diciembre 3, 2020

Campañas precoces

por: José Luis Exeni Rodríguez

Falta medio año para las próximas Elecciones Generales que se realizarán en octubre. Se supone que en los siguientes días el Tribunal Supremo Electoral emitirá la convocatoria oficial a los comicios. Y con ella vendrá el calendario electoral. Así tendremos formalmente la secuencia de actividades y plazos del proceso. Un dato relevante, dado su impacto, es el inicio del período de propaganda electoral. Según la norma, solamente treinta días antes del día de la votación se puede hacer propaganda en medios de comunicación.

“Se entiende por propaganda electoral –dice la Ley del Régimen Electoral– todo mensaje difundido con el propósito de promover organizaciones políticas y candidaturas, exponer programas de gobierno y/o solicitar el voto”. Es evidente que tanto la candidatura del Gobierno como las (pre)candidaturas de la oposición, sin asumirlo ni firmarlo, ya están haciendo propaganda electoral. No sólo en las calles, sino también en el escenario mediático. Y eso que recién podrían hacerlo desde mediados de septiembre.

Tenemos así dos cuestiones fundamentales para la calidad del proceso electoral. El primero es que las organizaciones políticas están ignorando todos los plazos establecidos en la ley para efectos de campaña y de propaganda electoral. El segundo es que resulta evidente que el Tribunal Supremo Electoral, pese a su Reglamento del 2 de enero, no tiene la suficiente fortaleza institucional ni recursos técnicos para hacer cumplir (sea a demanda, sea de oficio) la norma. Y esto puede generar ruidos en el proceso electoral.

Y es que una cosa es la agenda informativa y de opinión de los operadores mediáticos cuyos reflectores están puestos tanto en la agenda presidencial como en la edificación, también mediática, de frentes amplios de la oposición (ya van dos y medio). Y otra cosa es la difusión de propaganda electoral en los medios. Cierto que todavía nadie solicita de manera explícita el voto (sería el colmo), pero no puede negarse que se están promoviendo candidaturas/organizaciones políticas y exponiendo programas de gobierno.

Están en carrera asimismo las encuestas de intención de voto. No las del Frente Amplio y su candidato obvio, sino las que pretenden decirnos, seis meses antes, quien ganará y quiénes perderán las elecciones. Así tenemos la “sondeocracia” en acción, con algunos medios de comunicación que generan-exponen datos, perfilan preferencias electorales, anticipan resultados. Claro que aquí se replican las dos cuestiones señaladas arriba: vulneración de la norma (en este caso sobre difusión de encuestas) e impotencia institucional.

Estamos pues ante unos comicios mediáticos en forma, ya cerca del inicio formal de la carrera por el voto. El supuesto que aquí planteo a beneficio de discusión/inventario es que la prematura disputa política en los medios, tanto masivos como de naturaleza interactiva, no solo constituye un preludio/anticipo del proceso electoral, sino también puede modelarlo, darle cauce. Por ello la (no) calidad de la agenda mediática, además de revelar los patios interiores de la mediatización nuestra de cada día, trasluce la alta/baja intensidad de la democracia boliviana realmente insistente: tan cerca de las urnas, tan lejos de la demodiversidad. Todavía.

Corre cuenta progresiva…

Be the first to comment

Deja un comentario