noviembre 24, 2020

Democracia intercultural y Fuerzas Armadas

Cientos de sargentos y suboficiales de las tres fuerzas del ejército boliviano marchan con uniforme camuflado y en compañía de sus familias por las calles de las principales ciudades del país. Un Coronel comenta horrorizado que “jamás se había visto esto y es una vergüenza ante el mundo que públicamente se dé este quiebre de mando en las FFAA”. Mientras tanto, suboficiales ahora como dirigentes del movimiento, aparecen en diferentes entrevistas manifestando que además de los pedidos concretos en materia salarial y de oportunidades profesionales para su sector, el verdadero contexto de la lucha es el de efectuar un proceso de descolonización al interior de la FFAA.

En la opinión pública existen opiniones encontradas, unas con apoyo de organizaciones sociales como los ponchos rojos de Omasuyos, cuyos hijos y parientes son parte de este cuadro de mandos intermedios, también la gente de la calle, las vendedoras y vivanderas, que aplauden y apoyan a los sargentos en sus marchas por las ciudades más importantes del país.

Los generales y alto mando por su parte, en principio optaron por la estupefacción ante lo que consideraban una ruptura de la cadena de mando y por otra una afrenta histórica el tener que opinar en los medios de comunicación, en igualdad de condiciones con los dirigentes de sus subordinados. Finalmente la jerarquía militar decidió dar de baja definitiva a cerca de 715 sargentos y suboficiales de las tres fuerzas, argumentando que al ser una fuerza “no deliberante” con una estructura de mando definida, no es posible permitir la insubordinación, más aún en palabras de un coronel, “ya no será posible confiar en estos mandos intermedios, en cualquier situación de emergencia, ya que han tomado iniciativas propias al margen de sus mandos naturales”.

Todavía más en otra entrevista un general comenta que “la actual CPE establece el rol de las fuerzas armadas de la misma forma que en anteriores constituciones ya que este apartado no ha sufrido ningún cambio, pero además está plenamente vigente el reglamento general de las FFAA instituido en el año 1976, durante el gobierno militar del Gral. Banzer, que establece claramente que la estructura militar jerarquizada, tiene como propósito cuidar la institucionalidad estatal y la integralidad del territorio, y añado, la democracia para los bolivianos. La ruptura de esta condición de jerarquías y mandos pone en peligro no sólo a la institución, sino al país y a la democracia pues la tropa no es ni puede ser sindicato, son ciudadanos armados con una función definida a la que se deben someter por el país al que se deben”.

Algunas declaraciones del Ministro de Defensa señalan que las movilizaciones tienen un contenido político de relación con partidos opositores y de grupos trotskistas marginales que estuvieran alentando estas protestas. Por su parte los sublevados muestran en los medios las pruebas de la discriminación basada en una amplia diferencia salarial que existe entre oficiales y suboficiales, además de la discriminación existente en las oportunidades profesionales que tienen tanto unos como otros.

Entonces qué es lo que está ocurriendo en este conflicto, ¿será que es fruto de la maliciosa influencia política externa? ¿por qué ocurre ahora y no antes? ¿Por qué en Bolivia y no en otros países donde existen ejércitos con una estructura jerárquica muy definida similar a la boliviana? En palabras de un Tnte. Coronel “lo que pasa es que el gobierno tiene la culpa, porque les ha dicho a todos que tienen el mismo derecho, que deben tener las mismas posibilidades, sin tomar en cuenta estructuras como las FFAA donde el mando vertical es una condición de su tarea estratégica. Y nos han afectado cuando pretenden juzgarnos con la justicia ordinaria siendo que tenemos un ordenamiento reglamentario propio…”

La respuesta es concreta, se trata simplemente de democracia y de interculturalidad que está buscando ser parte de la vida cotidiana que tenemos los bolivianos/as, que nos permite cuestionar la violencia y la discriminación en todos los ámbitos donde ya tenemos leyes aunque aún la realidad las mantenga. Donde la inclusión ha inundado todos los espacios con la diversidad y la lucha contra el racismo no sólo es ley sino una lucha cotidiana. Donde la palabra ya no es un privilegio de los políticos o los letrados sino de todos, en el idioma que tienes y de la forma que eres para simplemente decir yo también quiero participar.

