noviembre 26, 2020

Economía política del internet

Basta subscribirse a una página web de noticias para que al menos una vez a la semana nos llegue al email o a nuestro muro de Facebook una nueva nota periodística acerca de controversias que tienen como epicentro el las Nuevas Tecnologías de Información y comunicación (NTICs). Las controversias y debate a nivel mundial sobre el Internet contienen diversas aristas: privacidad, derechos de autor, democracia, libertad de expresión, vigilancia, seguridad, cyber-guerra, entre muchas otras.

Para este artículo dos cuestiones son de suma relevancia en cuanto a las NTICs: a) ¿es democrática, libre y transparente la estructura y administración de las NTICs a nivel global?; y b) ¿están las NTICs generando nuevos y diferentes espacios para el debate público y político; y por ende transformando las formas de participación en los diversos modelos de democracia que existen en el mundo?

Una vertiente de pensamiento e investigación acerca del Internet y la era digital que denominaré como optimistadeposita su confianza en los beneficios que las NTICs traen a la democracia liberal. Para esta corriente, las NTICs se perciben en su potencial para fortalecer la democracia mediante la diseminación de información de manera más completa, amplia y de fácil acceso para los ciudadanos individuales. Siguiendo el concepto de Esfera Públicaprovisto por Jürgen Habermas, las visiones optimistas sobre la era digital sostienen que la web es un espacio donde los ciudadanos individuales pueden reunirse para la deliberación y generación de consenso sobre asuntos políticos. El Internet como Esfera Pública constituiría un ambiente en que los miembros de la comunidad dan forma a la opinión pública sin la intervención de gobiernos o fuerzas económicas. Esto es, menor dependencia a voces oficiales y/o autoridades.

Desde una visión critica, la versión optimista del Internet como esfera pública peca de ingenua porque existen dos fuerzas poderosas que no dejarán de influir a la opinión pública en la web: las grandes corporaciones comerciales y los agentes políticos formales (gobiernos, partidos y políticos). Lo anterior no anula la potencialidad que el Internet tiene en la ampliación al acceso a la información política para los ciudadanos, sin embargo demanda un análisis sobre cómo las prácticas políticas de los gobiernos y corporaciones comerciales se vienen adaptando a las NTICs.

Las revelaciones de Edward Snowden sobre la vigilancia masiva del Agencia Nacional de Seguridad del gobierno de EE.UU. (NSA); los Wikileaks de Julian Assange; y las campañas de organizaciones que trabajan en favor de un Internet transparente, libre y justo —como Coalición Just Net, Chaos Computer Club, Free Press y algunas clandestinas como Anonymous, entre otras— vienen posicionando en la opinión pública mundial contemporánea la existencia de dos tendencias en el manejo del Internet que identificamos de suma importancia:

1. La existencia de un grupo reducido de corporaciones y monopolios globales que: a) proveen las infraestructuras físicas para el Internet de forma centralizada; y b) administran y almacenan los datos personales de los ciudadanos y de propiedad intelectual de manera centralizada, con propensión a la privatización y comercialización de dicha información. En esta última vertiente, la pugna global no es acerca los medios de producción, sino sobre los medios de reproducción.

2. La tendencia de algunos Estados en el uso de las NTICs para la vigilancia y control masivo a manera de panóptico. Sin embargo en ésta área hay que realizar distinciones. Es cierto que el Internet provee herramientas para la organización de alternativas políticas de la sociedad civil de manera menos costosa, rápida y no sujeta a límites geográficos Westfalianos. Ejemplo de lo anterior es Avazz.org, organización civil global que promueve el activismo en temas de derechos humanos, cambio climático, pobreza, corrupción, etc. Sin embargo, la existencia de monopolios sobre la infraestructura y los servicios online genera una centralización que, ligada a gobiernos nacionales específicos, genera concentración del poder de vigilancia y control de los flujos comunicaciones a nivel global.

