diciembre 3, 2020

El Estado Islámico y su choque frontal contra Occidente

por: Vidal Amadeo Laime Humérez

El denominado Estado Islámico está conmocionando al mundo debido al método de lucha que está adoptando en contra de aquellos que considera sus enemigos más acérrimos: Estados Unidos y la cultura occidental. La decapitación de un periodista japonés y el hecho de haber quemado vivo a un piloto jordano ha desatado un fuerte rechazo de parte de la comunidad internacional. Pero, ¿cuál es la causa para que este grupo islámico recurra a éste tipo de prácticas que horrorizan y despiertan un sentimiento de animadversión colectiva, cuya condena va adquiriendo más y más apoyo?

Quizá una de las explicaciones que nos acercan a una compresión del contexto, sea a través del choque de civilizaciones del cual nos hablaba Samuel Huntington. Él considera que el mundo de la posguerra guerra fría ha dado paso a un mundo multipolarizado y multicivilizatorio. Entre las siete civilizaciones que Huntington identifica está la civilización islámica, misma que de acuerdo a sus concepciones religiosas, culturales y políticas se mueven en una diversidad no cohesionada, es decir, existe una gran variedad de grupos, distintos entre sí, dispersos por Medio Oriente, África y Asia.

Sin embargo, y siempre dentro del marco del pensamiento de Huntington, esta distinción no debe ser confundida con la imagen que tienen los musulmanes sobre la civilización occidental, a cual catalogan de decadente e inmoral. Además, el autor señala la paradoja de que ellos (los musulmanes) consideran que el Islam es una civilización diferente, cuya gente está convencida de la superioridad de su cultura, rechazando a Occidente pero no la modernidad, y apoyándose en las enseñanzas del Corán, definiéndose a partir de una identidad fuertemente arraigada en principios religiosos y culturales.

Ante esta postura, EE.UU., considera que los pueblos no occidentales deben comprometerse con los valores que ellos pregonan, tales como: Democracia, Gobierno Limitado, Individualismo, Libre Mercado, Derechos Humanos, Imperio de la ley, etc. No adoptar estos valores profesados para EE.UU., conlleva a tener que padecer una serie de sanciones que son dictados vehementemente en la ONU (Organización de Naciones Unidas) y en otros escenarios. Obviamente esta situación despierta recelo y furia pues, el mundo islámico si bien no está cohesionado, advierte que no es posible ceder ante una potencia en decadencia que no ha dudado en intervenir e invadir territorios musulmanes (Guerra del Golfo 1990–1991).

Pero esta contraposición de principios y valores, ¿es la causa del conflicto que se vive en los territorios de Irak–Siria? Si y no. Pues se pasa por alto que la creación de ISIS (ahora Estado Islámico) surgió como respuesta ante la invasión de EE.UU. en Irak, (2003). En ese entonces, bajo el argumento de que Sadam Husein tenía en su poder armas de destrucción masiva, Irak tuvo que sufrir la invasión del Ejército de EE.UU. (aquella justificación se desmoronó cuando no se halló ningún vestigio o evidencia de aquel potencial bélico).

Ya para 2011, cuando EE.UU. decide retirarse de Irak, está como Primer Ministro de aquel país el chiíta, Naru Al–Maliki, encargado de desplazar del control político a todos los sunitas (Suna, significa “tradición”, son los seguidores de los primeros califas sucesores de Mahoma, califas ortodoxos).

Estando en el poder los Chiítas (Chiítas significa “la fracción” son los seguidores del yerno de Mahoma Alí Ben Talib, califa ortodoxo), estos sucesos ocurrieron en un país donde el 85% son musulmanes y el 15% urdos. Del 85% musulmán 55% es Chiita y el 45% es Sunita.

ISIS (ahora el Estado Islámico, cuyo líder es Abu Bakar al Baghdadi) es Sunita, por ende, la segregación y exclusión de los sunitas despertó su indignación y desencadenó el desconocimiento del ahora depuesto Al–Maliki. Así, ISIS comenzó sus operaciones subversivas en Irak y luego, exitosamente, se expandió a Siria.

