noviembre 30, 2020

Nietzsche, la verdad y las redes sociales


“Bosnia no tiene calles pero tiene facebook” • Mark Zuckerberg, creador del facebook


‘Si mientes te salen caballitos negros por la frente’, me decía mi mamá cuando era pequeña y yo, ingenua, me cubría la frente cuando decía alguna ‘verdad a medias’. No fue hasta años después que entendí por qué siempre me pescaban cuando mentía, pues tenía que confesar la mentira tapándome la frente para que no se vean los caballitos.

Todos sabemos que mentir está mal. Nos lo dicen en los diez mandamientos: ‘no dirás falsos testimonios ni mentirás’. También nos dicen que las mentiras tienen patas cortas y narices largas y todo tipo de defectos.

Pero es interesante que la verdad y la mentira sea eso que nos dicen que es. Nietzsche en su texto ‘Sobre verdad y mentira en sentido extramoral’ analiza ambos usos de lo que se dice que es verdad y de lo que se dice que es mentira de manera magistral.

Partamos de la base de lo que se considera verdad. Para Nietzsche, el ser humano, rodeado de una naturaleza cambiante, comienza a agobiarse y necesita formar ciertas estructuras o parámetros estructurados para aprehender la realidad. Para ello recurre a su intelecto, su mejor forma de fingir.

A través del lenguaje y mediante su intelecto el ser humano es capaz de formar las pautas de lo que se considera como verdad en el ámbito de la vida en sociedad. Concretamente al vivir en sociedad los seres humanos llegan a pactos para determinar aquello que es considerado verdad entre todos los seres humanos. En ese momento, dice Nitzsche nacen la verdad y la mentira, pues todo aquello que no es contemplado dentro de este pacto considerado como verdad, entraría en la categoría de lo irreal o lo no verdadero.

La verdad por lo tanto sería un concepto construido arbitrariamente de quién ‘vende mejor su discurso’ o por ‘quien lo impone’. Aquel individuo con mayor habilidad, conseguirá que aquello que él o ella considera verdadero sea aquella pauta general. Nótese que el poder y el ejercicio de él está estrechamente relacionado con la determinación de esta pauta general que llamamos verdad.

Tomemos esta idea y veamos la sociedad de la información en la que vivimos.

Con todas las redes sociales que nos rodean y las formas de comunicación e información (y desinformación que es otro tipo de información) de hoy es más fácil mostrar ‘nuestra verdad’ o una verdad a medias.

Veamos por ejemplo Twitter, en 140 caracteres pregonamos nuestra verdad, o retwitteamos la de otro. Así como si nada, sin mayor explicación ni por qué. 140 caracteres son suficientes para afirmar algo y disparar en el espacio cibernético la moderna forma de aprenhender la realidad, aquella que nos da seguridad para vivir en sociedad. Y en el apuro tenemos la suerte de no tener que explicar ni sustentar lo ya disparado. Se lanza una frase en busca de que la misma se vuelva verdad, y no por correspondencia con la realidad sino porque los que lean el twiter lo crean.

Otro ejemplo Instagram, retratamos momentos, retratamos realidades, pero ni siquiera las vemos. Como ya lo señaló Zizek desde el momento en que la fotografía es digital sacamos más fotos que nunca vemos ni veremos, pero nos sentimos felices de saber que si tenemos fotos de ese momento, así nunca las veamos. Pero volviendo al tema de la verdad y la mentira, cómo podemos estar tan seguros de que lo que retratamos es ‘aquella verdad’ si realmente no la hemos observado y hemos estado más ocupadas en sacar la foto, con el filtro perfecto, ya sea blanco y negro, mate o ese poder mágico que te da el #nofilter, porque ahí sí se muestra que lo que retratas es 100% auténtico. Una vez más es 100% auténtico porque te lo dicen y porque tu lo creas.

Como último ejemplo pongo mi favorito, Facebook. Desde su nombre: libro-cara; un libro que muestra nuestra cara, la que nosotros queremos dar y por contraste la que ocultamos. En nuestro muro colgamos un sinfín de acontecimientos, fotos, artículos que nos parecen interesantes y demás para mostrar lo que somos, ‘decimos nuestra verdad’, y es el acto de decir lo que lo vuelve verdad, nunca mejor dicho porque es la voz nuestra, esperando que en algún momento nuestra vida llegue a ser así, tan cool como se muestra en el Facebook. Es decir, decimos la verdad con el fin de que la sea. Y es que queremos, añoramos, buscamos la verdad y justamente en esta desesperación es que la inventamos. Buscamos un “like” como condición de que lo que decimos es veraz.

Me pregunto si estas verdades, verdades a medias o mentiras que nos llegan del espacio cibernético son lo mismo que pensaba Nietzsche cuando afirmaba que las verdades que captamos de la realidad son sólo las que nosotros aportamos, las sumas de nuestras experiencias, tan efímeras y poco trascendentales como los 1230 millones de usuarios activos de Facebook. Pero mientras tanto como citábamos al principio, Bosnia no tiene calles, es posible que Palestina tampoco pero ¡que enter(r)ados estamos con el facebook!


* Socióloga y Master en Economía del Desarrollo del Instituto de Estudios Sociales de La Haya – Holanda.

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