diciembre 5, 2020

La soledad de la vocación democrática del pueblo de Bolivia

por: Franco Mamani Colque 

La celebración reciente de un aniversario más de la instauración del régimen democrático, debe reunirnos con ánimo de júbilo, sin hacer que perdamos de vista la necesidad, hoy mas importante que nunca, de la realización de un balance acerca de la democracia, que supimos conquistar y conservar aún en los momentos más difíciles que nos ha tocado vivir en el inicio del siglo XXI.

Una primera constatación nos indica que, por encima de los peligros que acechan a la democracia, la vocación democrática del pueblo boliviano es hoy aún más grande de lo que era en el siglo pasado. Y lo que es más importante, se fortalece año tras año. Así lo demuestran las crisis sucesivas que vivimos en febrero y octubre de 2003, en junio de 2005, en los primeros seis meses de 2008. En las que el pueblo de Bolivia, a pesar de las insuficiencias del sistema político, los vacíos del sistema jurídico, las invitaciones al desacato, las provocaciones violentas, apostó una y otra vez por definir su destino en las urnas.

La segunda constatación es que, a pesar de esta vocación democrática a prueba de fuego del pueblo de Bolivia, la conducción que marca la política de algunos actores de la derecha no ha dejado de defraudar las expectativas de realización colectiva. Peor aún, hoy como ayer la democracia continúa siendo invocada para legitimar posturas políticas que en el fondo buscan favorecer únicamente un interés sectario. Y es que la vocación democrática del pueblo no garantiza de facto que se tomen las mejores decisiones. En otras palabras, la acción política puesta al servicio de intereses particulares, no comunes, puede, y de hecho lo hace, manipular nuestra vocación democrática.

Dicha vocación se fundamenta más en la idea de que ella garantiza, mejor que cualquier otro régimen, la realización del interés nacional, que en la idea de que la democracia requiere para su correcto funcionamiento de un ser humano democrático, que tiene como característica distintiva su compromiso con el bienestar colectivo, que es la situación en que mejor se alcanza el bienestar individual.

Pero, ¿cómo podría creerse en la grandeza individual sin creerse en la grandeza de Bolivia? Esta idea nos remite a entender la democracia no sólo como fe en los mecanismos de mayoría que la sustentan, sino también como una opción de forma de vida seguir. Que nos otra que la del ser humano democrático.

Por otro lado, la acción política continúa reduciéndose hoy, de la mano de algunos actores de la derecha, a una cruda competencia, sino cruda guerra, por alcanzar el poder y mantenerlo. Reducción esta que desprecia el carácter de la política de arte mayor de los seres humanos, por los que estos últimos crean y recrean la comunidad en que realizan las más altas aspiraciones humanas.

En esta ocasión trascendental para todos nosotros hagamos votos de confianza en nuestra vocación democrática sin rehusar al trabajo para recuperar su carácter de opción de forma de vida, como también el carácter de arte mayor de la política, para bien de Bolivia.


* Docente de filosofía, praxis política y psicología de la Escuela Superior de Formación de Maestros Simón Bolívar.

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