diciembre 5, 2020

El travestismo de la derecha de cara al Referéndum del 21F

por: M. Javier Astorga M.

No se debe olvidar la utopía revolucionaria, esa que se apoya en el pueblo en general, aquellos que en el capitalismo “sólo tienen sus cadenas que perder”

Planteo algunos puntos importantes sobre este asunto, que ya de por sí es complejo.

Artículo 168

Cuando se habla de abrir la Constitución es su Artículo 168 es bueno recordarle, sobre todo a la derecha neoliberal, que originalmente consideraba la reelección indefinida para cualquier ciudadano, un derecho absolutamente democrático para todo dirigente que ha cumplido con sus bases o con su pueblo como en el caso del Presidente y Vicepresidente.

La Nueva Constitución, aprobada en Sucre, ya fue abierta ilegítimamente en Oruro y posteriormente en el Parlamento, violando los preceptos bajo los cuales se convocó a la Asamblea Constituyente, en tanto fue abierta y “consensuada” bajo la amenaza de la derecha nacional e internacional de desatar una guerra civil separatista, por el temor de parte de las oligarquías regionales de perder sus privilegios por tanto tiempo consolidados en el régimen que se quería cambiar vía Constituyente.

Travestismo político

La derecha, primero dictatorial (1970-1978 con ADN, MNR, PDC, FSB), neoliberal después (con MNR, MIR, ADN, NFR, UCS, PDC), usufructuó de la recuperación de la democracia por el sacrificio del pueblo, mientras que encubría sus siglas bajo coaliciones neoliberales, que detentaron el poder del aparato gubernamental durante casi 20 años (1985-2003), presentándose hoy como entidades diferentes, mostrándose como demócratas, cuando en el pasado mediato no tuvieron reparo en violar la Constitución recurriendo a los golpes militares; ahora claman por la unidad nacional cuando en el pasado inmediato no tuvieron ningún reparo en llamar a la separación de nuestro país.

Se dicen verdes, cuando en el pasado mediato e inmediato no tuvieron ningún reparo en entregar nuestras riquezas naturales a las transnacionales imperialistas que destruyeron y contaminaron dramáticamente nuestra Madre Tierra, en efecto, estos dictatoriales y neoliberales no tienen ninguna autoridad moral para hablarnos de democracia ni de “alternabilidad” o “rotación en el cargo”. Fueron ellos los que sostuvieron la tesis de que cualquier proyecto de poder necesita por lo menos dos décadas para su plena implementación, al menos así lo sostuvo en 1985 el líder derechista Víctor Paz Estenssoro bajo la falsa premisa de “…Bolivia se nos muere”.

Es bueno recordar la historia, especialmente a las nuevas generaciones que no conocieron el nefasto periodo neoliberal (1985-2002) y mucho menos la noche negra del fascismo en Bolivia (septenio banzerista 1971-1978), que sumieron al pueblo en la pobreza mientras se enriquecían las oligarquías regionales desde el poder central.

Evo Presidente

Siguiendo esta vía de recordar la historia, el mandato de Evo Morales no proviene de la democracia formal, es decir, jamás hubiera sido Presidente por el sólo hecho eleccionario. Este hecho eleccionario pertenece a la democracia formal burguesa que lleva al pueblo a votar y a elegir una vez cada 4 o 5 años “qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar a ese mismo pueblo” (Federico Engels).

Evo Morales fue presidente sólo por dos hechos heroicos y constitutivos protagonizados por el pueblo en las calles; sí, estamos hablando de la Guerra del Agua (Cochabamba 2000) y la Guerra del Gas (El Alto 2003). Esto es lo que se olvida ahora. Es preciso recordarle a las viejas y a las nuevas generaciones que tan entusiastamente participan en estos procesos electorales, que éstos son propios de la democracia burguesa donde la derecha se mueve en su ámbito natural, dominado durante décadas por ellos. Por eso, Evo Morales para ganar estos procesos eleccionarios cada vez necesita apoyarse más en la derecha, la prueba: Tarija. Si la alternativa de poder como proyecto de izquierda sólo pasara por la vía eleccionaria, ésta será cada vez más marginada.

Por la izquierda

Desde la perspectiva del pueblo, desde la izquierda, corresponde hacer estas críticas y reflexiones. El proceso de cambio no es Evo Morales, no es Álvaro García, no es el MAS, y, en este entendido, debemos preguntarnos si los actuales mandatarios están llevando adelante el proceso de cambio, cumpliendo los principios filosóficos del cambio. Cabe entonces hacernos las siguientes preguntas: ¿cuánto se ha avanzado en las nacionalizaciones de nuestros recursos naturales?, ¿hemos podido salir del extractivismo?, ¿cuánto hemos avanzado en materia de descolonización?, ¿el modo de producción capitalista dejó de ser hegemónico?, ¿cuánto de economía comunitaria se ha desarrollado?, ¿la defensa de la Madre Tierra (Pachamama) es efectiva o se ha quedado en el discurso?, ¿se ha potenciado a las fuerzas de izquierda o se reposicionó a las de derecha?, ¿se pudo avanzar en la integración regional, en la Patria Grande Bolivariana o seguiremos dependiendo de las inversiones extranjeras imperialistas?.

La forma multitud (Toni Negri), en la que tanto le gusta apoyarse a Álvaro García Linera, tiende a marginar a los partidos de la izquierda, pero lo que no se debe hacer es marginar la filosofía de la izquierda, la utopía revolucionaria, esa que se apoya en el proletariado, en el pueblo en general, aquellos que en el capitalismo “sólo tienen sus cadenas que perder” (Carlos Marx), esa filosofía que se apoya en las organizaciones sociales.

Actualmente las direcciones de las organizaciones sociales se burocratizan, dirigencias obnubiladas por el poder se olvidaron del Vivir Bien porque ahora viven mejor. Esto es lo que debemos considerar para obtener las respuestas adecuadas que nos permitan tener una alternativa de poder real más allá de las elecciones y referéndums. Esto es lo que debe discutir el pueblo junto a su vanguardia, para poder pasar de una administración del sistema capitalista a un cambio profundo del mismo, y si bien es cierto que durante el periodo de gestión del presidente Morales se avanzó en materia social, no se afectó la base estructural del sistema.

Es muy temprano todavía para calificar a los que tienen la misión de llevar adelante nuestro proceso de cambio. Si están dispuestos a profundizarlo, a enfrentar a las fuerzas de la derecha (empresarios privados, agroindustriales, transnacionales y otras), la izquierda, es decir, el pueblo, estará siempre dispuesta a dar su sangre por defenderlos (obviamente no en las elecciones burguesas). De lo contrario, si los dirigentes que actualmente lideran el proceso de cambio se olvidan que “el motor de la historia es la lucha de clases” (Carlos Marx) lo más probable es que en las próximas elecciones presidenciales no habrá izquierda por quien votar.


* Ex vicepresidente de la Junta Nacional de Padres y Madres de Familia, militante del PCML.

Be the first to comment

Deja un comentario