Este contexto general que inunda nuestra cotidianidad con sus gratificaciones y amplias contradicciones que son parte de la transformación es el proceso de construcción de la democracia con identidad propia: la democracia intercultural. En las estructuras estatales aún los cambios no han llegado a la esencia, y en mucho se encuentra inundada de inclusión de la diversidad, empero sin que la descolonización y la despatriarcalización sean parte de las transformaciones fundamentales.

De esta manera instituciones que han concentrado durante demasiados años el resguardo de la tradición jerárquica y la discriminación, apenas empiezan procesos de transformación. En las FFAA la diferencia de fundación entre la oficialidad y la tropa ha sido parte de la diferenciación social entre la blanquitud dominante y la tropa indígena originaria y campesina; no sólo por la diferenciación de recursos familiares, sino también por el apellido, los rasgos raciales, la forma de hablar, en definitiva las condiciones de la discriminación que han sido parte de nuestra historia.

Sin embargo en este proceso se han abierto vetas iniciales en los antes exclusivos institutos militares de la oficialidad, para el ingreso de cuotas de jóvenes indígenas originario campesinos que hace unos años se encuentran en la carrera militar, también lo propio ha ocurrido con el ingreso de mujeres a la carrera militar desde la oficialidad. Pero además su adscripción institucional al proceso de cambio en lo formal, logró incorporar la Whipala junto a la bandera boliviana entre los distintivos institucionales; la incorporación de la consigna “Patria o Muerte” junto al de “Subordinación y Constancia” como gritos de guerra institucionales en las FFAA.

Pero el más significativo es el acercamiento al Presidente con quien además de tener reuniones periódicas de coordinación, han concertado importantes inversiones en la logística militar y la propia estructura salarial de la jerarquía. Junto a ello se ha modificado la imagen de los militares, tan estigmatizada con el pasado dictatorial y represivo, por cuanto su relación institucional con las políticas sociales, en la entrega de los bonos a niños y ancianos, su presencia en todos los procesos de Nacionalización, están ligadas al imaginario de un nuevo nacionalismo impulsado desde el Estado Plurinacional.

Es un proceso histórico el que vivimos y al que aún le falta mucho por andar tomando en cuenta que junto a los avances también se multiplican las resistencias institucionales de la jerarquía militar, que hasta ahora supo lidiar con los procesos de transformación, sin que la misma tocara a la propia institución. Habrá que recordar que, fue esa misma jerarquía tanto militar como policial, las que presionaron en la Asamblea Constituyente para que no se moviera ni una coma del anterior contenido constitucional, y para que les permitiera conservar sus actuales atribuciones y derechos.

En fin debemos decir que el conflicto que hoy vivimos no es menor pues atañe al conjunto del país, al proceso de descolonización que vivimos, a la interpelación de las jerarquías y a la participación política de todos los actores sociales. Sin embargo hay que definir claramente que la institucionalidad estatal en general señala para su existencia una estructura de mando y jerarquías, que están presentes en todos los ámbitos y tiene el mayor referente en la propia CPE.

Existen autoridades elegidas o nombradas institucionalmente a quienes les otorgamos la representación para cumplir una labor específica en beneficio de todos los ciudadanos, esa es la figura del Estado Plurinacional, donde subrayamos el servicio como una actitud fundamental de los servidores públicos, sean estos ministros, generales o contadores públicos. Por tanto esta representación o nombramiento no debe ser un privilegio sino una oportunidad de servicio a la patria, pero además las posibilidades de acceso deben democratizarse no sólo en el ingreso a la institucionalidad, sino a las posibilidades de profesionalización, junto a una adecuada distribución salarial con mayor equidad entre los niveles. En definitiva en la disyuntiva entre el principio de autoridad y el de la democracia debe encontrarse un punto de encuentro que haga a las jerarquías más democráticas, así como a la gestión un espacio de servicio antes que de privilegio individual.

No sabemos aún cómo terminará el conflicto pero apostamos a decir que sea parte de esta construcción colectiva de la Democracia Intercultural, pues aún en el conflicto o quizás en él se pone en marcha la posibilidad de reconocernos y escucharnos para seguir construyendo un solo país del que somos todos y todas.


*    Sociólogo

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