noviembre 24, 2020

Policarpa Salavarrieta Ríos

No hay claridad sobre su nombre completo y preciso, como tampoco sobre la fecha y el lugar de su nacimiento, sin embargo la mayoría la reconocen como Policarpa Salavarrieta Ríos, y señalan que su nacimiento se produjo un 26 de enero de 1796, en la Villa de San Miguel de las Guaduas, Cundinamarca, Colombia.

Hija de Don José Joaquín Salavarrieta Morales y Doña María Ana Ríos Chamorro. Su padre la llamaba Polonia, sus hermanos Policarpa, pero la mayor parte de sus compañeros Pola.

Tras el temprano fallecimiento de sus padres, cuando apenas tenía nueve años, se traslada a vivir a casa de su madrina, quien la ingresa a la escuela del Convento de La Soledad. Allí aprendió a leer y escribir, estudió la doctrina y la historia española y a rasgar la guitarra y cantar.

A los 14 años de edad vivió los acontecimientos del día del grito de Independencia, hecho que marcó su temprano accionar. Pero su amor por la patria se encendió aún más cuando desde la Villa de Guaduas fue testigo del paso del Precursor Antonio Nariño y su ejército camino a Santafé; por esas fechas cumplía sus 19 años.

Colabora con la guerrilla de los Almeyda y se desempeña como costurera y maestra pública.

En 1816 conoce a Alejo Sabaraín, quien le pide establezca contactos con los patriotas que vivían clandestinamente en la capital. Al año siguiente viaja a Santafé junto a su hermano, bajo el nombre de Gregoria Apolinaria, trayendo cartas de recomendación de reconocidos patriotas para Doña Andrea Ricaurte, cuya casa era centro de la subversión y clandestinidad. Allí se queda empleada por un tiempo, realiza una amplia labor de información útil para la causa libertadora y organiza destacamentos militares para apoyar a Francisco de Paula Santander y Simón Bolívar.

Los últimos mensajes firmados por ella fueron interceptados cuando Alejo Sabaraín y otros fueron tornados presos en la ruta a Casanare. Así termina siendo descubierta, tomada presa y recluida en una de las aulas del Colegio Mayor del Rosario. Luego de un nítido consejo de guerra, fue condenada a fusilamiento en el cadalso por traidora, junto con los compañeros anteriormente detenidos.

Fue tal su valentía que jamás delató a nadie ni consiguieron información alguna acerca de las actividades o de quiénes estaban de parte de los patriotas.

El 14 de noviembre de 1817, en la Plaza Mayor de Santafé de Bogotá, frente a la casa de la Real Audiencia se levantó el patíbulo. Antes de ser pasada por las armas, exclamó: “¡Pueblo indolente. Cuan diversa sería vuestra suerte si conocieseis el precio de la Libertad. Pero no es tarde. Ved que aunque mujer y joven me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más. No olvidéis este ejemplo!”.

Cuando llegó al banquillo volvió otra vez su mirada a la multitud y les gritó:

“Miserable pueblo, algún día tendréis más dignidad”.


La Época.-

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