noviembre 27, 2020

Analizando el referendo constitucional y los desafíos que están por venir

por: Vidal Amadeo Laime Humerez

La lucha no termina ni se acaba por haber sufrido un resultado adverso, es el aliciente que impulsa a estar atentos ante cualquier arremetida contrarrevolucionaria.

Gobernar nunca ha sido ni será jamás una labor sencilla, pues se trata sobre nada menos que tomar decisiones que afectan a una ingente cantidad de personas, las cuales se diferencian en sus anhelos, principios, valores e ideas. Bajo esta afirmación es que debemos considerar varios aspectos que nos ayudan a entender las implicaciones del referéndum constitucional del 21 de febrero, el cual planteaba la reforma del artículo 168 de la Constitución Política del Estado.

Primeros tiempos

Antes de empezar, y a fin de evitar distorsiones en la interpretación de los hechos, partamos señalando que a lo largo de la última década el partido en función de gobierno cosechó en las urnas, victoria tras victoria. Indudablemente estos resultados permitieron alcanzar de a poco mayor presencia en diferentes espacios de decisión tanto a nivel nacional, departamental y municipal. Esta situación inevitablemente implicó un recambio de los actores políticos, los cuales provendrían de diferentes estratos y sectores de la sociedad.

La representación política recaía en su gran mayoría en líderes cuya trayectoria primigenia estaba ligada al sindicato, el cual fungió como eje de articulación y condensación de demandas y reivindicaciones ligadas a los intereses de las grandes mayorías depauperadas. A la par, mientras el movimiento popular campesino resistía y combatía heroicamente la política del saqueo, instaurada e institucionalizada en el régimen neoliberal, se gestaba un movimiento político de renovación y cambio que planteaba la modificación estructural del Estado. La guerra del agua (2000) y el luctuoso saldo de la guerra del gas (2003), representan sin lugar a dudas un ascenso de efervescencia social, cuya fuerza vital permanece incólume e inspira el más noble sentimiento de defensa irrestricta de los intereses nacionales.

La nacionalización de los hidrocarburos, la convocatoria a una Asamblea Constituyente y el tan añorado anhelo de convertir a Bolivia en un país industrializado, para la clase política del viejo Estado republicano, eran simples arengas que no debían ser tomadas en cuenta, menos podían ser parte de la agenda pública. Para nuestro alivio, tal proscripción alentó subrepticiamente un hálito contestatario de insospechadas proporciones. La responsabilidad en la conducción y construcción de un proyecto de país, acorde a las múltiples necesidades, asumía el reto de cargar sobre sus espaldas problemas postergados, los cuales minaban nocivamente los esfuerzos destinados a reducir la terrible e ignominiosa brecha de desigualdad.

Es en este contexto que se convoca el 2006 a la Asamblea Constituyente, la cual se convierte en el escenario propicio para empezar a bosquejar y delinear a través de un arduo proceso de deliberación y debate la construcción de un nuevo modelo de país, el cual permitiría dejar atrás los viejos resabios del pasado colonial.

Sin embargo, la fuerte resistencia de parte de grupos privilegiados desplazados del poder impidió que la Asamblea Constituyente entregara al país un nuevo texto constitucional hasta mediados de 2007. A estos acontecimientos se suman los bochornosos actos de discriminación y racismo acaecidos en las principales plazas de domino de la entonces oposición regional, tal como sucedió en 2008; los que tenían como propósito ulterior frenar no sólo la gestión de gobierno sino también la plena intención de hacer que el proceso constituyente fracasara rotundamente.

De no haber sido la conciencia del pueblo, secundado por la remembranza de un pasado glorioso de luchas, y azuzado por reivindicaciones que convergían con el interés supremo de la patria, seguramente ahora la historia seria otra. Por fortuna, el destino de los pueblos no está escrito en piedra, ni es producto de sucesos fortuitos.

Los conflictos que tuvo que enfrentar el gobierno de Evo Morales el 2008 se hacían más recurrentes y la ingobernabilidad peligrosamente iba socavando la estabilidad de un gobierno que contaba con el apoyo mayoritario del pueblo. Fueron momentos de extrema tensión e incertidumbre. En tales circunstancias las organizaciones sociales munidas de un arraigado espíritu revolucionario, resuelven exigir al Congreso Nacional la aprobación de una ley que permita someter a la voluntad democrática de la ciudadanía la aprobación o el rechazo del nuevo texto constitucional a finales de 2009.

Enseñanzas del 21F

Paradójicamente, aquellos que manifestaban a voz en cuello su total rechazo a la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado (CPE) hoy la pregonan y defienden incansablemente. ¿Cómo entender tal impostura? La contradicción señalada se hace evidente si analizamos el referéndum constitucional del 21 de febrero, el cual develó los siguientes aspectos:

Primero. El rol de la oposición, durante la última década, fue intrascendente y relativamente puede ser catalogada de irrelevante, no sólo porque fracasaron como proyectos de poder sino porque continúan aferrados a mantener liderazgos estrechamente ligados al pasado neoliberal. Es decir, mientras en la narrativa discursiva rinden pleitesía, veneran y exaltan las bondades de la alternancia en el ejercicio del poder, internamente como organizaciones políticas, ignoran y desdeñan lo que afanadamente pregonan.

Segundo. Los medios de comunicación no quedan exentos de esta disquisición, pues de un tiempo a esta parte, muchos de ellos, amparados en la libertad de expresión caen en excesos inaceptables, llegando incluso al extremo de manipular tendenciosamente algunos sucesos.

