noviembre 25, 2020

Ruperto Fernández y la cuestión marítima boliviana

Cierta bibliografía interesada afirma que Bolivia nunca tuvo un acceso libre y soberano al Pacífico, que ese rico territorio estaba abandonado y que el 80% de la población era chilena. Esas falacias se convirtieron en verdades a medias. La historia es distinta.

El primer mapa de Charcas

Charcas tuvo acceso libre, soberano e independiente al Pacífico, desde sus orígenes. El primer mapa oficial de la Audiencia de Charcas, levantado por Juan López de Velasco, [1] como parte del Mapa de la División de las Indias,[2] describe el inmenso territorio. En el norte, el Puerto de Yca marca la frontera con la Audiencia de los Reyes y al extremo sur, Copiapó, con la Capitanía de Chile. En el territorio interior, se observa la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, en occidente aparece Potosí con su portentoso Cerro Rico, la ciudad de La Plata sede del Arzobispado; Paria y La Paz. El cosmógrafo levantó la delineación precisa de la costa del extenso litoral en el que observa los detalles del Puerto de Mejillones, la Punta de Tarapacá y la ciudad de Arica.

Situación de Cobija en la República

En 1825 el Libertador designó a Cobija “puerto mayor de Bolivia sobre el Océano Pacífico”, con el nombre de La Mar. [3] Entre 1833 y 1834 se suscribió el primer Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con Chile. En 1866 se firmó el primer Tratado de Límites con Chile y en 1874 el segundo, que obligaba a habilitar Mejillones y Antofagasta como puertos mayores, en detrimento de Cobija. Ese mismo año por Ley de 25 de noviembre, se autorizó al Gobierno fortalecer el presupuesto del departamento Litoral.

En esa época existían 450 postas para el transporte terrestre que atendían itinerarios a todo el territorio de la República, incluyendo Cobija, con conexiones a Tacna (Perú), Mato Grosso y Pará (Brasil) y Jujuy (Argentina). El correo se cubría con 81 estafetas o postas en Sucre, La Paz, Potosí, Cochabamba, Oruro, Santa Cruz y Cobija, con servicios diarios a Tacna, Arequipa y Arica; y muy fluido a la Argentina. La comunicación con Europa se lo hacía con los buques “Pavón” (Argentina), “Espigador” y “Esmeralda”, que zarpaban de Valparaíso, atracando en Mejillones, Tocopilla y Cobija, rumbo a Panamá y ultramar, hacia puertos de Inglaterra (Southampton, Liverpool, Londres), Alemania (Hamburgo, Havre, Bremen) y España (Cádiz y Santander). El pasaje de Cobija a Southampton era de 493 pesos en primera clase y 420 en proa, más un costo adicional del transporte en ferrocarril en Panamá. El retorno era más económico, 113 pesos en primera y 100 sin dormitorio. Por esa vía se exportaba barras y sacos de cobre, estaño y plata; cascarilla y mercadería en general (alpaca, algodón, aprensados en balas). [4]

La población del Departamento Litoral, incluyendo Cobija (Tocopilla), Mejillones (Antofagasta), Caracoles, Calama, Atacama y Puna de Atacama, hacia 1875, bordeaba los 21.700 habitantes, de los cuales 9.000 eran chilenos. La situación era distinta en los seis cantones del municipio de Antofagasta, donde existían 8.508 habitantes, de los cuales 6.554 eran chilenos, 1.226 bolivianos y 725 de 17 nacionalidades distintas. Cobija tenía 2.500 habitantes, la misma cantidad de Trinidad (Beni) de esa época. [5]

Un Delegado en Antofagasta

Ruperto Fernández [6], cuestionado político de origen argentino, fue designado por Agustín Morales, lo designó Delegado en el Litoral (1871). Entre el 21 de marzo y el 25 de mayo recorrió las ciudades de Calama y Caracoles, los minerales de Caracoles, los puertos (Tocopilla: 400 habitantes, fuera de Punta Blanca y Duendes; Mejillones: Puerto Principal, con 400 habitantes, alcalde parroquial, dos agentes municipales, una escuela particular de niños; Antofagasta: “condiciones de la bahía malas”), las salitreras (“El Carmen”: 200 trabajadores) y las Huaneras de Mejillones del contratista William Daw.

Calama, “pueblo importante, que servía al comercio con su numerosa arriería, atendiendo el tráfico en el mineral”, con 700 habitantes; situado a la orilla de un río, rodeado de ciénaga abundante en pasto, capaz de alimentar gran cantidad de animales. Contaba con oficina de correos a cargo del corregidor, un alcalde parroquial y un agente municipal; la iglesia se encontraba en mal estado y no existía escuela para niñas. Al norte estaba la antigua mina de cobre de Coneche, paralizada y la de plata de Montecristo; existían mantos de carbón de piedra.

