diciembre 4, 2020

Julio Cortázar

De nombre Julio Florencio Cortázar Descotte, nació un 26 de agosto de 1914 en Bruselas, Bélgica, periodo coincidente con el inicio de la Primera Guerra Mundial. Hijo de María Herminia Descotte y Julio José Cortázar, este último, agregado comercial de la embajada de Argentina en Bélgica.

Hacia fines de la Primera Guerra Mundial, los Cortázar lograron pasar a Suiza, y de allí a Barcelona. A los cuatro años regresaron a Argentina y Julio pasa el resto de su infancia en Banfield, en el sur del gran Buenos Aires. Allí cursó sus estudios primarios. Su madre seleccionaba lo que podía leer, convirtiéndose en la gran iniciadora de su camino de lector primero, y de escritor después.

A los diecinueve años recién cumplidos leyó “Opio: diario de una desintoxicación” de Jean Cocteau, texto que se convirtió en uno de sus libros de cabecera.

En 1932 se formó como normalista y, tres años más tarde, como profesor en letras. Obtuvo el título de traductor público de inglés y francés, tras cursar durante nueve meses estudios que normalmente llevan tres años.

Desde 1947 colaboró en varias revistas, entre ellas, Realidad, Oeste, Cabalgata y Sur. Para esta fecha comenzó a publicar importante trabajos como “Teoría del túnel” y “Los Anales de Buenos Aires”, donde aparece su cuento «Bestiario»; en 1951 fijó su residencia definitiva en París.

En 1963 visitó Cuba invitado por Casa de las Américas para ser jurado en un concurso. Ese mismo año publicó lo que sería su mayor éxito editorial: “Rayuela”.

«La Revolución cubana… me mostró de una manera cruel y que me dolió mucho el gran vacío político que había en mí, mi inutilidad política… los temas políticos se fueron metiendo en mi literatura» así nos lo expresó en “La fascinación de las palabras”. El intelectual introvertido que había sido hasta entonces devendría activista político.

En 1970 se desplazó a Chile para asistir a la ceremonia de toma de posesión del presidente Salvador Allende y, más tarde, a Nicaragua para apoyar al movimiento sandinista.

En noviembre de 1974 fue galardonado con el Médicis étranger por “Libro de Manuel” y entregó el dinero del premio al Frente Unificado de la resistencia chilena.

En agosto de 1981 sufrió una hemorragia gástrica y salvó su vida de milagro. Nunca dejó de escribir, decía que le costaba mucho menos pensar que ser, y esa fue su pasión aun en los momentos más difíciles.

En 1983, cuando retorna la democracia en Argentina, hizo un último viaje a su patria. Luego, regresa a París, donde le otorgan la nacionalidad francesa, por la que había optado dos años antes, en protesta contra el gobierno militar argentino.

Los contenidos de su obra transitan en la frontera entre lo real y lo fantástico, suele ser puesto en relación con el realismo mágico e incluso con el surrealismo.

El 12 de febrero de 1984, murió, a causa de una leucemia, y fue enterrado en el cementerio de Montparnasse, París, junto a su amada Carol Duploh.

La Época.-

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