¿Cómo colegir el hecho de que algunos medios de comunicación se escuden en simples denuncias y no necesariamente respalden sus aseveraciones en investigaciones serias y oportunas? Esta aserción es realizada debido a que en la actual coyuntura muchas notas periodísticas fueron basadas irresponsablemente en rumores superfluos e infames, a pesar de que existen parámetros conocidos y difundidos para garantizar la calidad de cualquier producción periodística.

Tercero. Es importante señalar que el papel desempeñado por algunos analistas políticos como generadores de corrientes de opinión quedó seriamente afectado pues muchos pasaron del análisis político al activismo político, y en este afán no les importó deteriorar el abordaje de los fenómenos políticos con apreciaciones parcializadas e inclinadas con un lado de la balanza. El hecho de convertir (aprovechar) sus incontables intervenciones en la palestra mediática, con arengas de campaña, puso en evidencia el rol que desempeñaban, el cual fue de operadores políticos. Hasta ahí, indudablemente, le dijeron “adiós” a su calidad de “académicos”.

Cuarto. Si hay que reconocer algo en la oposición es el uso de las redes sociales como plataforma de comunicación e irradiación de ideas a una parte importante de la población. Sobre este punto es menester indicar que la estrategia del desprestigio y la utilización de insultos sistemáticos, difamaciones infundadas e injurias falaces, terminaron dañando y debilitando la imagen del gobierno. Esta situación nos situó frente a un fenómeno sumamente interesante, ya que el campo de lucha en gran medida se trasladó de las calles y plazas a un soporte tecnológico (redes sociales). La velocidad con la que se producían estos acontecimientos enmudeció y agarró por sorpresa a las organizaciones sociales, dejándolos sin capacidad de reacción inmediata.

En suma, tenemos a una oposición cuyo comportamiento sigue evocando con moderada nostalgia a la vieja clase política; asimismo, sigue siendo evidente que algunos medios de comunicación de manera irresponsable basan sus afirmaciones en rumores y murmullos arteros.

Respecto a los nuevos operadores políticos de la oposición, es un hecho que quienes se hacen llamar analistas políticos perdieron total credibilidad ante la opinión pública cuando decidieron tomar partido arguyendo que su postura era estrictamente ciudadana, ¿no es acaso una terrible desfachatez y deshonestidad intelectual camuflar su verdadera aquiescencia política?

Con referencia a los nuevas plataformas tecnológicas, si hay algo que no puede quedar en el tintero es que si bien la puñalada trapera vino de la mano de las redes sociales, también es cierto que con la proximidad de nuevos comicios electorales este espacio volverá a brillar con todo su esplendor, en este caso, el nuevo campo de lucha está a la espera de una masiva presencia de nuevos internautas. No hay duda de que el ciberespacio aún debe democratizarse mucho más y no quedar restringido a las clases medias urbanas.

Lo señalado hasta ahora discurre sobre el comportamiento, el papel y los escenarios donde la oposición se atrincheró inteligentemente, pero también es importante seguir el pulso a los objetivos que persigue como clase política.

Fines opositores

Uno de los fines de la oposición indudablemente es desmontar sistemáticamente las grandes transformaciones acaecidas desde la llegada de Evo Morales al poder, pero esta intención sólo es posible si consiguen deslegitimar y socavar el protagonismo de las organizaciones sociales, es decir, el hecho de criminalizar y asociar al movimiento popular campesino con actos de corrupción resquebraja enormemente la estabilidad de este gobierno. En este sentido, la estrategia encausada por la oposición tiende a ser efectiva si logra seguir posicionando la idea de que la corrupción campea en todos los niveles de decisión y, sobre todo, en las organizaciones sociales.

Otro aspecto que deber tener un tratamiento oportuno viene de la mano de la gestión pública, la cual afecta y repercute directamente en la vida de las personas. Es un hecho que la reproducción del poder sólo es posible si los actores que detentan el poder político tienen un buen desempeño en el uso de los recursos públicos. En este sentido, acciones que van en desmedro de la población y que sólo benefician a pequeños grupos que se guían por apetitos personales resultarán siendo nefastos y por ende contribuirán al padecimiento de un rápido desgaste en el ejercicio del poder. Se trata de un problema serio, que debe ser abordado tomando en cuenta las experiencias pasadas del movimiento popular, mejor ejemplificadas con el desgaste y debilitamiento del movimiento obrero a principios de los 80s del siglo pasado.

Así también y no menos importante es la promoción y puesta en marcha de espacios de formación política, los cuales tienen que tener como propósito primordial la generación de corrientes de opinión capaces de traspasar y trascender los recintos en los cuales se impartirán dichos contenidos.

Esta exhortación es efectuada a raíz de que, como jóvenes, en ocasiones minimizamos y quizá hasta desestimamos ingratamente las heroicas jornadas de lucha protagonizadas por los incontables líderes comprometidos con su pueblo, en momentos en que la represión y la violencia eran métodos que se utilizaban para acallar voces disidentes y contrarias a los regímenes de corte dictatorial.

En consecuencia, aunque este recodo producto de la no aprobación del Artículo 168 de la CPE provocó una agitación desmedida en el campo político, es importante comprender que la lucha no termina ni se acaba por haber sufrido un resultado adverso, más bien, este hecho es el aliciente que impulsa a estar atentos ante cualquier arremetida contrarrevolucionaria que pretenda desmontar los logros del proceso de cambio.


* Politólogo.

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