noviembre 27, 2020

¿Y los Derechos Humanos?

Una profunda indignación invadió al mundo cuando se conoció el acuerdo establecido en Bruselas entre Europa y el gobierno Turco de expulsar a todos los refugiados sirios que llegaran a Grecia a partir del domingo 20 de marzo. Por este acuerdo, nada menos que el siniestro gobierno de Turquía se compromete a hacerse cargo de los “migrantes irregulares” que lleguen a Europa a cambio de considerar su ingreso en la Unión Europea. Asimismo Grecia, so pena de ser suspendida del espacio Schengen, debe literalmente dejar que los migrantes se ahoguen. De hecho, después de su firma se instruyó el retiro de todas las ONG que voluntariamente apoyaban a los barcos de refugiados que llegaban a Lesbos y otras islas de la costa griega, hoy convertidas en un cementerio regado de los cadáveres que naufragan.

Por este acuerdo Europa sólo aceptará 72.000 refugiados sirios en los próximos dos años, número insignificante frente al millón que entraron a Europa el 2015. Supone también el reforzamiento de la militarización de las fronteras, sobre todo la de Turquía, para impedir que los refugiados lleguen a Grecia, dando para ello vía libre a los movimientos de la OTAN. Finalmente implica una serie de concesiones al gobierno represor de Turquía, entre ellas, pasar por alto todas las violaciones a los derechos humanos y asesinatos del régimen de Erdogan y su ofensiva militarista contra el pueblo kurdo y la oposición, que actualmente se ha cobrado la vida de más de 3.000 personas –lo propio sucede con Arabia Saudita cuyos crímenes pasan inadvertidos para la Unión– lo que confirma lo selectiva y olvidadiza que es su política de derechos humanos.

Según AGNUR, estamos ante la peor crisis migratoria desde la segunda guerra mundial. Desde el inicio del conflicto más del 50% de la población siria está en situación de desplazamiento, medio millón de sirios atravesaron el Mediterráneo en 2015 escapando del conflicto y alrededor de 250.000 personas han muerto tratando cruzar el Mediterráneo para entrar a Europa, esto sin cuantificar los refugiados iraquíes, palestinos, libios y yemenitas que huyen de conflictos similares.

El origen de este éxodo tiene mucho que ver con la política exterior de la OTAN, de la que la Unión Europea es parte. Quienes han financiado de manera ilegal grupos terroristas o al menos han hecho la vista gorda frente al soporte financiero que Arabia Saudita, Qatar, Turquía e Israel, brindan a grupos como ISIS. Al parecer su política consiste en atacar pero no hacerse cargo de las consecuencias de los conflictos derivados de esos ataques y con el acuerdo de Bruselas, Europa se lava las manos trasladando el problema a Turquía, uno de los aliados más fieles de la OTAN.

Este acuerdo es el resultado de las presiones por el avance de la extrema derecha, de partidos neonazis y xenófobos en Europa, que presionan para el aumento de deportaciones y el recorte de derechos a los migrantes. A medida que la crisis económica avanza los partidos neofascistas han visto crecer sus filas en toda Europa y varios de estos grupos han entrado incluso al Europarlamento. Frente al desenlace de la crisis de refugiados, Naciones Unidas parece contemplar con estupor, al fin de cuentas, el viejo continente es uno de sus principales financiadores y quien pone las reglas en los organismos de derechos humanos. Que desprotegido y frágil ha quedado el mundo.


* Socióloga.

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