noviembre 30, 2020

Tres instantes de un “pequeño gran cantor protesta”

por: Raúl Reyes y Javier Larraín

Benjo Cruz grabó dos pequeños discos que su mujer logró rescatar y publicar años después de su muerte. La sétima canción, última de la cara A, correspondía a esa arte poética de todo cantor de nuestra América que escribió el uruguayo Daniel Viglietti y Benjo hizo suya: Canción para mi América.

La guitarra americana

Quienes lo vieron entrar por primera vez en aquel bar paceño esa noche, relatan que su sólo gran porte, paso gauchesco y pelo engominado, llamaba la atención de todos los que viernes tras viernes, entre jarras de chicha y deliciosos chicharrones, en ceremonioso silencio se congregaban para oír las canciones de protesta.

Pero también cuentan que la atención se trocó en magia cuando el forastero desenfundó la guitarra y tras una breve afinación con armónicos en el doceavo espacio del diapasón ¡y sin siquiera tocar el clavijero, si usted lo hubiera visto esa noche hermanito!, guitacanturreó in crescendo, en sol mayor, los siguientes versos:

“Dale tu mano al indio,

dale que te hará bien.

Y encontrarás el camino

como ayer yo lo encontré.”

La fugaz e intensa presentación entremezcló los versos que Neruda le dedicara al intrépido guerrillero Manuel Rodríguez, una cueca de Nilo Soruco, un poema musicado de Armando Tejada Gómez y, por supuesto, la presentación del propio cantor: – Benjamín Inda Cordeiro, ‘Benjo Cruz’ para los amigos, estoy para servirles.

Peleando aprendió a cantar

Nadie nos ha dicho como fue que llegó a sus gigantes manos de guitarrero viejo el documento escrito por Inti Peredo que avisaba de la disposición de los más valerosos compañeros del Che Guevara de volver a las montañas. Lo que sí se supo de boca en boca es que al terminar la lectura de esas líneas, el Benjo dijo de manera tajante: “cambio mi guitarra por un fusil… para justificar mi canto.”

Con sesentaisiete guerrilleros bolivianos, dirigidos por el Chato Peredo, a mediados de un invernal julio de 1970 se reiniciaba la lucha por la liberación de Bolivia iniciada por el Che casi cuatro años antes. En esa ocasión el teatro de operaciones sería la zona de Teoponte, 300 kilómetros al norte de La Paz.

La lucha fue breve y la naturaleza no dio respiro a los jóvenes combatientes. Poco más de treinta días el joven cantor protesta caminó por zonas selváticas en lo que era la primera etapa de la guerrilla, la más dura, la del hambre, el calor y el frío, la que ellos mismos llaman “sobrevivencia”.

En el primer combate llamado “Chocopani”, el 28 de agosto, Benjo, cuyo nombre de guerra era Casiano, resulta herido. Pocos días después, aún convaleciente, el 6 de septiembre será asesinado.

Como siempre, los soldaditos rangers se ensañaron estúpidamente con su cadáver. No llegaron a comprender que BenjamínBenjo Casiano, recién comenzaba a nacer.

Testigo de este nuevo nacimiento fue su esposa Elvira, quien relata los sucesos posteriores al reconocimiento del cuerpo de su marido: “recién en ese momento, de gran dolor, pude entender cómo el pueblo boliviano consideraba a Benjo… porque se me acercaban mujeres y hombres para pedirme algún recuerdo del cantor guerrillero y yo, como no tenía nada para entregarles, comencé a regalarles los flecos del poncho de Benjo, que llevaba apretado entre mis brazos. Era un poncho negro, con una guarda bordada con lana roja y con flecos negros y rojos…”

Canto que sea valiente, siempre será canción nueva

En su paso por la ciudad de La Paz, antes de enmontañarse, Benjo Cruz grabó dos pequeños discos que su mujer logró rescatar y publicar años después de su muerte. La sétima canción, última de la cara A, correspondía a esa arte poética de todo cantor de nuestra América que escribió el uruguayo Daniel Viglietti y Benjo hizo suya: Canción para mi América.

Cantando aquella recorrió la Quebrada de Humahuaca, avivó los ojos tristes de unos cuantos obreros orureños, y hasta la tarareo en esos días horriblemente hermosos de Teoponte. Era su manifiesto, del cual pronto apropiarían Víctor Jara, Alí Primera y el inigualable Alfredo Zitarrosa. Se hablaba del indio, del tiempo del cobre, del mestizo, del grito y el fusil, sentenciando en sus versos finales que: “la guitarra americana, peleando aprendió a cantar.”

Nota de los autores

El seis de septiembre se han conmemorado 44 años de la caída de ese “pequeño gran cantor protesta”. Para nosotros es un honor, a través del semanario La Época, dedicar nuestra crónica semanal a la memoria del compañero Benjo Cruz.

Quisiéramos compartir con ustedes unos lindos versos de nuestro amigo. Que tengan una linda semana.

“Voy a cantar una copla

por si acaso muera yo,

porque nosotros los hombres,

hoy somos, mañana no.

Ando de poncho y guitarra,

todos se ríen de mí,

de afuera no digo nada,

de adentro tal vez que sí…”


* catalejo.laepoca@gmail.com

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