diciembre 1, 2020

Lucho Espinal, más cerca que nunca

por: Gastón Núñez 

Quienes vimos, leímos y seguimos su testimonio en vida difícilmente podremos excluir de este momento que atraviesa el país, la misma fuerza de sus editoriales, sus comentarios de cine, sus homilías u Oraciones a Quemarropa.
Este 22 de marzo se cumplen 34 años del martirio de Luis Espinal, sacerdote jesuita, asesinado por grupos de paramilitares dirigidos por el entonces Ministro del Interior del gobierno de facto, Luis Arce Gómez.

La historia boliviana de estos últimos treinta años nos da importantes datos de lo que significó para muchos, la vida, la entrega, el testimonio de un hombre como Lucho, en su compromiso leal y decidido con el pueblo boliviano, su aporte en la conquista de la democracia y defensa de los derechos humanos, elementos hoy por hoy, difíciles de encontrar en los que pregonan justicia, libertad y amor al pueblo.

Lucho Espinal, además de sacerdote, tuvo otras facetas claves en su vida, como el de cineasta, defensor inclaudicable de los derechos humanos, pero también periodista, muy diferente de los que conocemos ahora. Basta con leer sus Oraciones a Quemarropa para darnos cuenta del potencial de su palabra en sus textos.

Como puntal de experiencia en el periodismo centró su trabajo entonces en la radio y la prensa escrita, publicando sus críticas de cine en el matutino PRESENCIA, además de asumir la codirección de Radio Fides donde también tenía un programa sobre cine y otro sobre religión.

Breve repaso a su historia

El 5 de agosto de 1968 Lucho sale de Barcelona rumbo a Bolivia, nunca más regresará a España. Llega a nuestro país, en medio de los desfiles de los festejos patrios, el 6 de agosto. Luis Espinal encuentra en América Latina, un contexto político, que es simultáneamente, de gran desolación, pero también de grandes esperanzas.

Es en este contexto que Lucho Espinal, interpela a toda la sociedad incluida la iglesia, reclamándole asumir el costado terrenal de los seres humanos. Como resultado de aquella contradicción florece la llamada Teología de la Liberación, creando una cultura religiosa afín, a los sectores excluidos.

La profunda sensibilidad de Luis Espinal, le permite percibir con facilidad las hondas contradicciones económicas y sociales de su nueva patria. Desde su llegada, quiere abarcarlo todo. Pero Luis tiene una aspiración mayor, jamás se limitó a ser sólo un profesional de los medios de comunicación, quería ser parte del pueblo; se hace pueblo.

El 11 de junio de 1970, el Estado le concede a Luis Espinal, la categoría de “ciudadano boliviano”, que él ha solicitado meses atrás, sin embargo esa categoría la asume con clara identificación con el pueblo boliviano en la huelga de hambre de 1977 junto a cuatro valerosas mujeres mineras.

Durante el golpe militar de 1971 encabezado por Hugo Banzer Suarez, Lucho intervino en favor de sindicalistas perseguidos, exiliados y detenidos, no sólo escribiendo columnas periodísticas sino asumiendo su causa como parte de su labor como miembro de la Asamblea de Derechos Humanos de Bolivia.

En 1979 se hizo cargo de la dirección del semanario AQUI donde publicaba toda una página dedicada al cine, paralelamente mantenía su columna en el diario PRESENCIA (Actualidad Cinematográfica), hasta que al periódico le resultó ‘incomodo’ publicar artículos de un periodista que dirigía un semanario con tinte de “izquierda”.

La corriente de Lucho en medios escritos tuvo bastante eco sobretodo en la década de los ’80 que a la par del semanario AQUÍ surgen periódicos y medios alternativos que replican y amplifican una línea altamente cuestionadora del modelo que imperaba en ese entonces: el neoliberalismo.

Toda su vida estuvo al servicio del pueblo y de la vida, quizá por eso maldecía constantemente a la muerte. Amorosamente, dedicó su existencia a las gentes sencillas de los barrios marginales, a sus compañeros de comunidad y de trabajo, a sus hermanas y hermanos que marchan por las calles, buscando mejores días.

Entre los papeles que dejó, había un texto inconcluso en el que cuestionaba el individualismo del pequeño burgués que pretende constituirse en mártir; “El pueblo no tiene vocación de mártir. Cuando el pueblo cae en combate, lo hace sencillamente, sin poses, sin gestos melodramáticos”.

Homenaje, 34 años después


Al recordar el aniversario de su muerte, hacemos una plegaria al creador para pedirle que vuelva a dejarnos las semillas de ese Espinal que conocimos; para que brote la esperanza, para que germine una conciencia de los que vendrán. Quienes vimos, leímos y seguimos su testimonio en vida difícilmente podremos excluir de este momento que atraviesa el país, la misma fuerza de sus editoriales, sus comentarios de cine, sus homilías u Oraciones a Quemarropa, que fueron el eje orientador y la guía necesaria para señalar el camino del pueblo en sus luchas cotidianas.

Hoy le contaríamos a Lucho de aquellos que entregaron y vendieron a la patria, los que la descuartizaron y pretendieron dividirla, pero también de esa patria ilusionada en un nuevo futuro cargado de esperanza. Hoy nos gustaría mostrarle a Lucho, a los conoció, a los que le dieron la mano y apostaron por una vida digna y le dijeron que nunca renunciarían a este desafío, y que lamentablemente ahora, los vemos al otro lado de la vereda compartiendo el proyecto de los poderosos.

Hoy también le mostraríamos a su Iglesia, no a la que llamó Pueblo de Dios, con la que celebró en su comunidad, en su barrio las eucaristías y que recogiendo sus testimonios, se comprometía a ser su portavoz en las luchas cotidianas del pueblo boliviano. Sino aquella que traicionó los principios de cumplir el evangelio en la vida misma y no da testimonio de compromiso acompañando al pueblo en sus demandas.

Y le hablaríamos de aquel pastor que se auto relegó de su rebaño y se apartó de sus propios hermanos que continúan marginados y excluidos en su propia tierra; ellos que sin territorio y sin nombre, siguen siendo esclavizados por sus propios hermanos y llevan la dignidad de los pueblos en la zona guaraní, ayorea, chiquitana y moxeña.

Hoy necesitamos de su voz firme y radical que, sin rodeos, señale claramente a los que mancillan la dignidad de su pueblo y les llame como Jesús a los fariseos de ese tiempo, “hipócritas, raza de víboras, sepulcros blanqueados”. Queremos de nuevo un Lucho Espinal para este tiempo, que con la radicalidad de sus Oraciones a Quemarropa, “quemen” la conciencia de quienes le traicionaron a nuestro pueblo, porque Lucho no fue ese cristiano de silencio, como les dijo a aquellos que no se identificaron con nada, “no protestan por las injusticias, porque están esclavizados al Estado por la persecución o por el compromiso, comprados por el miedo o por el oportunismo”.

Hoy, cuando la tentación por el poder declina a nuestras convicciones e ideales de seguir apostando por los cambios, precisamos de verdaderos luchadores por la justicia, que sepan por qué es necesario Gastar la Vida, por qué es importante poner el pecho a las balas, por qué es ser idéntico y pleno, antes de ser corruptible y sin identidad, para que entreguemos, con nuestro trabajo, lo que Lucho nos dejó como el desafío y la misión más importantes: “Y si un día nos toca dar la vida, lo haremos con la sencillez de quien cumple una tarea más”.


*    Gastón Núñez, es comunicador y educador popular boliviano.

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