noviembre 27, 2020

El zapatismo contrarrevolucionario

Ha surgido, en nuestro medio, un ejército muy bien solventado y con apoyo estratégico del norte, sobre la base del caso Zapata. ¿Podemos hablar de un zapatismo a la boliviana? Este zapatismo no es revolucionario, al contrario, está destinado a terminar con el proceso de cambio.

En columnas anteriores hemos hablado de la estrategia de largo plazo que tenía preparada la CIA para descabezar el gobierno de Evo Morales, la que hoy juega una de sus cartas más fuertes.

Los incrédulos dirán que es una manera de victimizarse, por ello les invitamos a leer mejor la historia de Latinoamérica, encontrando allí las respuestas, aunque sabemos que la lectura no es un hábito de los racistas-neoliberales. Morales, mal que les pese a muchos, ha trascendido las fronteras nacionales y es una voz escuchada y respetada en el continente y el mundo.

El proceso boliviano y sus conductores tienen el mismo impacto que tuvo Cuba en los años 50, con algunas particularidades, destacándose el cambio en el marco de la democracia liberal.

El famoso “giro a la derecha” en varios países de nuestro continente no se debe a que la sociedad se “derechizó” sino a que se han creado las condiciones para que electoralmente gane la derecha, que es otro cosa. Por ejemplo, en la Argentina, en la elección directa de octubre pasado perdió Mauricio Macri con apenas un 34% del electorado, y como rige la segunda vuelta, se continuó con la estrategia de la “Unidad de la oposición” que antes no había tenido resultado.

En aquella estrategia el papel fundamental estuvo en los medios de comunicación y en las redes, repitiéndose el esquema aplicado en Venezuela. El resultado final electoral en Argentina estuvo muy cerca de lo que pasó en Bolivia, Mauricio Macri fue presidente con el 51% y el Frente para la Victoria se quedó con el 49% de los votos. El voto de Macri fue claramente un voto “reciclado” por los medios de comunicación.

Hoy Bolivia es víctima de una operación que debido a la falta de argumentos políticos está utilizando los mecanismos propios de la televisión: un espectáculo sostenido por “periodistas” que tienen un libreto previamente negociado. En esa estrategia que tiene sus actores, directores y puestas en escena, tenemos una masa de “extras” que, desde el Parlamento, se han constituido en agentes políticos de la comedia.

El zapatismo a la boliviana no tiene principios o propuestas, mucho menos identidad indígena, pues responde a las élites racistas de siempre, esa minoría que pretende con la ayuda del “gran hermano” volver a sus viejas prácticas.

Es curioso como esta élite criolla colonial ha logrado enajenar la conciencia de un sector de la juventud que, por supuesto, eran muy pequeños en los días negros de la Guerra del Agua o la Guerra del Gas, ni que decir de haber recibido por lo menos información de lo que fueron las dictaduras.

La confusión de ideas, conceptos, contextos y teorías, que tiene esta juventud enajenada ha sido palpable en las redes sociales, y aceptémoslo, ha demostrado las debilidades de las políticas de descolonización en nuestro sistema educativo.

El zapatismo a la boliviana está apelando a lo que mejor demuestra la decadencia del ser humano, los instintos, esa morbosa patología del “voyeur sádico” que se satisface con el daño ajeno; no importa que en el camino queden maltrechas instituciones, personas, valores, etc.

En el caso que nos ocupa no hemos escuchado ni un solo pronunciamiento de la protectora Madre Iglesia para condenar estas actitudes que afectan a la vida en comunidad. ¿Será que tenemos una Iglesia solamente de élite?

La explicación es que parte de la Iglesia pertenece a este engranaje de operación política de desgaste y está siendo funcional al momento “zapatista” de nuestra historia.


* Escritor e historiador potosino.

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