Los resultados del último censo, generaron y generarán siempre polémica. Se ha dicho por ejemplo que la pervivencia de un 40% de personas que se auto identificaron como indígenas y la existencia de una diversidad de pueblos indígenas en nuestro mapa humano, sería prueba latente de que durante la colonia no se produjo un etnocidio, aunque admiten que la conquista produjo una abrupta caída poblacional.
Pero el mayor error de quienes niegan el etnocidio es suponer que la vitalidad indígena —y el mentado censo de 2012 lo prueba en demasía— fue algo así como un concesión colonial, y no resultado de la larga estrategia legal y de fuerza que los pueblos indígenas desplegaron para resistir frente a un desgarrador Pachakuti o la inversión de su mundo. Y eso no es todo. En primer lugar, una larga tendencia historiográfica en Bolivia quiere hacernos creer que con la “Independencia” de 1825 acabó la colonia y comenzó la libertad, cuando la República era la representación de españoles y criollos con “pureza de sangre”. Si algo tuvo de popular y participativa esta “gesta” de 1809 a 1825 fue la insurgencia indígena que cercó La Paz en 1811, las montoneras populares, la mujeres cholas de Cochabamba o las guerrillas de Ayopaya, conscientemente olvidadas por la historia oficial y no recordadas por la narrativa el Estado Plurinacional que sigue aferrada a los héroes republicanos.
En segundo lugar, se niega que las negras tareas de conquista continuaron durante el Estado Republicano, con la misma fiereza que durante la era española. No es de extrañar, pues finalmente quienes usufructuaron de la “independencia” no eran sino vástagos de pensamiento racista de los hispanos. A partir de 1880, los “Notables” republicanos se lanzaron a tomar tierras y comercializar caucho, diezmaron nuevamente a poblaciones indígenas. En 1895 el diputado Alcibíades Guzmán, escribió satisfecho que: “En la nueva empresa estamos repasando los senderos y conquistas de misioneros y soldados españoles”. Muchos pueblos indígenas, que gracias a su aislamiento habían subsistido a la primera fase de la conquista, no sobrevivieron a la segunda: fueron diezmados o simplemente desaparecieron al ser considerados “salvajes” y “bárbaros”. Familias enteras fueron arrastradas a la fuerza hasta las barracas gomeras a dejar sus vidas para engrosar la acumulación del capital de los “Patrones de la Goma”. Basta leer el testimonio del etnólogo sueco Nordenskiöld, quien entre 1908 y 1909 recorrió la zona gomera. Allí no hubo ninguna fusión cultural sino etnocidio; ese es el término exacto.
* El autor es historiador
keynes73@yahoo.com

Leave a Reply