Julian Assange explica que: “En América Latina, casi todas las conexiones a la Internet mundial pasan a través de cables de fibra óptica que atraviesan Estados Unidos.’ [1] Por su parter, Robert McChesney plantea que: ‘La función global actual del gobierno de EE.UU. es proteger los intereses de estos monopolios privados. (…) Esto significa que la posibilidad para los Estados nacionales en Europa, América Latina, África o Asia de revertir estas presiones, para crear su propio ámbito digital autónomo, es bastante difícil, ya que implicaría enfrentar prácticamente toda la estructura económica mundial.’ [2]

La tendencia a la concentración de la información no debe ser entendida como negativa per se. Algunos servicios esenciales de Internet, por ejemplo los buscadores —Google o Yahoo—, bajo la lógica de estas tecnologías, tienden a conectar a todos los usuarios hacia una sola fuente independiente de las fronteras nacionales. Lo anterior no es el verdadero problema, sino más bien que aquellos servicios esenciales estén bajo el control de entes que privaticen y comercialicen la información que concentran de manera deshonesta; y aún más peligroso, que sean utilizados con fines de vigilancia, dominación o ventaja de unas organizaciones sobre otras (sean estas estatales o comerciales) o sobre los individuos.

Siendo que existen servicios esenciales en el uso de Internet que tienden a la concentración; y al mismo tiempo, reconociendo la cualidad libre del Internet, donde en el ámbito económico: pequeños, medianos y grandes emprendedores deberían participar de un espacio de competencia igualitaria; y donde los actores políticos deberían poder organizarse y propagar información política de manera rápida, fácil y barata; es que el debate deberá encaminarse hacia la transformación de la Economía Política del Internet. Una propuesta sería la construcción de una Economía Política Mixta del Internet (EPMI). Lo anterior implicaría:

A) una posible socialización o administración compartida a nivel supranacional de los servicios esenciales de Internet por parte de una organización internacional que esté compuesta no solo por Estados y organizaciones comerciales y técnicas, sino también por organizaciones de la sociedad civil. Los servicios esenciales para el funcionamiento de Internet deben ser entendidos como bien público con el fin de garantizar la disponibilidad del acceso a los servicios esenciales de Internet de manera transparente, equitativa y libre de influencias económicas y políticas monopólicas o hegemónicas. Esto en el marco de un sistema de gobernanza transparente y justo.

B) Una segunda esfera de la EPMI implicaría, en el marco del derecho a la Información de todo ser humano, la existencia de un marco regulatorio que permita la libre competencia y participación libre de todo usuario de Internet. A manera de analogía, la electricidad se constituyó en elemento fundamental para la era moderna, con ella, una familia enciende los electrodomésticos, un empresario activa la maquinaria para producir sus productos y un gobierno municipal provee iluminación en las calles; la fuente es la misma, sin embargo los usos son diferentes. Del mismo modo, en la era digital, los servicios esenciales de Internet deben ser provistos de manera transparente, generalizada y equitativa, para que así, una vez alcanzada esta base, la participación y los usos que se dé a Internet por parte de los usuarios no se vean mermados en la libertad de expresión que puedan tener grupos políticos o de la sociedad civil; o iniciativas privadas que generen nuevos emprendimientos en la red.

En suma, una EPMI permitiría la libre participación y competencia por parte de los usuarios en la esfera política y económica en la web, no limitaría la libre iniciativa y se fundamentaría en una normativa internacional justa, equitativa y democrática en la toma de decisiones.


* Artículo en base a extractos de ensayo: ZAPATA, Dorian. Desafíos Comunicacionales: Construcción de Democracias Radicales en la Era de las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación. 2014.

** El autor es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nur. Cursa estudios de Máster en Comunicación Política de la Universidad de Breslavia – Polonia. Ex-editor de la Revista de Pensamiento Político Cruceño ‘Mojón21’ — Fundación Boliviana para la Democracia Multipartidaria (fBDM). Desarrolla sus actividades de investigación en el área de Comunicación Política, Estudios Culturales y Política Internacional.

1 ASSANGE, Julian. Flujos de información y poder. Publicado en América Latina en Movimiento, No. 494: ‘Internet, poder y democracia’. ALAI, América Latina en Movimiento. Abril 16, 2014.

2 McCHESNEY, Robert. (Entrevista por Sally Burch). ¿Cómo desmonopolizar Internet?. Publicado en América Latina en Movimiento, No. 494: ‘Internet, poder y democracia’. Abril 15, 2014. Robert Waterman McChesney, es PhD, Profesor en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign. Co-fundador de Free-Press, trabaja el área de historia y economía política de la comunicación, con énfasis en el rol de los medios en sociedades democráticas y capitalistas. En 2006, el escritor conservador David Horowitz incluyó a McChesney en su libro ‘Los Profesores: Los 101 académicos más peligrosos en Estados Unidos’ [The Professors: The 101 Most Dangerous Academics in America.]

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