diciembre 4, 2020

De gritos e independencias

por: G.R. Keynes

Las celebraciones del 14 de septiembre en Cochabamba y la que se aproxima en Santa Cruz para el 24, entronizan la idea de una proclamación regional de la independencia de España allá por 1810.

Parece necesario sin embargo avanzar en una nueva lectura de aquellos acontecimientos. Buscando superar un posible pecado de anacronismo, en necesario en primer término colocar en su contexto histórico los polisémicos conceptos y vocablos, como patria y por extensión el de patriota, para tratar de entenderlos en sus propios términos, es decir no desde la constelación y representación que le otorga nuestro lenguaje y uso. Comprender el significado que le otorgaron en su vocabulario, sus propios protagonistas, mujeres y hombres, dos siglos atrás. Este vuelco ayudará a matizar el significado de las luchas patrióticas, de las oposiciones y la actitud de sus dirigentes que cruzaron la época bajo análisis. Tiempos porosos y de reacomodos y de generación de nuevos lenguajes políticos. No habiendo partido de una posición polar predeterminada, por ejemplo patriotas o antipatriotas o, españoles o criollos, no se sentían aferrados a dogmas o profecías. No fueron pues héroes, heroínas o traidores por anticipación o por destino. Quizá incluso calificarlos solamente por su entrega heroica, recompensada para la inmortalidad en el bronce o las calles, no sea el mejor recurso para contar y (re)conocer sus vidas,

Por otra parte, en necesario colocarlos dentro una dimensión regional superando los límites de la historiografía nacionalista, para considerar, en la medida de lo posible, las conexiones entre Cochabamba, Santa Cruz y la actual República Argentina durante la llamada “Guerra de la Independencia”. No solamente por razones geográficas, pues la región pertenecía desde 1776 al Virreinato del rio de La Plata, sino en virtud de las conexiones tejidas entre cochabambinos, cruceños y porteños entre 1810 y 1812. No debe olvidarse que las proclamas septembrinas se hicieron, a nombre del Rey de España, para adherirse y presentar “sumisión” a la Junta de Buenos Aires instalada el 25 de mayo de ese año. Ninguna formalidad, sino un relación densa y por momentos tensa y complicada, entre la cabecera política y militar del Virreinato y una región, entonces llamada Provincia de Santa Cruz de la Sierra, que concentraba un enorme potencial bélico por el número de combatientes que podía colocar en el campo de batalla y su aporte en vituallas, alimentos y armamento para el resto de alzados en el Alto Perú.


* El autor estudia historia en Escocia

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