diciembre 5, 2020

La globalización es inhumana y antidemocrática

por: Max Murillo Mendoza


Se suponía que el internet era el instrumento más avanzado, e interesante, en el proceso de globalización, que se aceleró nítidamente en los años 90. Sin embargo sabemos ahora que el internet es un instrumento monopólico y controlado totalitariamente por los Estados Unidos. Que no respetaron en nada sus propios acuerdos y reservas, de la supuesta “privacidad” del internet, más pudo sus miedos al mundo y sus terrores de no poder dormir tranquilos, porque los bárbaros están al acecho por todos lados, para invadir sus muros culturales y económicos. Se suponía también que la economía se pondría por fin al servicio de la humanidad, que debería ser compartida y democratizada, gracias a la velocidad del comercio y sus variables de intercambio por todo el mundo. Pero nada de eso sucedió ni por asomo, en estos años de inicio del milenio que sigue, el engaño y frustración de miles de millones de personas y culturas del mundo es enorme, por no decir casi absoluto. Las brechas, económicas y digitales, se han ensanchado y cada vez es más escandaloso. Nada raro que unos países sigan creciendo en el PIB hasta el infinito como Luxemburgo que tiene 78.000 dólares por habitante, o Estados Unidos con 54.000 dólares, y países como República Democrática del Congo o Liberia, tengan sólo 300 o 400 dólares por habitante. Ni qué decir en el tema digital, se ha convertido en el poder mismo, después del económico, para el monopolio de la información y las nuevas investigaciones y tecnologías actuales.

Los argumentos chabacanos de que unos países están habitados por “flojos y huelgueros”, y otros por “trabajadores y productivos”, son opiniones colonialistas y sin conocimientos de causas históricas, económicas, culturales y antropológicas. Existen también comparaciones a propósito de los exitosos países, como Corea del Sur o Singapur, que habiendo sido muy pobres hoy son ricos, con los demás países calificados incluso como “estados fallidos”. A pesar de los optimistas y agoreros del sistema, sobre todo de los gringoides tercermundistas, la realidad es que muy poco se ha avanzado realmente, en la resolución de los problemas más importantes de la humanidad. El esquema colonial trazado allá en el siglo XVI, sigue vigente. Sus estructuras se han modificado substancialmente; pero no han cambiado y perduran hasta hoy con otros argumentos y otros discursos. El sistema se ha sofisticado considerablemente; es más inhumano y cruel. No le queda ni un ápice de humanidad y piedad. Todos los días suman y suman los muertos ahogados en barcazas pobres, naufragados en las puertas de Europa clamando entrar al primer mundo, por algo de comida o trabajo. Todos los días suman los muertos o asesinados por bandas criminales, en la frontera de México y Estados Unidos, de gente que sólo quiere algo de las migajas de ese imperio, que puede darse el lujo de comprar cientos de aviones de guerra por 150 millones de dólares cada uno, pero no tener absolutamente nada para satisfacer en sus necesidades más básicas, a unos humanos hambrientos y pidiendo asilo económico. Los argumentos gringos ya no dan cabida ni mucho menos, para tanta destrucción y muerte. El sistema no tiene ningún sentido y no se justifica su existencia. Gringos cerdos de tanta comida, montados en aviones de millones de dólares, para ir a bombardear supuestos “terroristas” a lo largo del mundo, quizás sólo a hambrientos protestando contra el sistema. Pues ese sistema debería ser destruido en nombre de todas las éticas, de todas las culturas y sabidurías humanas.

