diciembre 5, 2020

El encanto de la burguesía

El proceso de despolitización neoliberal, entre muchos de sus aciertos, tiene en su haber que el marxismo, como ciencia social, haya sido olvidado como parte del aprendizaje en las universidades, por esta razón, no se cuentan en la actualidad con análisis más o menos serios de lo que ocurre en nuestra formación económico social.

Cuando Marx analiza la sociedad y demuestra que su motor es la acumulación de capital y que ésta a su vez genera una división social entre los que solamente tienen fuerza de trabajo para vender y los que tienen el dinero para comprarla, esta relación ha sufrido cambios de forma, un capitalista en ciernes se llamará “emprendedor”, lenguaje utilizado incluso por varios Viceministros, eufemismo que indica la batalla pendiente en el largo camino de la descolonización.

Pero volvamos al asunto de las sociedad divida en clases. Las clases que tienen el poder económico utilizan todos los medios a su alcance para mantener su poder, construyen lenguajes, modas y con ese arsenal logran cooptar adeptos a su manera de pensar el mundo.

Muchos de los dirigentes sindicales, nacidos en el seno de la pobreza rural o forjados en las minas y en las pocas fábricas, han sido presa de esa perversa práctica y se han convertido en defensores del capitalismo. El deseo de acumular riqueza de manera irregular ha tentado las conciencias que antes fueron duras como el metal y hoy se han vuelto hilachas en manos de la codicia despertada por los mecanismos que el capitalismo ha creado justamente para debilitar a sus adversarios.

Es doloroso ver a dirigentes que han sabido aguantar duras pruebas en su ejercicio sindical, ser sospechados de malos manejos, de enriquecimiento ilícito y malversación. ¿Qué pasó con la honestidad demostrada durante tanto tiempo de resistencia al neoliberalismo? He sido testigo de las duras jornadas de ampliados y congresos en los que dirigentes no tenían alojamiento ni comida, pero igual estaban presentes a la hora de discutir los documentos políticos o a la hora de organizar bloqueos.

La falta de una consolidación de la formación sindical con su necesario complemento político-ideológico, desde nuestro punto de vista, es el primer culpable para que las conciencias se dobleguen ante este mecanismo infalible del capitalismo: el dinero.

Hay que recuperar el marxismo como herramienta que nos permita conocer mejor el funcionamiento de las sociedades, de esa profunda contradicción entre capital y trabajo, de lo contrario seguiremos cayendo en las garras tentadoras de las burguesías criollas que se acercan a todos los servidores públicos y les susurran al oído: “ahora que estás en el gobierno podemos hacer negocios”, “tanto has peleado y uno de estos días dejas el gobierno, qué te vas a llevar” y así la tentación, rompe la conciencia en un segundo.

El presidente Morales lo ha reafirmado hace poco en la conferencia de París: “o acabamos con el capitalismo o el capitalismo acaba con el mundo”. Así, mientras el capitalismo exista, seguirán la corrupción, los malos jueces y fiscales, la coima, el contrabando y –aunque no lo crean– el feminicidio, cara poco vista del capitalismo patriarcal.

Estamos con el Vivir Bien, practicamos su filosofía, pero es tiempo de recuperar aquel conocimiento profundo que nos explica por qué el capitalismo es tan fuerte. Debemos recuperar el marxismo como nos pedía el Che, como una “una guía para la acción” y no como un dogma religioso.


* Escritor e historiador potosino.

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