Esta expansión territorial trata de consolidar un Estado Musulmán regido por la Sharia, ley islámica que incluye disposiciones como: 1) Cortar las manos a quien cometa un robo; 2) Realizar a tiempo cinco oraciones diarias; 3) Portar armas y banderas que no sean del ISIS es ilegal; 4) Todos los santuarios y tumbas deben ser destrozados porque son considerados politeístas; 5) El alcohol, el tabaco y las drogas están prohibidos; 6) Las mujeres deben vestir modestamente.

Simultáneamente, la vecina Siria, cuyo presidente es Bashar Al Asad, enfrenta una guerra civil desde hace tres años, que intenta derrocarlo del poder. En aquel entonces EE.UU., advirtió al régimen sirio, indicando que si no desmantelaba sus supuestas armas químicas sufriría el acecho y las sanciones de EE.UU.

Ahora, Bashar Al Asad tiene que enfrentar tanto al Estado Islámico, que es una enorme amenaza, y también a grupos de oposición que recriminan su régimen y son apoyados y financiados económicamente y armamentísticamente por EE.UU.

En ese contexto, se puede resumir que: ISIS nació en respuesta de la invasión de EE.UU a Irak en 2003; su motivación se vio impulsada por la exclusión política de Al–Maliki en el gobierno; aprovechó la guerra civil en Siria y la debilidad del ejército en Irak; e instauró un régimen gobernado por la Sharia en los territorios ocupados.

Sin embargo, todos estos elementos si bien explican la exitosa evolución del grupo yihadista, no explican el, ¿por qué se utiliza ese tipo de violencia extrema? Es necesario aclarar que el Islam, como tal, es una comunidad religiosa y política que no necesariamente se fundamenta en el uso de la violencia.

De todo esto, podemos derivar dos conclusiones: en primer lugar, que ISIS es un grupo radical, sin un norte estratégico claro, emocional, fanático y extremadamente violento.

En segundo lugar, que este fundamentalismo es desastroso y contraproducente. No existe comprensión por parte de ISIS de que las acciones que viene desarrollando pronto lo cercaran, pues la presión internacional de países como, Irán, Arabia Saudí, Yemen, Jordania, EE.UU., Japón, Rusia, Israel, etc., han adelantado criterios en función de contener el avance y las pretensiones del Estado Islámico. Tiene a todo el mundo en su contra.

Económicamente se estima que este movimiento cuenta con 2.000 millones de dólares y la cifra crece cuando nuevos territorios son ocupados (la venta de petróleo a países como Turquía incrementa su poder económico). Así también se estima que este grupo ya cuenta en sus filas con 20.000 efectivos. ¿Tal contingente será suficiente para contener la fuerza multinacional que se avecina? Tristemente para el grupo yihadista, la respuesta es no.

Al estar cercado, y al no contar con el respaldo de países vecinos, ni de otras “civilizaciones” no occidentales, las acciones que llegue a encauzar el Estado Islámico sólo conseguirán aumentar la presencia de la potencia militar de EE.UU., ya inmensamente asentada en Medio Oriente.

El método de lucha escogido es incorrecto y las consecuencias serán severas, pues, este choque desatará un nuevo conflicto bélico y establecerá un vencedor y un vencido. En tal pugna, si bien, no desaparecerá la civilización musulmana, se la contendrá.

Lo más dramático de esto es que la presencia de EE.UU., y su rol protagónico, hace que los países musulmanes y árabes, consiguientemente, dependan de la seguridad que les brindan aquellos.

En suma, los esfuerzos del Estado Islámico generarán cruentas contiendas, pero no desaparecerá la civilización musulmana, pues no todos adoptan como método de lucha violenta que caracteriza a este grupo. Por otro lado, paradójicamente, los principios y valores que profesa Occidente quedarán intactos.


* Estudiante de la carrera de Ciencia Política en la UMSA.

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