diciembre 2, 2020

Gabriel García Márquez

Bautizado como Gabriel José de la Concordia García Márquez, nació en Aracataca, el 6 de marzo de 1927. Hijo de Luisa Santiaga Márquez y Don Gabriel Eligio García, quien fuera primero telegrafista y luego farmacéutico.

Vivió sus primeros años al cuidado de sus abuelos, dos personajes bien particulares: el coronel Nicolás Márquez, veterano de la guerra de los Mil Días (1899-1902), quien le contaba infinidad de historias de su juventud y de las guerras civiles del siglo XIX, lo llevaba al circo y al cine, y fue su cordón umbilical con la historia y con la realidad; y Doña Tranquilina Iguarán, su abuela, que pasaba los días contando fábulas y leyendas familiares, mientras organizaba la vida de los miembros de la casa de acuerdo con los mensajes que recibía en sueños; ella fue su fuente de la visión mágica, supersticiosa y sobrenatural de la realidad.

Aprendió a escribir a los cinco años en el colegio Montessori de Aracataca, donde permaneció hasta la muerte de su abuelo, en 1936. Para ese entonces tenía ocho años e imposibilitado de quedarse a vivir con su cegata abuela quedó al cuidado de sus padres en Sucre. Una vez allí, ingresó al internado del Colegio San José de Barranquilla, donde a la edad de diez años ya escribía versos humorísticos.

En 1940 matriculó en el internado del Liceo Nacional de Zipaquirá. Años más tarde, en 1955, cuando publicó “La hojarasca”, obsequió el libro, con la siguiente dedicatoria, a quien había sido su profesor de literatura en aquel colegio: “A mi profesor Carlos Julio Calderón Hermida, a quien se le metió en la cabeza esa vaina de que yo escribiera”.

En 1947, presionado por sus padres, se trasladó a Bogotá para estudiar derecho en la Universidad Nacional, donde conoció y entabló amistad con Camilo Torres Restrepo.

Luego del “Bogotazo”, tras el incendio de la pensión donde vivía, se vio obligado a pedir traslado a la Universidad de Cartagena. Nunca se graduó, pero inició una de sus principales actividades periodísticas: la de columnista en el periódico El Universal.

Se vinculó al Grupo de Barranquilla, donde perfeccionó su estilo de periodista, y en febrero de 1954 se integró en la redacción de El Espectador. Tres años después, vinculado a la revista Momento, viajó a Venezuela.

Situó la narrativa hispanoamericana en la primera línea de la literatura mundial con la publicación de “Cien años de soledad” (1967), obra cumbre del llamado realismo mágico. El mundo de Macondo, parábola y reflejo de la tortuosa historia de la América hispana, había sido esbozado previamente en una serie de novelas y colecciones de cuentos. Su trayectoria, reconocida con la concesión del Nobel de Literatura en 1982, fue bien fructífera: basta recordar títulos como “El otoño del patriarca” (1975), “Crónica de una muerte anunciada” (1981) o “El amor en los tiempos del cólera” (1985).

Fue mediador en conversaciones de paz entre el Ejecutivo y las guerrillas colombianas, durante los gobiernos, primero, de Belisario Betancourt, y luego, de Andrés Pastrana. Amigo fiel de Fidel Castro y la Revolución Cubana y defensor de sus políticas de seguridad social.

Falleció el 17 de abril de 2014 en Ciudad de México, tras una recaída en el cáncer linfático por el que ya había sido tratado en 1999. El mundo le despidió con un mar de mariposas de papel y rosas amarillas.

La Época.-

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