noviembre 25, 2020

El día en que El Diario y Última Hora “se tragaron las guayabas”

De meter y tragar guayabas

En la jerga popular cubana se dice que cuando una persona miente, de manera intencional, con premeditación, está “metiendo guayabas”. Eso es lo que hizo el dictador Fulgencio Batista, en los últimos días de julio de 1953, tras el asalto al Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba.

Pero sepa Ud. que, aún cuando en nuestro país, las distintas publicaciones, copaban sus páginas con los más sabrosos pormenores, esos de “tras bambalinas”, de la Reforma Agraria que habría de promulgarse el 2 de agosto, los periodistas mercachifles, y otros tantos incautos, de El Diario Última Hora, no pudieron resistirse a la tentación de hacer eco a las mentiras provenientes desde La Habana. Se “tragaron las guayabas”.

Los sucesos de Santiago

El 10 de marzo de 1952, el ex teniente taquígrafo Fulgencio Batista, perpetra un contundente golpe de Estado que, con el apoyo de Estados Unidos, acaba con la institucionalidad democrática de la Isla, desatando una brutal represión en contra de sus opositores.

Para hacer frente a ese acto de injusticia y defender la legalidad de la Patria, el joven abogado Fidel Castro Ruz, con 26 años de edad, se da a la tarea de reunir, organizar y entrenar, uno a uno, a 1.200 jóvenes cubanos que se enfrentarían, a mano armada, con el Ejército del dictador.

Durante meses se entrenaron, practicando tiro en la Universidad de La Habana y en clubes burgueses de caza, en las afueras de la capital. Esto, hasta que el momento esperado llegó.

La fecha y hora decidida fue el domingo 26 de julio, a las 5:15 a.m., por lo cual, el día anterior tuvieron que recorrer, en distintos autos, los casi 1000 km. que separan La Habana de Santiago, hospedándose en hotelitos que recibían a cientos de turistas por los Carnavales de Santiago. Coartada escogida por los jóvenes insurrectos.

El Cuartel Moncada, segunda fortaleza militar del régimen, pero, única plaza que había desconocido al dictador el 10 de marzo, teóricamente, sería tomado por casi 120 jóvenes, disfrazados de batistianos, comandados por Fidel, con el fin de reducir a los soldados, tomar sus armas, entregarlas a la población y propiciar un levantamiento de masas.

Pero el azar quiso que la historia fuera distinta. Que los rigurosos planes diseñados por los asaltantes no llegaran a cumplirse. Que la irrupción en el cuartel fracasara y que Fulgencio Batista decidiera dar un baño de sangre a su país.

Las guayabas del dictador

Al enterarse de los mentados sucesos, Batista fue preciso en las órdenes a sus esbirros: “por cada soldado muerto quiero la cabeza de diez rebeldes”. Y así fue. Su policía secreta, y otra no tan secreta, censuraron la prensa y se lanzaron a la caza del grupo de Fidel.

El asalto al Cuartel Moncada duró, aproximadamente 45 minutos, y costó la vida de cinco rebeldes, entre ellos, Renato Guitart, uno de los organizadores principales del alzamiento. Pero, el 27 de julio, el coronel de ejército Alberto Río Chaviano, declaraba que diez soldados habían sido asesinados en un Hospital Militar, y un día después, las autoridades declaraban un total de 69 rebeldes muertos.

Los asaltantes del Moncada fueron apresados vivos. Salvajemente torturados y ejecutados. De los cinco que murieron en combate, en cuestión de horas, la cifra de muertos ascendió a setenta. Batista negaba que hayan estado presos y “metió las guayabas” de que, todos, sin excepción, murieron en la refriega, incluido el líder, Fidel Castro Ruz, quien era buscado intensamente por toda la región oriental.

De esta última escena, cuenta la historia que los esbirros batistianos, en el interrogatorio, entregaron a Haydée Santamaría, una de las pocas mujeres alzadas, los ojos de su hermano Abel, segundo jefe de la insurrección y ejecutado en la tortura. Ella levantó la vista, diciéndoles: “si Abel no habló, no lo haré yo. Además, Abel está más vivo que nunca ya que ‘morir por la Patria es vivir’ ”.

El Diario y Última Hora

Durante una semana, los sucesos del Moncada, y la persecución a los rebeldes, ocupó las primeras páginas de El Diario. Pero, resultó que se “tragaron las guayabas”. Primero, sostuvieron que 40 personas habían sido muertas en los enfrentamientos. Su artículo se intitulaba: “Sangrienta represión de una intentona subversiva en el Oriente de Cuba”, publicado el lunes 27 de julio.

Al día siguiente, en su artículo en portada: “Son numerosas las bajas del último complot de cubano”, haciendo eco de las declaraciones de Chaviano, daban la información de que, al menos quince soldados, convalecientes en el hospital, habían sido muertos por los “subversivos”. Remataban la noticia con la cifra oficial de los jóvenes fidelistas muertos: 31. Cifra que, al día siguiente, aumentan a 69. El jueves 30 de julio identifican al líder de la rebelión: “el doctor Fidel Castro, ex dirigente de la Federación de Estudiantes Universitarios”.

Última Hora hizo lo propio. El lunes 27 de julio, publicó en portada: “Doscientos civiles bien armados atacaron ayer un cuartel del ejército en Santiago de Cuba”. No sólo apuntaron que 48 rebeldes habían perdido su vida en la acción, sino que, además, agregaron que iban armados con granadas, ametralladoras y rifles automáticos. En realidad, el grueso de las armas eran escopetas de caza de origen belgas (calibre 22), incluidas unas cinco escopetas para cazar pajaritos que Fidel había sacado a escondidas de la casa de su padre, en Birán.

El martes 28 de julio otra noticia indicaba: “Aumentó a 56 el número de muertos en el fracasado intento revolucionario en Cuba”. Dos días después publican una supuesta declaración de Raúl Castro, soldado de fila en la acción, en la que reconoce la responsabilidad de su hermano y que, pese a haberle creído que no habría muertos, sí habían asesinado a algunas personas en el hospital. Otra “guayaba” del tirano.

Como ve, no es cosa de ahora, con esto de Ucrania y Gaza, que la prensa conservadora occidental manipula hechos y reproduce otros sin confirmar fuentes. Parece que la burguesía, desde hace décadas, sigue a pie juntillas los consejos del jerarca nazi, Joseph Goebbels: “Miente, miente que algo queda”.

Con o sin guayabas ¡en Cuba siempre es 26!

Han pasado 61 años del aquellos acontecimientos que marcan el inicio de la lucha revolucionaria en Cuba. Cinco años, cinco meses y cinco días después, el Ejército Rebelde, comandado por Fidel Castro y el Che Guevara, en conjunto con el Movimiento 26 de Julio, derrocaban al dictador Fulgencio Batista, dándole, por primera vez en su historia, la verdadera Independencia a este hermano y amistoso pueblo caribeño.

Desde La Época y su Catalejo, saludamos a esos jóvenes y heroicos moncadistas.


* larrain_javier@yahoo.com

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