por: Iván Mauricio Rodríguez Leigue
Según Noam Chomsky el papel de los medios masivos de información no es el de informar, sino el de dar forma a la opinión pública.
El consumismo de la imagen
Vivimos el momento crítico de la irrupción del Homo Civilis Repente, ese que crea su opinión o decisión política instantáneamente pero a partir de la imagen, una mezcla con el que Giovanni Sartori llama el Homo Videns, que no puede verbalizar un concepto pero si lo reconoce en una imagen y más a partir de un meme (imagen viral) con unas cuantas letras que le dan el contenido suficiente para que estos Homo Videns se conviertan en seres políticos instantáneos. Como el proceso de cuando te preparas un Nescafé y te evitas el trabajo de moler el café y destilarlo, a estos seres les evitan todo el proceso de pensar, analizar y sacar conclusiones, porque estas imágenes con leyendas ya vienen direccionadas y con una intención política no tan implícita, en la cual se incluyen juicios de valores, la mayoría de las veces infundados llenos de mentiras y aseveraciones hasta ridículas.
La política en las redes sociales ha sido el bastión donde apalancar una cabeza de playa desde la que aprovechar esta debilidad manifiesta de una parte de la población mayormente joven que quiere tomarse atajos hasta en la posibilidad de su trabajo de discernir sobre la cuestión política, han encontrado un nicho donde explotar esta condición política que llamo “el consumismo de la imagen, hecho política”…
El consumismo de la imagen es una cuestión que se viene manifestando desde el invento de la televisión y se fue acrecentando con la aparición de los demás medios audiovisuales, sin embargo, su desarrollo posterior al invento del Internet y la normalización de las redes sociales como medios de comunicación masivo ha sido la hecatombe del declive de la lectura en la sociedad, afectando mayormente a la generación en formación, los jóvenes. Uno de los resultados es que se empobrece el aparato cognoscitivo del ser humano.
Viene a ser una suerte muy similar al consumismo de los bienes materiales en los que el individuo es bombardeado continuamente por estrategias de marketing consumiendo cosas innecesarias y restándole valor a las que si son importantes como la lectura y la formación de criterios verdaderamente analíticos.
El rol de los medios de masas
La materialización de la cuestión del consumismo de la imagen como hecho político viene de la capitalización de esta realidad a través del uso de las estrategias de marketing comercial y político para fines electorales, en los que el individuo en cuestión sólo consume la información de los medios masivos y redes sociales, información previamente procesada y modificada para atraer toda la atención posible del individuo y modificar o crear una opinión respecto a un asunto político.
Según Noam Chomsky el papel de los medios masivos de información no es el de informar, sino el de dar forma a la opinión pública, por lo tanto su función principal es de entretener, transmitir mensajes, impartir valores y códigos que propician que los individuos se moldeen a las estructuras sociales y el pensamiento colectivo impartido por el poder dominante; las redes sociales vendrían a ser los nuevos medios masivos de información que jugarían un papel político determinante en este tiempo.
Entre redes y medios tradicionales
Existe una diferencia muy importante entre las redes sociales y los medios masivos de información tradicionales como los diarios y noticieros; es el carácter democrático y de acceso público de las redes sociales ya que en éstas todos nos podemos convertir en emisores de información e incluso tener un papel relevante.
Por citar un ejemplo, ya se dio una experiencia muy importante y positiva del uso de las redes sociales, en la primavera árabe, cuando se convocaron masivas concentraciones de manifestantes en Egipto contra la dictadura de Mubarak, hasta que se logró su destitución del poder. Un caso similar se dio en las concentraciones masivas del movimiento “Occupy Wall Street” en Estados Unidos, contra la desregulación y los excesos del sistema financiero norteamericano, o el movimiento “15M” en España, contra las medidas de austeridad fiscal impuestas por el gobierno del PP, el desempleo y los desahucios hipotecarios.
Estos hechos plantean muchas cuestionantes:
● ¿Será que el voto joven urbano en Bolivia es realmente consciente?
● ¿Existen condicionamientos vinculados a intereses políticos que han visto en las redes sociales una nueva herramienta de manipulación masiva?
● ¿Es real la madurez política que se le atribuye a este sector de la población política activa?
Los anteriores razonamientos al respecto de las cuestionantes nos arrojan algunas luces sobre esto: en la campaña del referéndum sobre la modificación de la constitución pudimos evidenciar como la oposición boliviana utilizó esta condición política y elaboró una estrategia de toma de las redes sociales, creando una infinidad de páginas en Facebook, utilizándolo como instrumento de divulgación de mensajes sin importar si estos eran reales, calumnia o aseveraciones sin fundamento.
Se pudo observar que esta estrategia tuvo buen resultado para sus promotores, pero no sólo dentro de la misma campaña electoral, ya que el mismo público/receptor una vez atraído por el mensaje y convencido del mismo se encargó de reproducirlo maximizando los efectos, casi como un efecto domino.
De hoy en adelante la llamada Política 2.0 estará en centro del debate, estudio y aplicación por todos los partidos, agrupaciones políticas, organizaciones y movimientos sociales en Bolivia, como una herramienta que no hay que desdeñar o se sufrirá las consecuencias de ello, tal y como el guerrero que carece de armas en la guerra.
Como conclusión principal podemos afirmar que no queda duda que la imagen es la principal arma, las redes sociales la herramienta y el nicho de la posibilidad política; la cultura del consumismo de la imagen como condición política del sector joven de la población políticamente activa en Bolivia.
* Estudiante de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, Santa Cruz.

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