturales contra indígenas, de los habitantes rurales contra los urbanos, de mujeres, personas con capacidades diferentes, niños y adolescentes contra el Estado, en síntesis una situación de anomia y caos prefabricado de difícil solución pacífica, a los que se suman operaciones psicológicas (OPSIC) anexas y acciones de guerra económica y mediática, para en última instancia justificar la intervención humanitaria internacional, en nombre de la democracia, los derechos humanos y la libertad.

Estas acciones indiscutiblemente tendrán el soporte y la aquiesencia de sectores militares que transformaran rápidamente su obediencia institucional de “Patria o Muerte” en mandato legal de institución tutelar de la patria: “Ni prisioneros ni heridos” convirtiéndose en los gerentes de la “reconstrucción nacional” que por supuesto, tendrá como horizonte el capitalismo.

En estas conmociones también actuarán mercenarios y paramilitares extranjeros fascistas.

Este modelo general ya se lo ha aplicado en países de varios continentes según las condiciones particulares de cada proceso. Fue aplicado en Egipto, Libia, Siria con relativo éxito. Ucrania es el experimento más reciente y no debemos olvidar que fueron también objeto de este laboratorio Honduras, Paraguay, Ecuador, Bolivia y ahora Venezuela.

Los sujetos sobre los cuales actúa el modelo de implosión social interna son: los jóvenes (especialmente universitarios), los indígenas, las personas con capacidades diferentes, los niñ@s y las mujeres, que para la sociología capitalista, constituyen los “débiles” de la sociedad moderna, junto a los trabajadores cuenta propistas o dueños de pequeños talleres, en quienes siembra la desconfianza y plantea la necesidad de cambio de régimen político ante la “incapacidad de la dictadura actual” de satisfacer sus demandas.

El modelo de desestabilización está claro. Los caballos de batalla que usaran también: libertad de expresión, seguridad de defensores de derechos humanos, independencia del poder judicial, derechos de los pueblos indígenas, entre los más probables.

Denunciamos anticipadamente el uso de los derechos humanos con fines anti-democráticos y reaccionarios, en nombre de supuestos derechos “individualísimos”. Toca al Estado Plurinacional y sus militantes prepararse para la siguiente arremetida que seguramente vendrá con el mismo guion y con las directrices del mapa señalado.


*    Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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