Caracoles, a 100 kms. al Sud de Calama, contaba con Intendencia de Policía (un jefe Intendente, dos comisarios, un Comandante y ocho soldados), un corregidor auxiliar de la Subprefectura (a cargo de trámites mineros y de la oficina de correos), un empleado, vista de la Aduana de Cobija para la exportación de metales. No había Alcalde Parroquial y Agente Municipal “por falta de personas del país que reúnan los requisitos que las leyes exigen”, lo que le llevó a sugerir se “permita que sean llamados los individuos de otras nacionalidades que tengan cuando menos un año de residencia en el Departamento”. Existían más de 600 vetas registradas, de las cuales 150 en trabajo (30 con metales de buena ley en cancha o en circa). Su población pasaba de mil habitantes, de los cuales más de 800 eran trabajadores, administradores, mayordomos y empleados auxiliares, y 200 dedicados al comercio. “La escasez de agua impedía la explotación en gran escala”.

Durante su gestión soportó fuerte presión del cónsul chileno Enrique Villegas, que merced a sus informes “se levantó en la prensa de Chile, una grita infundada acerca del Decreto de 20 de marzo” que prohibía habilitar el puerto de Chimba, [7] pero logró imponer la autoridad del gobierno boliviano.

Aprobó medidas administrativas (provisión de agua, terrenos, licencias para importación y exportación, asuntos contencioso-administrativos), prohibió la internación de mercaderías “por la caleta de Chimba que no estaba habilitada en forma legal”, pero se vio forzado a conceder “una prórroga de 40 días para facilitar internación de mercaderías, herramientas, carros y otros útiles del laboreo de minas, con todas las franquicias conciliables con nuestras leyes de Aduana y que si hay exceso es en valor de ellos”. Tuvo que conceder “permiso especial a varios mineros para transportar los metales de sus minas del Sud de Caracoles al Puerto de Antofagasta”. Afirma: “marcha todo en buen orden; que hay entre todos sus habitantes el respeto debido a las autoridades”, pero hacía falta “constituir un Juez privativo de minas en primera instancia”, y “un notario para otorgar toda clase de instrumentos públicos en el mismo mineral”, sugiriendo que “ambos destinos deben ser muy bien dotados, por que hay que prever con desahogo sus gastos de subsistencia para mantener la independencia y la dignidad del puesto”.

Ruperto Fernández es un nombre que la historiografía chilena quiso sepultar. Vicuña Mackenna al referirse a su gestión en el Litoral afirma que “no había transcurrido largo tiempo desde que implantara en Antofagasta su autoridad y su maña como prefecto del departamento del Litoral o de Cobija, cuando comenzaron a surgir los primeros síntomas de la lucha, entre las masas chilenas y los soldados de Bolivia, raquítica guardia pretoriana del prefecto”, quienes habían ultimado al minero “Clemente Andrade, natural de Coquimbo, donde el infeliz tenía mujer y tres pequeños hijos”. Es un “hombre enérgico, pero avieso y solapado”, sostiene.

Merced a su experiencia y su profundo conocimiento fue designado Prefecto del Departamento Litoral en 1872. El 29 de julio de 1875, el Presidente Tomas Frías, nombró una comisión compuesta por Ruperto Fernández, Ladislao Cabrera y Félix Avelino Aramayo, para la elaboración de un Reglamento General de Aduanas, “que garantice los derechos del Estado, señale las reformas en la contabilidad y atienda los intereses del comercio”.

En el ínterin, Chile se preparaba para el golpe artero. La fecha: 14 de febrero de 1879. El objetivo: Antofagasta.


* Historiador. Docente titular de la Carrera de Historia (UMSA). Director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

1 Trabajó en el Consejo de Indias (1565), Cosmógrafo Cronista (1571), bajo la dirección de Juan de Ovando y Godoy. Cosmógrafo del Rey, durante el reinado de Felipe II (1572).

2 Mapas Españoles de América, siglos XV-XVII, Madrid, 1951.

3 En honor al Mariscal José de La Mar, comandante de la Tercera División del Ejército Libertador en la Batalla de Ayacucho.

4 Ernesto O. Rück: Guía general de Bolivia, Sucre, Imprenta Boliviana, 1875.

5 Ibidem.

6 Nació en Salta, Argentina, en 1822 y murió en Valparaíso, Chile, en 1878. Estudió derecho en la Universidad de San Francisco Xavier (1844), fue Diputado (1848), Ministro de Gobierno, Culto y Justicia (1857), Ministro Plenipotenciario en el Perú y Ministro de Guerra. Derrocó a Linares y conformó el Triunvirato con José María Achá y Manuel Antonio Sánchez (1861). Fue Ministro del Interior. Se le acusa de ser el autor intelectual de las “Matanzas de Yañez” (1861). Intentó golpear a Achá, siendo derrotado en Potosí, desde donde marchó al exilio en la Argentina. Retornó al país en el gobierno de Agustín Morales.

7 Chile usó desde época muy temprana la estrategia de designar a poblaciones bolivianas con nombres chilenos, como La Chimba para referirse a Antofagasta.

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