El capitalismo en su larga historia ha creado los mecanismos para amortiguar sus riesgos, en otras palabras, para incrementar sus ganancias y reducir sus gastos. Uno de estos mecanismos es la evasión de impuestos, práctica para no tener visos de ilegalidad, creadora de los famosos “paraísos fiscales”, lugares donde se opera libremente sin tener los dispositivos de control que todo Estado aplica a las actividades económicas.
Los paraísos fiscales son los mejores “lavadores” de capitales acumulados sobre la base de la corrupción, el narcotráfico y otras actividades ilegales, en todos los países del mundo. Todas las empresas que operan en estos mercados son cuanto menos sospechosas de actos ilegales.
Hemos visto como los efectos de la desclasificación de las empresas off shore han motivado la renuncia de personalidades de la política europea que, con la dignidad de haber sido “descubiertos”, han sabido asumir su responsabilidad y se fueron a su casa; en cambio, por nuestros rumbos latinoamericanos tenemos ejemplos que están esmerados en naturalizar este hecho, como está ocurriendo con el presidente de la Argentina, Mauricio Macri, que tiene un blindaje mediático a prueba de toda investigación seria.
En nuestro país, que no tiene empresarios de la talla de los brasileros, chilenos o argentinos, también resultó que habíamos tenido miembros en este selecto grupo de evasores de impuestos –por decir lo menos–, y es que la angurria de la acumulación capitalista es contagiosa.
Recuerdo las revelaciones de nombres e instituciones que estuvieron implicadas en las estafas de las famosas financieras y resultó que el abanico era tan amplio que encontrábamos a cantantes por un lado, y por el otro, miembros de la Iglesia Católica, todos estafados, ¿por qué? Por la angurria del dinero fácil.
La condición humana es así desde el inicio de los tiempos, por eso tuvimos el periodo del esclavismo clásico, la explotación industrial, las grandes y pequeñas estafas y el robo descarado, todo esto ligado a los mecanismos de poder ligados a la política.
La corrupción, ese mal que no ha encontrado hasta la fecha una vacuna efectiva, transita por todos los circuitos de la sociedad causando daño a todo y a todos.
El sistema jurídico que debería ser el garante de la justicia y la honradez es el primer eslabón de esta cadena, ya que existen bufetes especializados en operar en estos mercados oscuros de la economía mundial, y cuando no se convierten en socios de los numerosos “emprendedores” que ocultan las verdaderas fuentes de su acumulación capitalista.
En nuestro caso, conocidos políticos –que nos hablan de civismo, moral, dignidad– son los primeros que aparecen implicados en estas actividades, dando señales de antipatrias, sin moral y de poca dignidad. ¿Pueden ser creíbles estos personajes? Por supuesto que no, es más nuestro armazón jurídico debería tener sanciones establecidas, con una figura parecida a la traición a la patria, para todos quienes operan en estos mercados negros.
La actitud personal es el único indicador válido cuando se trata de calibrar la honradez y virtudes del ser humano. Muchos de los personajes que se encuentran en las listas de los Panama Papers verán cómo queda descolorido el ropaje con el que se presentaban como impolutos y patrióticos líderes cívicos, políticos, jurisconsultos y sólo tendremos a la vista la imagen de angurrientos usureros, brillantemente descritos por William Shakespeare.
* Escritor e historiador potosino.

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