noviembre 28, 2020

Sobre lo que preferimos y no preferimos, – leyendo a Herman Melville –

por: Carla María Ariñez Sanjinés

Al terminar de leer la obra de Herman Melville, “Bartleby, el escribiente”, la mente se llena de diversas ideas, conceptos y análisis que se pueden extraer de la misma.

Pensemos por un momento en el personaje principal, Bartleby. ¿Qué sabemos realmente de él? Muy poco la verdad, lo cual ya resulta diferente, pues se trata del personaje principal y usualmente conocemos hasta los detalles más pequeños de los protagonistas. Sabemos que lo contratan en una firma de abogados de Wall Street como escribiente, copista y al final se habla de un rumor que antes trabajaba en la oficina de cartas muertas y que esa es la causa para su modo de actuar poco habitual. Esa es toda la información que tenemos de Bartleby, además de conocer su aspecto físico.

¿Cómo es posible que a pesar de conocer tan poco sobre el protagonista, lleguemos a sentir cierto cariño por él y el leer su muerte nos genere tristeza? Bartleby ante los ojos del mundo es un personaje curioso, ya que pasado cierto tiempo decide dejar sus labores de oficina y prefiere no hacer las cosas. En la mayor parte de las ocasiones que utiliza esta frase la deja amplia “preferiría no hacerlo” (I would prefer not to, en inglés). Lo que da la idea que el no hacerlo, podría referirse a cualquier cosa. Sin embargo, hay ciertas ocasiones donde especifica qué es lo que prefiere no hacer, cerrando la frase en inglés (I would prefer not to eat). Si analizamos la forma del lenguaje en inglés vemos cómo incluso gramaticalmente es una forma poco habitual y que a pesar de estar correcta resulta algo chocante el dejar la frase abierta.

Esta idea del preferir no hacer ciertas cosas es lo que le da forma a Bartleby. El personaje se convierte en todo aquello que prefiere no hacer. Esto queda claro el momento en que le imponen hacer algo que prefería no hacer (llevarlo a la cárcel) y opta por preferir no comer y así acabar con su sufrimiento por la imposición.

Las personas que interactúan con él sienten que ese comportamiento de preferir no hacer esto o lo otro es realmente exasperante, pues no se trata de la negativa directa sino de manifestar su deseo. Sin embargo, al plantearlo así Bartleby, hasta cierto punto, está imponiendo ese deseo. El abogado que narra la historia también se siente exasperado por este comportamiento y sufre ciertos ataques de ira donde lo confronta, pero a la vez este modo de actuar de Bartleby le genera un deseo de averiguar qué hay más allá y además de adquirir empatía hacia esa persona tan poco común.

Al lector le ocurre algo similar. Cada vez que lee uno de los “preferiría no hacerlo” de Bartleby esboza una sonrisa y le intriga leer las reacciones ante tal conducta. Al final se decide que Bartleby es un vago y se lo lleva a la cárcel. La gente no aguanta más su comportamiento o lo consideran anormal, por lo tanto debe ser encerrado, llevado a un sitio donde no moleste a nadie o donde la gente pueda olvidarlo. ¡Qué divertido! Lo encierran por aquello que prefiere no hacer, pero pensemos un poco más a fondo. ¿No es Bartleby el único que es normal? ¿No es él quien es consecuente con aquello que prefiere o no y actúa en base a esa preferencia? Y es que todos hacemos cosas que preferiríamos no hacer, levantarnos tan temprano, ir al trabajo, pagar impuestos, etc. Siempre se trata de una decisión personal que se debe respetar, pero ¿qué pasa cuando incomoda de verdad? Cuando esa preferencia rompe con lo establecido. En fin, prefiero no pensar en eso.

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