diciembre 2, 2020

Terrorismo islámico, un problema europeo

El 11 de septiembre de 2001 en Nueva York con más de 3000 muertos y más de 6000 heridos. El 11 de marzo de 2004 en Madrid con 191 muertos y 1858 heridos. El 7 de julio de 2005 en Londres con 56 muertos y 700 heridos. El 7 de enero de 2015 atentado a la revista Charlie Hebdo en París con más de 11 muertos. Y recientemente el 13 de noviembre de 2015 con más de 129 muertos.

Según Tahar Ben Jelloun, uno de los intelectuales marroquíes más destacados, no se está delante de un problema sencillo, pues no se trata de una lucha sino de un castigo.

Personalmente creo que ese es un dato fundamental, porque no se está delante del terrorismo como praxis de lucha sino delante de una sentencia previa y de un castigo.

Se castiga a una prensa libre que se burla del profeta, a un Estado que no respeta la religión, es decir, se castiga la laicidad que reina en Francia desde 1905. Pero no sólo eso, sino también a las sociedades que no han sabido acoger ni dar oportunidades a los jóvenes descendientes de inmigrantes, se castiga a la ausencia de políticas sociales efectivas. No debe olvidarse que la media nacional francesa de desempleo es del 10% pero respecto a los hijos de inmigrantes en los barrios periféricos es de un orden del 45%.

Lo que Tahar Ben Jelloun trata de poner de manifiesto es que el discurso del terrorismo islámico atrae a los jóvenes hijos de inmigrantes, que terminan siendo carne de cañón para el Estado Islámico (EI) que busca darle unas cuantas lecciones a la Europa arrogante. Ben Jelloun considera que hay más de 15000 jóvenes europeos recientemente convertidos al islam y que lucharán en las filas del EI, estos jóvenes son europeos, nacieron en Europa, son franceses, españoles, italianos, holandeses, pero por ello no dejan de ser hijos de migrantes, esa la arrogancia europea.

Pero, ¿qué puede atraer a estos jóvenes al terrorismo islamista?

El islam es comunidad. Los jóvenes que son rechazados una y otra vez por las oportunidades del mundo moderno son aceptados en la comunidad islámica, de inmediato su vida empieza a tener sentido. La novela de Orham Pamuk titulada Nieve presenta el recorrido del islam como comunidad de sentido, como posibilidad de comprensión de otra forma de vivir.

Los reclutadores del EI prefieren a los jóvenes de escasa cultura, escasa formación, familia desestructurada, y con fracasos de integración a la Europa moderna pues con ellos es mucho más fácil introducir el discurso ideológico que les enseña que no hay algo fuera del islam y que propone a la vez integrarlos y sacarlos del desprecio en el que se encuentran.

Ben Jelloun, como muchos otros intelectuales, refieren a un sólo islam, aunque con dos desarrollos. El islam suní en el que no hay jerarquía, ni sacerdotes ni líderes, y el islam chií que sí reconoce una estructura jerárquica con mulás, ayatolás o muftíes; sin embargo, en ambos el islam es uno solo y no hay un afuera, no se puede concebir la laicidad y mucho menos el ateísmo.

El único Estado oficialmente laico es Turquía aunque cada gobernante acentúa el islamismo por encima de su Constitución de vez en cuando. Recientemente Túnez declaró la igualdad del hombre y de la mujer, además de lograr normas que respeten la libertad de conciencia, aunque aún tiene mucha presión por derogar estas normas por parte de los partidos radicales. Egipto, que era una esperanza por la condición de una Constitución post revolucionaria, no logró eliminar su posición de Estado islamista, pese a las reformas de 2012 y 2014. Se mantiene el Artículo 2 de la Constitución que reza de la siguiente manera: “Islam es la religión del Estado. Los principios de la Sharia son la principal fuente de legislación”, y con esta declaración cualquier posibilidad de igualdad de género se hace imposible.

Entonces, con un islam que va creciendo día a día en creyentes, que no acepta algo fuera de sí mismo, que es comunidad y que permite dar sentido a una vida de soledad y desintegración cultural como es el caso de los jóvenes hijos de migrantes en Europa, el problema resulta mucho más complejo que sólo oponerse a la migración o lanzar bombas a algún territorio que se crea que es del EI. El problema es uno de los más serios de la historia europea. Lo grave yace en que todavía existan europeos que crean que este no es un problema suyo.

Tahar Ben Jelloun propone como necesaria una reforma en la tradición del islam. Mientras se lea de manera textual el Corán no es posible la convivencia. Mientras se lea suras como ésta (sura 4, aleya 74): “A quien combatiendo por Dios sea muerto o salga victorioso, le daremos una magnífica recompensa”, y se la interprete al pie de la letra, no existe posibilidad de una convivencia. Occidente está condenado a repetir una y otra vez los atentados terroristas.

Este problema de lo textual a la metáfora le sucedió a todas las interpretaciones de los textos sagrados, le sucedió a la Torá, a la Biblia, y tendrá que sucederle al Corán. Pero este debe ser un debate no sólo al interior de esta tradición.

El 11 de enero de 2015 un grupo de 67 intelectuales, artistas, escritores y profesores de universidad del mundo islámico publicaron un manifiesto en el que señalaban que: “es indispensable introducir reformas en el mundo musulmán para responder a esta guerra. El ejercicio de la ciudadanía, la igualdad, la libertad de conciencia, el Estado de derecho y todos los derechos humanos son unos antídotos indispensables”.

Este es posiblemente el debate más importante que debe sostener Europa en el siglo XXI. Y debe ser visto como un debate europeo y no como debate de la tradición musulmana. Si se pierde este debate se pierde la paz en Europa.

¿Lo humano es europeo?

El pasado 15 de noviembre 41 personas murieron en Beirut (Líbano). Este también fue un atentado que fue reconocido como autoría del EI, sin embargo queda muy claro que no tuvo las repercusiones mediáticas del atentado en París, o sin ir muy lejos de la reciente ola mediática y viral de Je suis Charlie, pese a que fue el atentado más mortífero registrado en el Líbano en los últimos 25 años.

La indignación porque las muertes en Palestina, Siria o Irak, no llenen la primera página de un periódico o no generen la indignación europea es otro tema que se encuentra en el debate. Desde hace muchos años se denunció a los derechos humanos por ser el retrato de la tradición occidental europea y porque los mismos no reflejan en sí una tradición humana universal (en el sentido de reunir las distintas maneras de comprender lo humano culturalmente en todas partes del mundo).

Las críticas al eurocentrismo de lo humano se hacen una vez más presentes cuando lo que indigna no sea la muerte de seres humanos en sí, sino la muerte de europeos. Por ello tuvieron eco declaraciones como las de Bashar al-Assad cuando dijo que Francia conoció lo que vive Siria hace años.

Dicho de otra manera, Europa tiene un debate pendiente, porque lo que está ocurriendo no está a kilómetros de distancia como para apelar a la barrera del papel periódico o del noticiero con enviados especiales. Lo que está ocurriendo sucede en Europa en sus propias calles, y es por ello que ahora están interpelados a empezar el debate.

El terrorismo islámico continuará en Europa y sus gobernantes deberán re pensar si el camino correcto es la guerra o las políticas públicas respecto a los jóvenes hijos de migrantes pero auténticos europeos que no encuentran posibilidades de vida en Europa.

Bibliografía

Ben Jallou, Tahar. 2015. El Islam que da miedo. Madrid – España: Ed Alianza, 1ra edición.

Pamuk, Orham. 2006. Nieve. Madrid – España: Alfaguara.


* Abogado y filósofo.

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