diciembre 2, 2020

“No puedo respirar”

por: Carla María Ariñez Sanjinés

La autora del artículo sobre la base del asesinato de un ciudadano negro en los Estados Unidos que ha dado lugar a movilizaciones en todas las ciudades de ese país en rechazo al fallo del Gran Jurado, que liberó de culpa al policía, se pregunta ¿qué determina que hayan ciudadanos de primera y segunda?

“No puedo respirar” fueron las últimas palabras del ciudadano Eric Garner –negro de 43 años -mientras el oficial de policía blanco joven de 29 años –Daniel Pantaleo- lo estrangulaba por el simple delito de estar vendiendo cigarrillos en la calle de forma ilegal. El hecho fue capturado en video y ha recorrido el mundo entero. La prueba del abuso está sirviendo para que miles de personas en los Estados Unidos protesten por el dictamen del Gran Jurado que exonera al oficial. Otro caso similar es el de Fergunson donde también un oficial de policía blanco de 28 años mata a tiros a un adolescente de color y es exonerado. 

En ambos casos las protestas crecen en las redes sociales y salen a la calle. Un clamor de justicia se escucha en las voces que recorren las principales arterias de la ciudad de Nueva York la noche del miércoles 3 de diciembre. Más arrestos, más violencia y uno se pregunta ¿quién tiene la razón? El policía que tiene el poder y la pistola para “proteger al ciudadano” o el ciudadano común que sin pistola tiene derechos que son violados por la “autoridad”. 

El tema de ciudadanía es complicado en estos dos casos. El oficial de policía es un ciudadano con mayores privilegios que le otorga su cargo y por ello puede ser exonerado de un crimen porque lo ampara el cumplimiento del deber que es el “velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad de los ciudadanos, a las órdenes de las autoridades políticas” (como lo describe la RAE). Quizás exagerando un poco podemos decir que el ciudadano negro y delincuente (porque OJO estaba vendiendo cigarrillos de forma ilegal… ¡¿Cómo se atreve?!) llega a ser “menos ciudadano”. O pongámoslo de otra manera, pierde sus derechos como ciudadano el momento en que un ciudadano con más poder se enfrenta a él. 

Ahora bien, ¿qué es lo que determina que uno de ellos sea un ciudadano “de primera” y el otro un ciudadano “de segunda”? ¿Es exclusivamente el hecho que uno es policía y el otro un ciudadano de a pie? Pensemos en el ejemplo inverso, ¿si el policía hubiera sido negro y el delincuente blanco, también habría sido exonerado? Es complicado ponerse en las posiciones del hubiera, pero personalmente creo que la respuesta es no. 

Pensemos en esto un momento. Max Weber hablaba de un racismo constitutivo como rasgo fundamental para la modernidad capitalista. Weber afirmaba que la humanidad moderna precisa de un grado de blanquitud de orden ético o civilizatorio. Pensemos en la idea de un tipo específico de humano, con ciertas características y cierto modo de ser que es necesario para satisfacer el espíritu del capitalismo. 

Ahora bien estas características deben ser visibles, deben poder apreciarse por todos, esta identidad se debe mostrar. Esta identidad se la entiende como la blanquitud que requiere la nacionalidad moderna. Todo aquello que no cumple con estos rasgos de blanquitud será considerado pre, anti o no moderno (incluso no humano). La gente de color entraría en esa categoría. 

Ahora bien, no pensemos que hace falta hacer la gran Michael Jackson, y como si se tratara de una camiseta percudida, nos echamos lavandina y todo el mundo blanco. Aunque cabe decir que en Tailandia todos los productos de higiene tienen blanqueador, desde el jabón hasta las cremas hidratantes, pero bueno esa es otra historia. 

La idea de blanquitud no viene exclusivamente por una cuestión racial. No viene sólo con la blancura de raza sino como una interiorización del ethos histórico capitalista. Por lo tanto se puede hablar de un cierto grado de racismo tolerante que permite rasgos culturales y raciales diferentes. Veamos por ejemplo al Presidente de Gringolandia, el primer Presidente ‘negro’. Sin embargo él también ha adoptado este ethos histórico capitalista y adquirido la blanquitud necesaria. 

Bolívar Echeverría asocia la idea de blanquitud con una santidad evidente, con una apariencia limpia y ordenada. Y es que si volvemos al caso de Eric Garner, él no entra dentro de esta idea por lo tanto pierde esa santidad tan asociada con la blanquitud. Automáticamente se piensa en el “algo habrá hecho” y aunque su video recorra el mundo entero, el policía blanquito, ciudadano de primera, se libra una vez más. Las protestas se extienden a Boston, Chicago, Pittsburgh, Washington, Nueva York y es que creo que ya nadie puede respirar ante tales injusticias, pero la cosa sigue igual.

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