noviembre 24, 2020

Las aventuras y desventuras del desconocido Alejandro Ollisco

por: Raúl Reyes y Javier Larraín

Cuentan que cuando el wing izquierdo de la selección de El Peral, con voz ronca minera, hizo su propuesta a la Asamblea, el pequeño saloncito del sindicato se estremeció con los estruendosos aplausos y vítores para con el D.T. Alejandro Ollisco, sugiriéndole–obligándole a cumplir una grata y noble misión, invitar al presidente Juan José Torres a la final del triangular de las chuquisaqueñas comunidades de El Peral, Presto y Zurima.

– Ya pués, tiene que ir ahorita a invitar al Presidente, propuso el joven goleador.

– Pero ¿por qué yo? Además, el Presidente está ocupa’o ¿no ve?, contestó el viejo Alejandro.

– No pués, si este Presidente quiere a los indios ¿no ve?, la Asamblea que vote, insistió el peralino.

– Oiga, si no hay na’a que insistir, Ollisco tiene que ir y punto, además la Prefectura pagará el viaje, sentenció un tal Rodas.

El peregrino

Alejandro Ollisco nunca supo de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén, Roma o Santiago de Compostela.

Tampoco se enteró de las desérticas caravanas musulmanas dispuestas a llegar, como fuere, a la bendita Makkah al-Mukarrama.

Con su poncho, abarcas y montera, sólo sabía de goles, redes y disponer dentro de la cancha, como ningún otro en su Chuquisaca natal, a los once jugadores que a pie juntillas habían de obedecerle y, ¡corra, corra, corra detrás de ella pués, no le crea, quítela, no le crea, vaya al suelo por la pelota pués!

Era un estratega. Y, como director técnico de la comunidad ganadora del último campeonato de fútbol de la región (1970), la Asamblea le encomendó la misión de invitar al mismísimo Presidente para la final de la competencia en curso.

El viaje

Según consta en un acta, quienes acudieron esa tarde otoñal al local sindical en que se reunió la mencionada Asamblea, decidieron de forma unánime dar una cuota para costear el transporte y alojamiento de Alejandro Ollisco, quien debía viajar cuanto antes a La Paz. Sin embargo, también quedó establecida y documentada la propuesta de un tal Rodas que, haciendo caso omiso de la decisión del colectivo, y en su calidad de dirigente de la Federación Campesina de Chuquisaca, invitó a los delegados a que se despreocuparan por los costos del viaje de Ollisco ya que la Prefectura se encargaría de ello.

En Sucre, el destacado D.T. comprobó que las promesas no siempre se cumplen. Sólo vendiendo una oveja y un carnero pudo pagar sus pasajes.

Cuentan que durmió la noche de negro toda antes de arribar a Cochabamba.

Recién llegado a la Llajta, con un pié en la pisadera de la góndola, logró divisar a un campesino que recogía del suelo un amarro con varios paquetes de billetes. Un cuento del tío. Según el timador, el amarro contenía cuatro millones de bolivianos pero, ¡por Dios mi amigo yo se lo puedo dejar en sólo quinientos pesitos, y que le vaya bien pués!

En el trayecto a Oruro, el viejo Alejandro, manos temblorosas, labios secos y ojos lagrimeando, constató que los paquetes eran puros papeles de diario picado.

De todos modos, continuó su viaje con destino a la capital.

Linda La Paz

Mil doscientos kilómetros tuvo que recorrer Ollisco antes de llegar a la sede de gobierno. Cuentan que caminó unos instantes algo desorientado. Que no pestañaba al mirar los autos, luminarias y algunos modernos edificios circundantes. Pero, que más lo impresionó la apatía manifestada hacia su persona de parte de las autoridades del Palacio.

El viejo Alejandro llevaba consigo dos presentes que los campesinos de Presto hacían llegar al General, un poncho y un pututu.

Las primeras dos semanas fue comprensivo con las vocecitas de las secretarias que cada medio día le decían,“vuelva mañana, el Presidente no puede recibirlo en este momento. Le prometo que apuntaremos su nombre en la agenda del General.”

Quienes cruzaron algunas palabras con Ollisco en la Plaza Murillo, señalan que no entendía nada de política. Que repetía una y otra vez que si el presidente Torres se decía del pueblo tenía que recibirlo y que, además, no podía dejar de viajar a ver la final del triangular. Que aún pensaba que el pacto con los militares seguía vigente y que por ese motivo bajo el brazo llevaba un arrugado papel manuscrito con tinta azul, cuyas palabras finales irónicamente decían, “debemos encontrar el común denominador que devuelva la paz a la familia boliviana.”

Se rumorea que el peregrino pasó días angustiantes en La Paz. Pero, que al implacable sentimiento de rechazo respondió con orgullo campesino, denunciando aquella afrenta en la prensa. Finalmente fue escuchado. En un popular periódico capitalino relató las peripecias de la travesía, sus aventuras y desventuras, se dejó retratar por un joven fotógrafo y categóricamente, reafirmando su indianidad, encaró a las autoridades, “yo no sé si porque soy indio no me reciben. Vivo de mi trabajo y mis compañeros me estarán esperando. Si no me van a recibir que me lo digan para que yo lo cuente a mis compañeros, pero no puedo perder el tiempo.”

El regreso

El D.T. Alejandro Ollusco no pudo entrevistarse con el presidente Juan José Torres. Tras un mes de espera se regresó a su comunidad chuquisaqueña. Desconocemos los detalles ese viaje, si en esa ocasión pudo o no conciliar el sueño. De todas maneras, queremos creer que iba acompañando su tristeza y soledad con un huayno peruano que un transeúnte paceño dice que le oyó cantar en las afueras de la Catedral.

Bajando de Machu Picchu,

perlas challay,

Me enamoré de una chola,

chiguas challay,

más linda que una vicuña,

perlas challay,

pero ella no me hizo caso,

¡palomitay!

“Eres demasiado viejo”,

perlas challay,

me dijo y huyó riendo,

chiguas challay,

y yo me quedé pensando,

perlas challay,

¡qué cosas tiene la vida, palomitay!

Mejor me vuelvo a Chile,

perlas challay,

donde me espera mi vieja,

chiguas challay,

con mis siete ratoncitos,

perlas challay,

y aquí no ha pasado nada,

¡huifayayay!


* catalejo.laepoca@gmail.com

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