diciembre 4, 2020

Revolución: de Francia a Haití

por: Carla María Ariñez Sanjines

Una de las primeras revoluciones que nos viene a la mente cuando tratamos de reflexionar sobre “la revolución” es la “Revolución Francesa”, así ambas con mayúscula de título, sujeto propio con identidad. Especialmente ahora, que estamos en julio, cómo no recordar la toma de la Bastilla.

Cada año París se llena de colores, luces y del baile que forman los fuegos artificiales que rodean la Torre Eiffel en conmemoración de la Revolución Francesa. Turistas de todo el mundo se aglomeran en los parques, plazas y cafés para poder observar éste espectáculo tan lleno de estilo (muy característico francés). Los destellos de la revolución quedaron en eso: fuegos y brillo… mucho brillo.

Con su tan conocido lema de liberté, egalité, fraternité (libertad, igualdad y fraternidad), la Revolución Francesa ha fundado un hito, el arquetipo de una revolución. Y es que, ¿cómo no volverse famoso con un lema así? Entendiéndolo en términos actuales, la Revolución Francesa cuenta con el marketing perfecto: presencia, imagen y lema. Cualquier persona con una ligera noción de sentido social abogaría por la libertad, la igualdad y la fraternidad, en tanto se queden en lemas y fuegos artificiales.

La Revolución Francesa también nos recuerda la importancia de la República y el respeto a la voluntad de los pueblos. Algo que está también muy lejos de la mente de algunas monarquías europeas donde prevalecen la tradición, la ambición personal, y el poder.

Pero volvamos a la liberté, egalité, fraternité. Curiosamente la Republica de Haití ha adoptado el mismo lema, y ya que vamos a hablar de revoluciones, vayamos a la Revolución de Haití, ignorada por muchos.

La revolución de Haití se dio pocos años después de la Revolución Francesa. Se trataba de la primera revolución de América Latina, aunque muchos no la conocen, no la valoran o simplemente la ignoran. No se la festeja con fuegos artificiales y tienen la mala suerte de haber intentado aplicar el lema, sobre todo el de la igualdad.

La revolución de Haití (1791-1804) consigue la abolición de la esclavitud de la colonia francesa de Saint Domingue, además de lograr proclamar la República de Haití ¡No es poca cosa aplicar el lema!

A pesar de tener el mismo lema, la Revolución de Haití no llegó a tener el eco que tuvo la Revolución Francesa. Faltó el marketing. Es más Haití no es reconocido como Estado independiente hasta muchos años después. Para añadirle ironía al asunto, los haitianos trataban de liberarse de los franceses, quienes tampoco les reconocen la revolución. Incluso se ofendieron cuando en la década de los años 30 se publicó un libro llamado “los jacobinos negros”.

Más aún veamos cómo les va a estas dos Repúblicas guiadas por esa liberté, egalité, fraternité.

Una de las formas convencionales para comparar dos países es el Índice de Desarrollo Humano o IDH. No vamos a entrar en el debate sobre si es correcto comparar los países mediante éste índice o si realmente se trata de un índice completo o no. Simplemente lo daremos por válido por ahora para poder ver las diferencias entre Francia y Haití.

Haití se encuentra en el puesto 161 en el mundo, según el Informe de Naciones Unidas de 2012, mientras que Francia está en el lugar 20. Si vemos con mayor profundidad la diferencia del valor del IDH entre ambos países, en Francia el valor es prácticamente el doble. Haití cuenta con una esperanza de vida de alrededor de 20 años menor que en Francia.

Y podríamos seguir, pues como es de esperarse la diferencia de los datos para obtener un puesto 20 y un 161 en el ranking mundial es enorme.

Cabría preguntarse, como dijo Vargas Llosa padre: ¿en qué momento se jodió el Perú? O bueno en este caso, ¿Haití? Ambos países partieron de un estado para pasar a otro. En el caso de Francia festejan la Revolución a lo tecno y en el caso de Haití, por lo menos dejaron de ser esclavos.

Pero en el caso de Haití no se puede hablar de libertad plena con pobreza extrema, analfabetismo y problemas elementales de salud pública; tampoco se puede hablar de igualdad cuando existen brechas sociales muy profundas donde la riqueza está en manos de unos cuantos y la gran mayoría vive con menos de un dólar al día. Y en el caso de Francia, no se puede hablar de revolución mientras exista Haití.

Las revoluciones han servido para grandes cambios, pero la historia nos muestra que no es suficiente y que no basta dar tan solo el primer paso… hay que marchar.

Be the first to comment

Deja un comentario