noviembre 25, 2020

segunda parte – La descolonización del Estado: Del poder como dominación al poder como deliberación

por: Esther Eunice Calderón Zárate

Un Estado descolonizado no prescinde del poder, sino que realiza el poder con el otro, con todos. Así, se encarga de asegurar y perpetuar la comunidad.

El poder como deliberación comunitaria

Evidentemente el poder no es algo abstracto, en este sentido compartimos la afirmación y el análisis lógico realizado por la teoría relacional. Es importante reconocer, como afirma Bautista, que: “El poder es siempre poder-de […] señala una procedencia de sentido y de contenido […]”. Sin embargo, nuestra crítica se dirige a su fundamento, al poder entendido como dominación, sujeción y control.

El poder es una relación, pero no entre individuos aislados, en una sociedad de desconocidos que los lleva a condición de objetos del mercado. A nuestro criterio aquí sucede el inicio del desmontaje del concepto de poder: la relación se produce entre sujetos vivos [con “voluntad-de-vivir”] que pertenecen a una comunidad como “voluntades reunidas” que se despliegan. Todos tenemos poder, por lo tanto el poder no es propiedad privada, pertenece a todos. Ahora bien, en una primera instancia no todos lo ejercen [aunque sí lo posean], pues para ello es preciso el despliegue de la voluntad, el poder entendido y ejercido como facultad.

Hemos entendido que la dominación se desarrolla a partir de un concepto de poder que no es universal [aunque pretende serlo], sino propio de la teoría política moderna. Entonces, no todo poder implica necesariamente relaciones de dominación y violencia. Como afirma Bautista: “la violencia no es nunca lo determinante, sino situación devenida”. Asimismo, Hannah Arendt expone claramente lo siguiente: “políticamente hablando es insuficiente decir que poder y violencia no son lo mismo. Poder y violencia son opuestos; cuando uno domina absolutamente el otro está ausente. La violencia aparece donde el poder está en peligro, pero abandonándoles a su propia suerte resulta en la desaparición del poder. La violencia puede destruir el poder y es absolutamente incapaz de crearlo”.

Si aceptamos los dos postulados: el poder no es dominación y el poder no es violencia, estamos aceptando que existen no sólo otras formas de pensar el poder, sino también otras formas de ejercer el poder. Por ello, una tarea fundamental del proceso descolonizador del Estado es mostrar un concepto y una praxis de poder diferentes, ambos que surjan de una indagación profunda y un diálogo intenso, con las visiones críticas y con las prácticas de nuestros pueblos.

¿Qué es el poder como facultad? Es el momento en el que la voluntad de la comunidad se despliega y logra plasmarse en la realidad con su praxis y sus conceptos. La praxis comunitaria plantea una política como servicio, lo que conlleva una transformación del concepto de poder. El poder ya no reside en uno o en pocos [“representantes de todos”], sino en todos en tanto que miembros de la comunidad. Los líderes sirven a la comunidad.

Así queda trastocada la idea de poder como dominación, pues si el poder reside en la comunidad no hay posibilidad de dominación. Entonces, el poder ya no es dominación sino deliberación comunitaria en los asuntos de la comunidad de seres vivos. Por ello Bautista afirma potentemente: “Aquí surge toda la problemática que enfrenta lo político como su ‘ámbito esencial’: el poder que se realiza con el otro o el poder que se realiza a costa del otro. El primero asegura la comunidad, el segundo la destruye”.

Para ampliar más esta reflexión puede ser útil la distinción entre poder-sobre poder-con: el poder-sobre representa restricción, coerción, control e invulnerabilidad [del sistema]; el poder-con [llamado también poder de influencia o poder como proceso] genera apertura, vulnerabilidad y disponibilidad al cambio, produce una actuación conjunta y conforma organizaciones verdaderamente participativas.

Un Estado descolonizado no prescinde del poder, sino que realiza el poder con el otro, con todos. Así, se encarga de asegurar y perpetuar la comunidad. Entonces, suprimido el poder como dominación [el poder ejercido “sobre” los demás] y, realizado como deliberación comunitaria [el poder realizado con los demás, con todos en conjunto] se abre un horizonte diferente tanto para la praxis como para la historia política de Bolivia. Este poder no sólo protege a los miembros humanos de la comunidad, pues tratándose de una comunidad en el sentido de ayllu [estructura de la vida] la protección alcanza también a todos los seres vivientes en la pachamama [madre tierra]: animales, plantas, ecosistema, etc.

Ahora bien, ¿qué tipo de mediaciones [instituciones] serán necesarias para desplegar la voluntad de la comunidad, es decir para realizar el poder comunitario y descolonizar así el Estado? Si el poder se funda y reside en la comunidad [en todos sus miembros], será el juicio de esta misma, es decir de todos nosotros [en tanto que miembros de la comunidad] quienes a través de nuestras deliberaciones, elegiremos nuestras mediaciones. O más bien, nuestra comunidad decidirá si requiere de mediaciones o de otro tipo de construcciones para sostenerse.

Puntualizaciones para próximas reflexiones

La política como “ciencia de servir al pueblo” y como praxis comunitaria interpela a la teoría política moderna y la praxis que ésta desarrolla. Así se expone una nueva forma de pensar y ejercer el poder, que se hace necesaria a partir de esta interpelación. El poder no es propiedad de uno o de pocos, sino que pertenece a todos en tanto que miembros de la comunidad. El poder implica servicio, no es dominación sino deliberación comunitaria en los asuntos de la comunidad de seres vivos. Éste desmontaje conceptual es fundamental para la descolonización del Estado.

La transición del poder entendido como propiedad al poder realizado como deliberación comunitaria puede entenderse en dos “dimensiones”: la primera implica no concebir al poder como propiedad [privada], sino como una relación entre sujetos vivos quienes lo ejercen conjuntamente; la segunda trata de lograr el despliegue de la voluntad de la comunidad, es decir que la misma logre ejercer el poder [comunitario].

Sólo con el otro, con la otra, con la comunidad, con todos, podremos transformar y superar los vestigios remanentes de la política moderna. Porque, dialogando con Manoel de Andrade, podremos decir desde nosotros:

No canto mi lucha,

lucha de una sola persona no es lucha que permanezca,

canto la lucha de nuestras comunidades dormidas,

de nuestras mujeres y niños que esperan las migajas de una navidad perdida

¡ah! Mis gritos que son de todos los árboles y los montes,

que son de todos los que han callado y se han ido,

que hablan y no hablan conmigo.

Yo canto para todo el cosmos,

sin embargo, en este tiempo,

yo canto para nuestros achachilas dormidos,

aquellos que desaparecen

entre la muchedumbre de dioses ajenos,

y que se acercan día a día

a un nuevo despertar.

( Manoel de Andrade)


* Politóloga y representante de la Comunidad Crítica Creativa / esthercalderon26@gmail.com

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