noviembre 28, 2020

Acerca del Premio Nobel de la “Paz”…

por: Miguel F. Jiménez Canido

El Premio Nobel de la Paz, de un tiempo a esta parte (desde 1901 cuando se entrega por vez primera) se ha convertido en una suerte de institución a nivel mundial que genera una expectativa anual respecto a quiénes son nominados y posteriormente quién o quiénes resultan elegidos como ganadores.

Muchos ya conocen que este premio debe su nombre al inventor e industrial sueco Alfred Nobel, además es uno de los cinco premios que fueron instituidos por él. El objetivo de la premiación radica en otorgarlo “a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”.

Se han beneficiado, tanto del prestigio que otorga el premio como del monto económico entregado, personalidades de diversos ámbitos, tales como: Jean Henri Dunant (1901), el Comité Internacional de la Cruz Roja (1963), Martin Luther King (1964), Rigoberta Menchú (1992), Nelson Mandela (1993), entre otros personajes de reconocida trayectoria y decisivo aporte a la paz. Sin embargo, también han sido reconocidos actores políticos de “dudosa reputación” en estas lides, quienes han generado la duda respecto a ¿qué tipo de “paz” busca reconocer este premio?

Sin duda que se refiere a un concepto de “paz negativa”, es decir, una paz que sea resultado de la no guerra o de evitar los conflictos violentos. Es un tipo de “paz” clásico que no se ajusta a las necesidades de nuestro tiempo. Ejemplo de esta “paz negativa” han sido las intervenciones militares por supuestas razones humanitarias.

En el extremo opuesto encontramos el concepto de “paz positiva”, una idea de paz alejada del premio Nobel puesto que implica la construcción de situaciones deseadas, en el marco de la justicia, los derechos humanos y la propia cultura de paz. El Nobel otorgado al Presidente estadounidense Obama en 2009 valida esta idea porque premió sus supuestos esfuerzos en sus llamados contra el desarme y por su trabajo para reiniciar el estancado proceso de paz en Oriente Medio; empero mantenía sus soldados en Irak, el bloqueo económico a Cuba, no se comprometió por reducir las emisiones de gases contaminantes, entre un largo listado de temas que no tienen que ver con una verdadera construcción de “paz”.

Otro elemento a tomar en cuenta radica en quienes se encargan de otorgar las propuestas de candidatura; es fácil advertir que en la elección prima una visión política eurocentrista, liberal y moderna, que parece invisibilizar las miradas desde el sur, miradas alternativas que tiene otra forma de ver y entender nuestro mundo.

La decisión de la Academia Sueca días atrás dejó en el camino a alrededor 276 nominados y otorgó el premio al denominado “Cuarteto”, integrado por el sindicato Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT), la patronal de empresarios UTICA, la Liga Tunecina de Derechos Humanos (LTD) y la cámara de abogados, que se creó en el verano de 2013, cuando el proceso de democratización del país norteafricano se encontraba en peligro de colapsar tras el asesinato de varios políticos, lo que desató disturbios sociales.

Saludamos el reconocimiento al fomento de la democracia como mecanismo de construcción de paz, y aprovechamos para recordar que el pasado 10 de octubre Bolivia celebró los 33 años de la recuperación de su democracia de manera ininterrumpida. Un periodo no exento de conflictos y desafíos que de un tiempo a esta parte, especialmente en el gobierno del presidente Evo Morales, ha logrado mejorar la calidad de vida de cientos de miles de bolivianos a través de un proceso de cambio con resultados económicos, sociales y culturales garantizando la unidad de una Bolivia solidaria, participativa, pluralista y productiva para Vivir Bien. Así proyectamos nuestro bicentenario a través de nuestra Agenda Patriótica 2025.


* Lic. en Relaciones Internacionales.

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