diciembre 2, 2020

Elecciones en Colombia y diálogos de paz

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) declararon, el viernes 16, un cese unilateral de las acciones armadas a partir del martes 20, en una clara señal de apuesta por la paz y para que se profundicen los diálogos en La Habana.

La declaración es altamente significativa, según ha sido leída por analistas políticos en el país sudamericano. En primer lugar porque ambas organizaciones armadas parten de la premisa, sin que lo digan explícitamente, que el futuro de los diálogos de paz dependen del resultado de las elecciones presidenciales que el 25 de mayo se llevarán a cabo en Colombia. Hay de los que quieren seguir apostando por ella y uno que apuesta por la guerra.

En segundo lugar, también sin decirlo, es que ambas organizaciones insurgentes lanzan una señal adicional al electorado, de las muchas que existen, en sentido de que de los dos principales candidatos –Juan Manuel Santos que va por la reelección y Oscar Iván Zuluaga el candidato del ex presidente Uribe-, solo uno de ellos está por los diálogos de paz. Es evidente que en Colombia el uribismo, una suerte de expresión política del paramilitarismo o de las ahora llamadas eufemísticamente Bacrim (bandas criminales), reivindica la necesidad de endurecer las posiciones contra la guerrilla, a la cual aseguró que iba a derrotar militarmente cuando estuvo en funciones de gobierno. No lo hizo, pero su apuesta sigue siendo militarista.

En las elecciones colombianas, donde los niveles de participación son muy bajos (cerca del 45%), los diálogos de paz es quizá el elemento programático de diferencia entre los principales candidatos, pues en otros puntos hay plena coincidencia en torno a seguir abriendo las puertas a la transnacionalización, en concentrar la atención en la Alianza Pacífico y en mantener una política neoliberal que está profundizando la miseria.

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