noviembre 30, 2020

Derecho a un internet veloz y a un cappuccino caliente

por: Jherson Burgoa 

Jueves por la noche solo en un café y con un cigarrillo de repuesto en el bolsillo navegaba ávidamente desde mi laptop conectado a la red wifi del establecimiento. Había notado que mientras cargaba una página web, tenía que dar un buen sorbo de mi cappuccino.

Justamente por eso, recordaba que antes del 1° de abril de 2014 muchas personas ya habían dado alertas sobre la lentitud del internet en nuestro país y de los elevados precios que se tenían que pagar comparados con lo que se paga en promedio en los países vecinos.

Fue entonces que vi llegar a una simpática muchacha con su Tablet en mano, y mientras ella pedía una cerveza alemana me di cuenta que al cargar una página web, ahora tenía que dar dos sorbos a mi cappuccino mientras miraba de reojo a la recién llegada.

Así que también me puse a recordar que en la mayoría de los hogares bolivianos con acceso a la red de redes el ancho de banda era compartido por los miembros de la residencia y mientras más usuarios hay navegando al mismo tiempo, la velocidad de descarga se reduce, por lo tanto el tiempo de espera por la información requerida es mayor.

De repente escuché la melodía de la canción de la que siempre quise saber el título y el artista, así que saqué mi smarthphone y rápidamente activé la aplicación que reconoce canciones y despliega la información sobre el artista, canción y álbum, pero no pude sacarme de la ignorancia sobre dicha canción, ya que al parecer la velocidad de subida de datos era insuficiente.

Molesto fui a preguntar al administrador – a quien vi descargando aplicaciones para su celular – cuál era la velocidad del wifi que ofrecía en su establecimiento, me respondió que tenía una conexión de 256 Mbps de bajada. Haciendo un poco de matemáticas y suponiendo que los tres usuarios estaban consumiendo el servicio por igual y que la velocidad de bajada correspondía realmente a lo contratado (la velocidad de descarga suele ser entre el 85 y 100% de lo contratado), a cada uno le tocaba 85.33 Kbps de bajada, lo cual considero una aberración si se necesita navegar plácidamente.

Volví a mi mesa, y noté que al cargar la información de la página que estaba visitando, ahora podía tomar hasta tres sorbos de mi tibio cappuccino, maldecir silenciosamente el pésimo servicio de Internet que tenía el café y mirar el reloj cada 10 segundos esperando un milagro…

Era suficiente, me levante y me dirigí nuevamente donde el administrador para pedir la cuenta, y no pude resistir sugerirle que se suscriba al servicio de internet LTE que yo tengo y que es brindado por la nacionalizada Entel S.A. donde en el plan más barato la velocidad mínima de descarga es de 1 Mbps que ya es mucho mejor en comparación del servicio que tenían en ese momento y que probablemente haya estado pagando un precio similar. Entonces el administrador apuntó mi sugerencia y recibió el dinero por el frio cappuccino que aún descansaba en la mesa que había ocupado.

Fue entonces que reflexioné sobre el proceso de expansión y mejoramiento del acceso a Internet impulsado acertadamente por la actual administración y que había comenzado en ciudades del Eje Troncal, y aunque todavía algunas ciudades capitales no cuenten con este beneficio, es natural esperar que las futuras inversiones garanticen este derecho. Asimismo, es muy probable que el precio de mercado de Internet fijo muestre una tendencia a disminuir porque las empresas que compiten en la industria tratarán de mantener un precio competitivo beneficiando de esta manera a los usuarios finales.

En fin, solo quería tomar un cappuccino en un ambiente diferente al de mi casa, terminé reflexionando sobre otros temas, sí. Lastimosamente el capuccino de esta historia nunca fue terminado, como nunca terminó de cargar la última página web que quise visitar en ese establecimiento solo porque el internet era muy lento, pero eso ya es historia…


*    Es Músico, Aficionado a la estadística e Ing. Comercial.

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