La globalización sólo ha globalizado el capital, es decir dinero y negocios. A la globalización no le interesan los humanos, todavía peor: odia a los pobres y miserables. A la globalización sólo le interesan los consumistas de las élites, en nuestro caso de los colonialistas. El internet lento y para pobres, es el espejito moderno que vende ilusiones y baratijas del modelo. Además de mucho veneno y costumbres extrañas y ajenas a nuestras realidades: pandillas, violencia, drogas, alcohol, prostitución y corrupción. Recetas gringas que nos inundan gracias a la globalización. Y su música que es bulla absurda y ridícula, sin sentido alguno como la cultura gringa. En definitiva la globalización es un recetario de las costumbres gringas, frívolas y burdas que no precisamente sirven para la resolución de nuestros problemas. En concreto de nada ha servido tanta parafernalia de la globalización, sino para fortalecer a las colonias y oligarquías gringas, e inundarnos de basura consumista en nombre de la liberalización del comercio. Nuestras calles están más sucias y contaminadas. La enorme cantidad de autos usados y nuevos, sólo desordena y contamina nuestras ciudades, haciéndolas inhumanas e inhabitables porque el estrés y las enfermedades modernas son cada vez más cotidianas. Toda esa basura moderna no mejora en nada nuestra calidad de vida, absolutamente en nada. Sólo enriquece a unos cuantos oligarcas vendedores de autos, y destruye nuestras calles hasta el extremo del nerviosismo y estrés extremos. La propaganda se encarga de domesticar en la Globalización, como si se tratara de una nueva religión: “consuma y sea feliz”, es decir joda el mundo y su entorno y sea feliz. La destrucción es la felicidad moderna. Los resultados de la modernidad y la globalización son brutales, como inhumanos.

El despertar de esa pesadilla y sueño pasajero todavía tarda. Las élites tercermundistas siguen siendo nomás analfabetas funcionales y miopes, su mundillo en tan pequeño que no perciben los entornos sociales ni nacionales. Sus anacronismos y atrasos son también característicos, sólo ven los beneficios coyunturales y familiares. Ignorancias clásicas, mescladas con frivolidad y sentimientos triunfalistas burdos. El despertar de ese engaño colectivo y masivo, empieza a darse poco a poco. La crisis del sistema en el mundo gringo es ya una alerta temprana. Sólo la estupidez y la ignorancia gringa, siguen insistiendo en la destrucción total, es decir en el modelo y la globalización. Nosotros deberíamos retroceder, al menos reconducir o idealmente abandonar esos mitos de la globalización, con sus ideologías de fondo: desarrollo, progreso infinito y felicidad total gracias al consumo y la destrucción. Y los sacerdotes de ese modelo, junto a sus monaguillos tercermundistas, muestran las bondades de la globalización como si no fueran posibles otros tipos de desarrollo. Parte del lavado cerebral de la propaganda, es vender la noticia de que no es posible otra cosa. De que es imposible pensar en otras salidas. Mentiras que son parte de esa monstruosa mentalidad del sistema. La destrucción y la contaminación no eran parte de nuestras culturas, por lo que sobrevivieron por miles y miles de años, antes de la llegada de los mercaderes de occidente. Hoy, esos mercaderes venden el paquete de la globalización como telón de fondo de la continuidad del siglo XVI, que es cuando se inicia la destrucción de nuestros mundos y mentalidades. Y mientras sigan esos mercaderes de la muerte, en las oficinas de lujo de los países llamados centrales, el mundo no tendrá salida posible a su destrucción y muerte. Mientras las élites tercermundistas sigan ciega y tontamente las directrices de las élites del norte, la humanidad seguirá nomas su marcha triunfal al abismo y la destrucción. El suicidio colectivo está garantizado con los liderazgos gringos actuales, y su modelo de destrucción masiva.

Despertar, corregir y pensar de otra manera nuestra forma de vivir, y de convivir con la naturaleza. Desafíos urgentes como emergentes. La globalización fue el último intento de colonización gringa. En muchos aspectos triunfaron al imponer su moda, sobre todo en medio de las mentalidades gringoides de estos lados. Pero en la mayoría de los casos sólo trajeron la destrucción y la muerte. Porque las ilusiones y los espejitos, no sirvieron sino para deguste de unas cuantas horas. Al final, el saqueo y la expoliación de nuestras riquezas siguen siendo parte de la globalización, porque sólo globalizaron el dinero y el internet para la invasión de sus costumbres ajenas. Los humanos de la parte del sur de este mundo, no estamos globalizados y considerados humanos en el sistema mundo. Las fronteras son absolutamente impenetrables para nosotros, no para los capitales y el saqueo de nuestras riquezas. Está demás decir que destruir este sistema, injusto e inhumano, es moral y éticamente justo. No importa lo que venga después.

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