noviembre 26, 2020

Tiempo y capitalismo

Debemos hacernos cargo de pensar una manera de responder a la concepción de tiempo que el capitalismo ha introducido biopolíticamente en cada uno de nosotros.

Tiempos de razón

En busca de eliminar las creencias religiosas asociadas, por ejemplo, a la concepción de la semana, los meses, la decisión de fijar el conteo de años a partir del nacimiento de Jesús, en 1789 los revolucionarios franceses determinaron que sea una decisión de la Asamblea, es decir, una decisión humana, justificada racionalmente, la que fijara la extensión de la semana y los meses, atribuyéndose, además, el establecer el sistema de pesos y medidas.

Los franceses buscaron establecer un sistema de pesos y medidas racional. Y en la conferencia mundial de pesos y medidas, de 1889, se fijó el denominado sistema métrico decimal, en el cual como medida de longitud se adoptó el metro, definido como la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre; el patrón metro se reprodujo en una barra de platino iridiado y se lo depositó en París.

Para el patrón peso, o medida de masa, se estableció el kilogramo a partir de la masa de un litro de agua o mil centímetros cúbicos, el cual a una temperatura de 4°C se materializa en un kilogramo. Finalmente, como medida de tiempo se estableció el segundo, como una cualidad vibracional del átomo de cesio. Actualmente el 90% de la población mundial utiliza el sistema métrico decimal como patrón para el intercambio y el entendimiento en las transacciones.

Punto 0

La determinación de la hora obedece a otro proceso de racionalización: fijar el punto 0 de la Tierra, es decir, determinar el primer meridiano a partir del cual comenzar a establecer la hora respectiva a cada parte del mundo. La definición fue dada en 1884 en la Conferencia Meridiana Internacional llevada a cabo en Washington, en la que se definió declarar el meridiano de Greenwich como el punto 0, o el primer meridiano mundial, en parte por el proceso gradual de uso hegemónico del Nautical Almanac que se imprimía en Inglaterra y que utilizaba el meridiano de Greenwich como punto de referencia universal. No es casual que en el siglo XIX sea Inglaterra el Estado dominante y que, en consecuencia, la definición haya sido una expresión del ejercicio de poder de esta potencia mundial. A partir de este evento cada Estado se encuentra situado en un determinado meridiano. La extensión territorial puede dar paso a que cada Estado fije su hora oficial, e incluso un cambio horario conforme a las estaciones del año, en busca de lograr un mayor aprovechamiento energético en base a la luz del sol.

Acerca del tiempo y el capital

Medir el tiempo u organizar la vida humana en torno al tiempo es una de las características de la producción capitalista. El capitalismo hace de la aceleración del tiempo un modo de vida. Muchos dicen que fue la máquina a vapor la que cambió todo, otros dicen que fue la invención de las fábricas, sin embargo, desde finales del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX, el capitalismo se caracterizó por cuadricular la vida del ser humano conforme al tiempo y desarrollar la producción y el consumo conforme a la velocidad del tiempo.

El capitalismo industrial se alimenta del tiempo, las empresas deben fabricar y enviar sus productos con más rapidez, de esta manera pueden vender más y más barato. El tiempo y su aceleración empezó a convertirse en un beneficio.

La urbanización ayudó a esta aceleración. La vida urbana, en contraste con la vida rural, es mucho más acelerada. La sensación de paso del tiempo en las urbes es distinta a las del campo, y es que en la ciudad se precisa precipitar el tiempo. Las 24 horas humanas deben rendir lo más posible.

Carl Honoré señala que en 1850 se registraron más de 500 máquinas que servían para la aceleración de la velocidad y el ahorro de tiempo y trabajo. Londres inauguró la primera línea de metro en 1863, Berlín inauguró el primer tranvía eléctrico en 1879 y en 1903 los Fords moldeo T presentaban la primera cadena de montaje del mundo.

La máquina esencial del capitalismo contemporáneo ha sido el reloj, y la manera en la que aquel ha moldeado la vida humana. Durante todo el siglo XIX los directivos de las fábricas no sabían cómo lograr que los trabajadores introduzcan en su cuerpo el tiempo, y como efecto, pudieran mejorar la producción. Se les ocurrió promover la puntualidad como una virtud y denigrar la tardanza y la lentitud como pecados capitales. Se empezó a decir que sólo puede triunfar en la vida quien sea puntual y quien no se retrase.

En 1876 aparece en el mercado el primer despertador de cuerda; años más tarde las fábricas empezaron a instalar relojes, cada vez se notaba más el apremio de que cada segundo cuenta.

2015

Hoy en día no queda duda de que quien produce el último reloj o computador tendrá una venta garantizada hasta que aparezca el competidor que presente una vez más el último reloj o computador, la última tableta o la nueva versión de software. Esta presión por producir a toda velocidad hace que no importe si el producto está acabado o si ha sido correctamente testeado, comprobado. Ese es el caso del software y de todas las actualizaciones que requieren los dispositivos electrónicos hoy. Y eso que no hablamos de la obsolescencia programada, esa extraña condición de duración calculada de las baterías y del rendimiento de los aparatos electrónicos.

Una respuesta al capitalismo debe hacerse cargo de pensar en la manera en la que respondemos a la concepción de tiempo que ha introducido biopolíticamente en cada uno de nosotros. No es casual que tengan tanto éxito los libros en resumen, la fast food, y todo dispositivo diseñado para acortar el tiempo. La lentitud puede ser hoy en día un manifiesto contra el capitalismo, entendiendo la lentitud como la posibilidad de recuperar nuestra vida.


* Abogado.

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