noviembre 30, 2020

Cobija, la perla del Acre

Un viaje reciente a Cobija, capital del Departamento de Pando, en la Amazonía boliviana, permitió visualizar varios aspectos que muestran la tendencia a un desarrollo integral inédito en ciudades fronterizas.

La puerta de ingreso a Cobija

La vía aérea continúa siendo la mejor opción para arribar a Cobija, costosa pero preferible ante la alternativa de semanas de viaje por vías fluviales o días por carreteras de tierra, intransitables en época de lluvias. El viajero recibe una calurosa bienvenida con 30 grados de temperatura ambiente, que golpea su humanidad, en una modesta terminal aérea, con sala atestada de una multitud abigarrada que provoca ensordecedor bullicio, en la que sufridos funcionarios de empresas y taxis aéreos, atienden en precarias mesas dotadas de balanzas y computadoras. Una gigantografía anuncia la ampliación y modernización de la terminal aérea para ponerla a la altura de un aeropuerto internacional capaz de operar de día y de noche. Fuera del aeropuerto, un enjambre de transportistas, motoqueros y taxistas, espera a los pasajeros. Para romper el hielo comenté con el casual conductor sobre la ampliación de la terminal aérea. Su respuesta fue lacónica: “si pues, un aeropuerto moderno para una ciudad con calles abandonadas”, a tiempo de tomar una moderna avenida pavimentada. “Esta no es precisamente una calle abandonada…”, le interpelé. “Si, es la única que tenemos y mal hecha todavía”. Era obvio que estaba ante una persona escéptica.

Un “Día de La Paz” diferente

El martes 15 de julio, en horas de la noche una marcha anunciaba con petardos su paso por la avenida “16 de Julio”. Era el desfile de teas en homenaje a La Paz. Hombres y mujeres luciendo finas polleras a pesar del calor, llevaban en alto la tricolor nacional, la bandera roja y verde de La Paz, y la Wiphala, seguidos de una multitud que gritaba a viva voz “Glorias” a Pedro Domingo Murillo y “Vivas” a Cobija y Bolivia. Tres bandas –del ejército, la Naval y la Policía—daban calor musical a la marcha que, despertando curiosidad en los pandinos, se dirigía a la Plaza Piñata, tomada por comerciantes que instalaron puestos de venta de deliciosos anticuchos y los infaltables sucumbés. La multitud se instaló en graderías dispuestas alrededor de una amplia tarima, donde el gobernador, la alcaldesa y el jefe policial, se dirigieron a la multitud explicando obras de infraestructura y planes de seguridad ciudadana. Era el preámbulo que dio paso a los conjuntos musicales y el grupo “Veneno”, traído por los prestes paceños.

Tradición y modernidad en la Amazonía boliviana

En el centro histórico de la ciudad, sobreviven los “altillos” propiedad de la elite de esa época –construcciones de principios de siglo hechas en madera, de dos plantas, orgullo de la modernidad liberal— al igual que las oficinas de la Gobernación (construida sobre el Palacio de la Delegación), la Unidad de Catastro de la Alcaldía (ex Casa Suárez), la Aduana (edificio de 1918) y la preciosa iglesia “Nuestra Señora del Pilar”. El paseo Junín, construido por Nicolás Suárez, se descuelga hacia la ribera del río Acre, acceso a un muelle natural, para recibir a “navíos cargados de mercaderías traídas de ultramar [que] regresaban repletos de goma elástica”, flanqueadas por vistosas “palmeras traídas de Belén de Pará por el Delegado Nacional Cnl. Adalid Tejada Fariñas y cultivadas con esmero por el señor Francisco Jukumoto”; [1] los ojos de agua, vertientes que han dotado del líquido elemento a los pobladores de Cobija de todas las épocas. Hermosos chalets le dan un aire especial a esa rua que nos transporta a los inicios del desarrollo urbanístico de Cobija. Allí, en una pequeña rotonda, se ha recreado esa historia épica con fotografías extraídas del archivo de Erick Von Boeck que relatan una historia que más parece leyenda, que nos permite comprender “aquellos tiempos de bonanza, porque la goma valía y la Perla del Acre era un pequeño París, una bellísima Londres y una ciudadela neoyorkina”. [2] Son los símbolos del pasado esplendoroso de ese bastión de la heredad nacional.

El “Puente de la Amistad” conecta a Brasilea, ciudadela estancada en el tiempo, con calles asfaltadas, plazas amplias, negocios acogedores, edificios públicos de arquitectura clásica, con puertas de vidrio templado y aire acondicionado. Pocos transitan sus calles y se los puede encontrar comiendo un entremés en los snacks donde abundan los zucos de fruta silvestre preparados con abundante azúcar que endulza el paladar más que paliar la sed. El idioma, es el elemento diferenciador pues los hermanos brasileros lo hablan rápido siendo difícil comprender lo que transmiten, pero al tiempo de hacer una transacción no hay barreras lingüísticas pues el peso boliviano es tan apreciado como el real. Desde allí numerosos vehículos se dirigen a territorio nacional.

