noviembre 27, 2020

El narcisismo permanente

Seguramente por su marcada oposición al gobierno, un candidato a senador por Cochabamba, que está muy verde, tiene buena cobertura de prensa. Su errática postura ideológica comprende un inmenso abanico que va desde el POR-MASAS, hasta los encuentros con el gobernador de Santa Cruz, pasando por su admiración por el liberal Mesa.

No podemos negar que es un hombre dialéctico, pues en sí mismo es la tesis, la antítesis y la síntesis; aunque se jacta de profesar la cosmovisión andina, curiosa conversión de un “extractivista” que buscaba la dictadura del proletariado, que realizó vida política al lado de Antonio Peredo, de quién ahora dice que era “un agente cubano”, curiosa afirmación de un defensor de la revolución permanente.

Ya habíamos afirmado en un texto anterior que su estado de ánimo precisa de asistencia psicológica urgente, porque ha creado un universo político donde el centro gravitante es él, sólo él.

Todas las movilizaciones, documentos, candidatos, ideas políticas, congresos, ampliados, de los últimos 30 años han sido obra suya, claro que nunca nos dice que es el autor material de la desaparición de movimiento minero combativo, tras su humillante derrota en Kalamarca.

Y a propósito de Kalamarca, que es territorio aromeño; cuna de Julián Apaza, el verde candidato se autoproclama “fundador del MRTK-L”, ¿Qué dirán al respecto Víctor Hugo Cárdenas y Walter Reinaga?

La lectura –tardía- del proceso revolucionario del 52, le lleva a pretender actualizar a teóricos del nacionalismo revolucionario: “¡¡Lean a Montenegro y Almaraz!!” increpaba en el parlamento en sus arranques histriónicos de representación trágica-cómica del personaje obrero-intelectual creado para conseguir cámaras y titulares.

El verde candidato tiene una muletilla usada en su universo privado, habla de la complementariedad de los opuestos, así es en la “filosofía andina”, dice. Hasta donde sabemos el principio de la armonía está basado en el equilibrio, porque no existe la armonía plena que es el Suma Qamaña, ese es el horizonte civilizatorio de la cosmovisión andina.

El constante desequilibrio que el desarrollo capitalista ha ocasionado, no es cuestionado por tan singular personaje, no se trata de una simple “complementariedad de los apuestos”, sino la búsqueda del equilibrio entre ellos, para eso existe el t´inku, donde los opuestos entran en confrontación para restablecer el equilibrio.

El manejo mecánico de conceptos, que son prácticas de la vida cotidiana de los pueblos originarios es parecido al principio de la “dictadura del proletariado”, dogma que castró el potencial histórico del marxismo en nuestro país y permitió esa especie de transfiguración evangélica del verde candidato.

Ya que de evangelio hablamos, habló el verde candidato (seguramente recordando su pasantía en un Colegio de Jesuitas) diremos que los falsos profetas abundan y sólo son esos sepulcros blanqueados que no son agradables a la vista del Señor, ni de la pachamama, ni del tata inti.


* Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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