diciembre 4, 2020

Consumismo zombi

por: Katerin Brieger Valencia

Estar vivo significa estar en un constante estado de consumo, el ser humano necesita oxígeno, alimentos y agua para mantenerse, a ello se le suman otras necesidades como cobijo, ropa y se puede continuar con la lista hasta hacerla interminable. Todo ser vivo es una máquina de consumo sin embargo, y de manera paradójica, esta necesidad insaciable de consumo ha llevado a hacer un paralelismo del ser humano con el zombi de la cultura popular, aquel muerto en vida que no necesita alimento pero lo busca constantemente, aquella criatura sin vida, pero con movimiento que se comporta de manera autómata y que destruye todo lo que está a su paso con el fin inalcanzable de saciar esa necesidad.

Al intentar racionalizar el efecto del consumo se llega inevitablemente al análisis de la producción capitalista, las relaciones que dan origen al capital y la mercancía que surge de ella desarrollan la creación de necesidades con un efecto fetichista para sus consumidores, quienes se sienten totalmente atraídos a diversos productos y servicios que no sólo no son imprescindibles, a veces son totalmente inútiles y principalmente jamás van a lograr saciar el vacío que deja el consumo.

La gratificación instantánea del consumismo brida una breve y efímera sensación de sosiego que empodera momentáneamente a la gente, pero que luego la reduce a la insignificancia de saber que muchas cosas son inalcanzables aunque altamente deseables.

Distintos análisis sobre los zombis tienden a identificar a los mismos con esclavos a quienes se les elimina toda la opción de desarrollar conciencia, se les oprime para que sólo sirvan un propósito y se les reduce a creadores y compradores de mercancía, su vida gira entorno a conseguir los recursos para satisfacer su sed de productos y ésta nunca se alivia pues siempre aparece algo más, un modelo nuevo, un producto de novedad, una promesa vacía, en el caso de los zombis carne humana que conseguir.

Otra de las características de los zombis de la cultura popular es que no necesitan alimentarse porque no están vivos y no procesan la energía que les da el alimento, lo que los lleva a desechar todo lo que comen sin siquiera digerirlo. El paralelismo en este sentido puede ser llevado al ámbito dogmático, la religión, la ideología e incluso el ámbito académico puede absorber un gran volumen de conceptos y extractos teóricos pero sin ser usados de manera racional, no se razona al respecto.

En el ámbito académico y científico el efecto consumista también contagia a quienes lo protagonizan pues los temas de investigación se vuelven una moda de consumo, son mercancías que en muchos casos responden a los resultados que busca quienes los financian, incluso se han utilizado los laboratorios y ámbitos académicos para validar acciones consumistas agregándole una nueva excusa a este comportamiento.

La clase históricamente dominante utiliza todos los medios económicos, políticos, ideológicos y religiosos para mantener a la gente en este estado sin conciencia de lo que sucede a su alrededor, para mantenerla distraída y oprimida en sus creencias para que no vaya en contra de este sistema que lo mantiene en este estado zombi.

Dentro de este análisis, todos somos zombis que sobrevivimos del consumo y el ansia de buscar la siguiente víctima, de cazar el nuevo producto y de perseguir la novedad.

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