noviembre 25, 2020

De Tiquipaya a Nueva York

La visita del Presidente Morales a Nueva York para promocionar la inversión extranjera en nuestro país ha llamado la atención de algunos medios de comunicación que no repararon en ironizar dicho viaje al contrastarlo con sus discursos vertidos en la reciente Cumbre de Tiquipaya o en otras ocasiones.

Es difícil evitar preguntarse ¿qué hubieran dicho estos mismos medios de comunicación si el presidente no hubiera hecho este viaje? ¿Acaso no se le criticaba antes al gobierno el no promover o garantizar lo suficiente la inversión extranjera? Ciertamente sus titulares expresan que están más preocupados por demostrar que existen inconsistencias entre el discurso y la práctica del Presidente que los peligros reales que acechan al país, peligros conocidos por todos y que al parecer tendrán efectos visibles dentro de poco.

Nos referimos, por supuesto, a la caída del precio de los combustibles en el mercado internacional. En un contexto como este no se puede calificar el viaje a Nueva York más que como una iniciativa responsable de un gobernante preocupado por mantener la estabilidad macroeconómica de su Estado.

Bolivia no es una isla. En realidad, en estos tiempos, ningún país puede darse el lujo de encerrarse en sí mismo. Los logros que se han alcanzado durante la última década en nuestro país tienen un precio, que hasta el momento se pudo pagar con los ingresos que los altos precios del petróleo le daban a nuestro país.

Esta soberanía tan difícilmente alcanzada debe costearse con algo, y para mantenerla es necesario asegurarse que el flujo de dinero siga corriendo hacia nuestro país. Posiblemente sea ese flujo lo único que evitó que la revolución boliviana termine como la Revolución Nacional lo hizo hace más de 50 años.

¿O es que prefieren volver a los días en los que se debían negociar créditos con el FMI o el BM en condiciones humillantes para nuestro Estado? Se ha demostrado que Bolivia fue el primer caso de intervención estadounidense en Latinoamérica sin el uso de armas o tropas de marines. La revolución de 1952 fue estrangulada no por dictadores o invasiones gestionadas por la Casa Blanca, sino por la escasez de recursos que la obligaron a acudir a ese incomodo amigo yanqui.

No esperamos que los medios de comunicación no sean críticos, pero tal vez no es mucho pedir que sean consecuentes con su propio discurso. Si estaban preocupados por los bajos niveles de inversión extranjera en el país, pues ahora se les demuestra que el tema es abordado seriamente por el gobierno. ¿O es que esperan una crisis? Sea como sea, el pueblo boliviano ya ha aprendido bastante en estos años. Si lo que quieren es otro gringo dando órdenes desde la embajada… esperen otros 500 años.

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