Cobija es un hormiguero humano, donde no hay tiempo para descansar pues todos están presurosos para cumplir sus tareas. La presencia de agencias de la banca, señal de la bonanza económica, atiende a un comercio local pujante está atravesando un excelente momento. Los restaurantes –muchos de ellos administrados por brasileros—están colmados de comensales a todas horas. Los negocios están abarrotados de gente que compra, vende y oferta. La Plaza de Armas “Germán Busch” (antes Gral. Pando), incorporó un giro modernista traducido en áreas verdes muy cuidadas con hermosas palmeras y abundante vegetación, esculturas, edificios modernos de varios pisos como el del Rectorado de la Universidad Amazónica de Pando, construido sobre el predio del antiguo Banco del Estado. Otro edificio moderno e imponente es el Palacio de Justicia, en cuyo frente se construyó una plaza con murales sobre la historia de la justicia. Un tránsito fluido, como en cualquier otra capital, presta servicios con cientos de motoqueros que compiten con los cada vez más numerosos automóviles y vagonetas del servicio público y modernos vehículos particulares. Los escasos minibuses realizan sus recorridos con las puertas laterales arrancadas por sus dueños.

Identidad pandina

El noble pueblo cobijeño reconoce el aporte histórico de extranjeros, indígenas originarios, collas y cambas a su desarrollo, expresado en sus esculturas, desde Simón Bolívar (busto donado por la colonia sirio-libanesa en 1925), Nicolás Suárez (comandante de la Columna “Porvenir”), Emilio Fernández Molina (combatiente en la batalla del Río Acre), Gral. José Manuel Pando (vencedor del filibustero Plácido de Castro), Bruno Racua (incendió con flecha certera el polvorín enemigo en la “Barraca Bahía”), Maximiliano Paredes (héroe de la Batalla de Riosinho), Columna Porvenir (formada por sirigngueros), Tcnel. Enrique Cornejo (fundador de Cobija), Tgral. Germán Busch (creador del Departamento Pando) y Oscar Escalante (primer aviador militar pandino). El nuevo centro cultural, deportivo y de entretenimiento instalado sobre la Avenida 9 de febrero es la “Plaza Piñata”, bautizada así en homenaje a los trágicos sucesos de septiembre de 2008. Allí se levantó el monumento a los “Héroes de Bahía” expresados en el cruceño Nicolás Suárez, el indígena ixiameño Bruno Racua y el Gral. paceño José Manuel Pando. En su base, el escultor David Paz, ha inmortalizado el proceso histórico de Pando: “el primer bloque muestra la Amazonía exuberante y bella con su flora y fauna; […] la familia Araona la mayor etnia representativa de Pando. El segundo bloque [muestra] los explotadores del antiguo territorio de las colonias, la explotación de la goma y el transporte de bolachas a los barcos. El tercer bloque, [rememora] la batalla de la guerra del Acre”. [3] Cerca está la “Rotonda del Carretón” con sus dos yugos y el siringuero cruceño. En el imaginario social los orígenes de Pando se remontan a la época de las barracas gomeras con fuerte énfasis en la campaña del Acre y la fundación de Bahía, luego Cobija, con otro referente histórico trascendental que se da con la promulgación de la ley del 24 de septiembre de creación del Departamento Pando. El origen étnico ancestral queda en segundo plano y se visualiza esporádicamente en Bruno Racua y la nación Araona.

La construcción de la infraestructura urbana

A lo largo de las avenidas 9 de Febrero, Pando o 16 de Julio, las más extensas de la ciudad, se observan pancartas que anuncian numerosas obras en ejecución, sobre todo construcción de unidades educativas, centros de salud, refugio transitorio para mujeres víctimas de violencia, campos deportivos, sedes sociales sindicales (incluyendo el del sindicato de la prensa), asfaltado de avenidas, tendido de gas domiciliario y otras de infraestructura mayor. Las 37 unidades educativas del municipio de Cobija (25 en el área urbana y 12 en el área rural) se han remozado para atender a una población de 12.585 estudiantes atendidos por 523 docentes. Resalta el moderno Coliseo Cerrado, flamante infraestructura deportiva y cerca de ella se construye febrilmente el Estadio Olímpico que usará el Club Universitario en la competencia futbolística de la Liga Profesional del Fútbol. El imponente Campus de la Universidad Amazónica de Pando, uno de los mejores concebidos en el sistema universitario boliviano, es un orgullo para Bolivia. El mural de su frontis, hecha por David Paz, sintetiza la historia de la explotación del caucho, la batalla de Bahía, la defensa del Acre y el Puente de la Amistad, así como las cinco áreas (facultativas), que ofrece. La UAP, creada por el gobierno del Dr. Hernán Siles Zuazo, es una muestra patente de la importancia que se le presta a la educación superior en Cobija y las provincias donde atiende las necesidades de educación superior de sus habitantes. No obstante, no deja de llamar la atención que alrededor del 80% de los estudiantes proceden del Brasil.

