noviembre 28, 2020

La importancia del “preferir” – una lectura de Bartleby –

El breve cuento de Herman Melville: “Bartleby el escribiente”, es una pieza magistral de la narrativa norteamericana. Referida por muchos como la inspiración de Kafka para su relato “La Metamorfosis”, analizada por filósofos como Deleuze, Agamben, Derrida o José Luís Pardo, la historia narra los fragmentos de vida de un escribiente, un copista llamado Bartleby.

La historia

Bartleby es contratado por un abogado de Wall Street, Nueva York para alivianar la carga laboral que tienen en la oficina. Además de Bartleby trabajan para este abogado otros tres empleados más, apodados Turkey (pavo), Nippers (pinzas) y Ginger Nut (pastel de jengibre).

Al principio de la historia, Bartleby es un empleado ejemplar. Sin embargo, cuando se le pide que examine un documento (él es un copista, un escribiente), Bartleby contesta: “preferiría no hacerlo” y no lleva a cabo la solicitud. A partir de entonces, a cada nuevo requerimiento contesta únicamente esta frase, aunque continúa trabajando en sus tareas habituales con la misma eficiencia. Bartleby no abandona nunca la oficina y parece que vive allí. Poco después, Bartleby decide no escribir más, por lo que es despedido. Pero se niega a irse de la oficina, contestando a cualquier petición con la frase “preferiría no hacerlo”.

Incapaz de expulsar a Bartleby por la fuerza, el abogado decide trasladar sus oficinas. Bartleby permanece en el lugar, y los nuevos inquilinos se quejan de su presencia. El abogado intenta convencerlo de que se vaya, pero no lo consigue. Bartleby es finalmente detenido por vagabundo y encerrado en la cárcel. Allí, poco después de la última visita que le hace el abogado, se deja morir de hambre. En un breve epílogo se comenta que el extraño comportamiento de Bartleby puede deberse a su antiguo trabajo en la oficina de cartas muertas, es decir cartas que nunca llegaron a su destinatario, cartas que pueden albergar comunicaciones urgentes, proposiciones que nunca pudieron concretarse, etc.

Preferiría no hacerlo

“Preferiría no hacerlo” es tan repetitivo en el cuento que incluso se siente pesada esta frase, pues ante cualquier pedido que se le hace a Bartleby éste responde con la típica “preferiría no hacerlo”. Cuando su jefe le pide revisar unos papales juntos, Bartleby responde “preferiría no hacerlo”, cuando se le pide que abandone la oficina este repite “preferiría no hacerlo” y así hasta el final del relato con variaciones como “preferiría no dejarlo”, “preferiría no hacer ningún cambio” o hasta “preferiría no comer”. Imagine que esta frase aparece tanto en todo el cuento que usted preferiría no contar cuantas veces lo hace.

Incluso Turkey y Nippers empiezan a usar el término “preferiría” como resultado de su interacción con Bartleby.

¿Por qué Bartleby responde “preferiría no hacerlo” y no simplemente “no, no lo haré”? ¿Qué esconde el término “preferiría”?

Melville ambienta el cuento en una oficina de abogados de Wall Street. No es casual que quien relata la historia sea el abogado en jefe. Pues bien, siguiendo el contexto del cuento, el uso del término “preferiría” denota no una negativa, sino el ejercicio del derecho a elegir, del derecho a disentir, una respuesta muy interesante para dársela a un jurista. Bartleby representa la orden que le obligaría a hacer algo, no la niega, simplemente la señala como un obstáculo al ejercicio de su propia libertad.

Cuando Bartleby responde “preferiría no hacerlo” no está diciendo que “no lo hará”, sino que se lo deberá obligar a hacer la acción contra su propia voluntad. Bartleby no es violento, no comete ningún acto delictivo, sólo “prefiere no hacerlo”. Entonces quien recibe como respuesta esta frase sólo le queda usar la violencia, sin embargo el abogado que contrató a Bartleby no lo hace. Prefiere abandonar la oficina antes de obligar a Bartleby.

La especulación final del porqué de este comportamiento es también muy interesante: Bartleby había sido empleado en la oficina de cartas muertas, es decir cartas que nunca llegaron a su destinatario. Cartas que contienen un anillo para un dedo que ya se deshace en la tumba -escribe Melville-, un documento de Banco que hubiera confortado a quien ya no come ni siente hambre.

Una carta de éstas voluntariamente no llega a la oficina de cartas muertas. Una carta de éstas simplemente “preferiría no hacerlo”. Como señala Spinoza, la tristeza nace cuando nos obligan a hacer algo, cuando dejamos de preferir.

Jacques Lacan, tomando el cuento de Poe “La carta robada” señala que una carta siempre llega a su destinatario, sobre todo las cartas muertas, pero esto es otro tema.

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