noviembre 24, 2020

Carnaval qchala

por: G.R. Keynes

A mediados de febrero de 1781, mientras españoles, criollos y mestizos cochabambinos, se aprestaba a celebrar el carnaval, otras voces estaban próximas a ser oídas. Historiadores, antropólogos y sociólogos, han subrayado la particular importancia gestual y simbólica del carnaval, fiesta que está asociada a la inversión de las pautas tradicionales de poder, preponderancia y dominio. Mientras dura, las normas cotidianas de conducta se diluyen y pareciera que casi todo está permitido. Las relaciones de poder se invierten y hombres y mujeres intentan materializar, por algunos días e incluso mas allá, sus sueños de redención más recónditos.

Los orígenes del carnaval se pierden en la prehistoria. En las sociedades andinas, que reciben la fiesta proveniente de la España cristiana, la tamizan a la luz de su experiencia pre conquista, vinculándola al rito de la fertilidad (coincide en los valles cochabambinos con la cosecha de maíz), la renovación del mundo, la libertad de poderes sobrenaturales y el tiempo de la lucha entre el bien y el mal. No parece por consiguiente casual que en 1781 los indígenas cochabambinos escogieran precisamente el carnaval para rebelarse. El 22 de febrero, los indígenas de Arque, limítrofe con Arque, apresaron al español Bernabé Antonio Baldivia lo obligaron a que ande con ellos, a que comiese coca y que gritase ¡Viva Tupamaru!. Lo hizo, pero igual lo mataron. Otro episodio fue el de las mujeres criollas encerradas en el convento de Tapacarí, fueron vestidas como indígenas y debieron masticar coca.

¿Qué demandaban los rebeldes en 1781? Isidro Orosco, kuraca indígena de cuarenta años, natural de los radicales ayllus de Tapacarí, proporcionó una pista segura. Al ser aprendido por los españoles declaró con vehemencia que se consideraba un “soldado” de Tupa Amaru y que su rey era el mismo Tupa Amaru, el rebelde del Cuzco. No ocultó tampoco su propósito utópico de revertir las relaciones de dominación que lo sujetaban. En el mundo que presagiaba y por el que estaba a punto de morir, soñaba que: ”Los españoles y los cholos y demás gente menuda le habían de servir (…) y que tales españoles habían de estar al dominio y sujeción de los indios”. Otros insurrectos señalaron explícitamente que su objetivo final era exterminar a todos los españoles y los cholos-mestizos. La fiesta carnavalera servía pues para augurar el tiempo de un verdadero Pachacuti, de una inversión cósmica al antiguo orden de las cosas construido por los colonizadores españoles, consistente en el retorno del inca –rey (Inkarri).


* El autor ausculta la historia

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