Brasil observa con respeto el desarrollo de Pando

Cobija es una de las ciudades fronterizas que se transforma estructuralmente en los últimos años, luego de una postergación ancestral producto de la indiferencia de los gobiernos centrales –y centralistas—y por la falta de una política de desarrollo de fronteras.

“Antes era vergonzoso lo que sucedía en esta tierra” dijo el chofer que nos llevó al aeropuerto para retornar a La Paz. “Ahora están asombrados de lo que sucede en Pando. Fíjese por ejemplo, cuando la policía pedía colaboración para aprehender a un delincuente que se refugiaba en la otra banda, el carro policial se plantaba y hasta el preso tenía que empujar para que arranque, ante la burla de los policías del Brasil”. Sin embargo la situación ha cambiado notablemente, pues los modernos vehículos que emplea la policía nacional están equipados con sistemas de radio y telecomunicación, incluso más nuevos que los del país vecino. “Mire, cada día se entrega una obra en nuestro departamento, si es de no creer, ya sea el gobernador, el alcalde o el presidente, cada día se asfalta una nueva avenida o calle, se construyen escuelas, sedes sociales, canchas, centros de salud. Es impresionante”. El chofer, a tiempo de cobrar por su servicio, sentenció: “Los brasileros dicen que por fin los bolivianos están trabajando para el desarrollo de su pueblo. Eso es admirable. Ya no se burlan de nosotros, ahora nos respetan. Con tantas obras que se hacen cada día, creo que tenemos la obligación de apoyar a nuestras autoridades, porque no se han dedicado a robar sino a trabajar, ¿no es cierto?”

Pando, bastión de la bolivianidad

El vasto territorio del Acre, inexplorado en la época colonial y republicana temprana, nunca logró definir sus fronteras. La invasión pacífica de su poderoso vecino tuvo su cenit en las acciones separatistas de filibusteros que derivaron en la sacrificada Campaña del Acre entre mayo de 1899 y octubre de 1902, con un notable triunfo de las fuerzas nacionales sobre un ejército filibustero apoyado por Brasil. Cuando aquellos lograron traspasar la banda del río Acre, tomando la “Barraca Bahía”, se libró la batalla por la heredad nacional territorial, el 11 de octubre de 1902. La flecha incendiaria de Bruno Racua, el empuje de la columna Porvenir formada por siringueros al mando del empresario cruceño Nicolás Suárez y la presencia del soldado legionario colla, inmortalizan una de las páginas épicas de la defensa del Acre. Brasil desplazó 8.000 efectivos, frente a los 1000 que llegaron desde La Paz con el Gral. Pando. El explorador Percy H. Fawcet, encontró más tarde al filibusero secesionista Plácido de Castro con el grado de Cronoely Gobernador del Acre. [4]

Cobija, la perla del Acre, no es una ciudad más del país, es la que ha logrado detener el avance silencioso de nuestro poderoso vecino. Es el pueblo que supo enfrentar una invasión armada. El monumento más representativo de la defensa de la heredad nacional es aquel que se encuentra en la ciudad de Porvenir, de triste recuerdo por la masacre sangrienta de indígenas el 2008. Allí domina su plaza principal el indígena Bruno Racua, tensando su arco, calculando la trayectoria de la saeta incendiaria que buscaba volar el polvorín de la tropa enemiga que había tomado Bahía. A su flanco derecho está el empresario cruceño Nicolás Suarez, con sus mostachos europeos, vistiendo fina camisa y pantalón de patrón del caucho. A su izquierda está soldado un soldado boliviano, con su quepi, gruesa jerga altiplánica, apuntando su arma al enemigo. El indígena pandino, el empresario cruceño y el soldado boliviano paceño, simbolizan la defensa del territorio nacional, el desarrollo de su industria y comercio y la presencia del Estado.

Bolivia toda, tiene una deuda con ese pueblo heroico. Por ende, es deber de todo boliviano, conocer la Perla del Acre y rendir homenaje a esos patriotas que cada día defienden la integridad del territorio nacional, a diferencia del pasado, hoy lo hacen con suficientes recursos para garantizar su salto a la modernidad del desarrollo industrial, sin perder su identidad étnica, cultural y social.


* Magister en Historias Andinas y Amazónicas. Docente titular de la UMSA. Director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

1. Carmela Pinto Hassaen: “Añoranzas del paseo Junín”. Inédito.

2. Idem.

3. José Ignacio Paredes et al.: Álbum Mágico de Pando. Cobija, 2014.

4. Percy H. Fawcett: A través de la selva amazónica. Exploración Fawcett. Adaptación de Brian Fawcett de los manuscritos, cartas y memorias de P.H. Fawcett. Santiago de Chile, Zig-Zag, 1974.

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