octubre 3, 2022

¿Qué se viene después de la nacionalización?

por: Pedro Blanco Tancara

Actualmente los bolivianos, en materia energética, buscamos constituirnos en el corazón de Sudamérica.

El 1 de mayo de 2006, mediante la promulgación del Decreto Supremo N° 28701 “Héroes del Chaco”, la entonces República de Bolivia marca una nueva etapa de sus políticas en materia de hidrocarburos, como resultado de la demanda de la población que se fecundó en los actos de reivindicación como la guerra del agua en el Departamento de Cochabamba, la guerra del gas, desatada por los hermanos alteños convencidos de que la inconveniencia de la exportación de nuestro gas a precios regalados a países capitalistas mediante el sistema de gas natural licuado (GNL), y ante el inestable gobierno de los políticos neoliberales que nunca escuchaban las demandas de las y los bolivianos.

Despojo neoliberal

Es necesario aclarar que estos hechos surgen como consecuencia de la implementación de políticas instruidas por los organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario internacional (FMI), proyecciones del denominado Consenso de Washington referentes a: privatización de los servicios y empresas públicas, apertura de inversiones extranjeras directas sin contemplar las consecuencias que estas trajeran consigo.

Al hacer memoria podemos recordar el calvario al que debían estar sometidos los bolivianos para poder adquirir una garrafa de GLP y lograr sobrevivir en un país que no avizoraba ningún futuro. Baste recordar el tiempo que se demoraba para poder cargar combustible para las movilidades del servicio público, y peor aún para el uso privado, a diario los noticieros reflejaban las filas que la población realizaba.

De acuerdo al seguimiento realizado podemos afirmar que fueron muchos los motivos y causas que nos llevaron a estos resultados: la implementación de la capitalización y posteriormente la privatización que consistió en quitarnos las empresas a los bolivianos y la soberanía de nuestros recursos naturales; la aplicación de políticas de regulación de mercado que no estaban acordes a la realidad boliviana y que muy por el contrario blindaban a las empresas privadas para obtener mayores utilidades a costa de la riqueza de nuestro país, autoridades de turno que sólo velaban por intereses individuales, entre otros motivos.

Grandes riquezas, grandes desigualdades

Bolivia es catalogada como uno de los países más ricos por sus reservas hidrocarburíferas (volúmenes de petróleo crudo, condensado, gas natural y líquidos del gas natural que se pueden recuperar comercialmente de acumulaciones conocidas, desde una fecha determinada en adelante), correspondientes a gas natural que, según informes de la residual YPFB, sólo en el año 2002 alcanzaron al pico de 28.7 trillones de pies cúbicos (TCFs).

Pero la renta petrolera (ingresos menos los costos, de tal manera que la renta petrolera es lo que queda) alcanza los 4.587 millones de dólares en el periodo 1985-2005. Ingresos que no fueron suficientes y que llevaría al país al colapso, obligándolo a tomar una decisión que demuestra la vuelta de timón.

La decisión tomada por el gobierno de Evo Morales el 1 de mayo de 2006, hoy por hoy es aplaudida ya que a la fecha nos ha permitido pasar de ser un país importador a abastecedor en, por ejemplo, gas licuado de petróleo (GLP), gasolina, diésel oíl, entre otros. A pasar a ser un país con mucho futuro, con empresas estratégicas que no solamente abastecen el mercado interno con los servicios de energía que fueron constituidos como derechos fundamentales por la Asamblea Constituyente, y refrendados por el pueblo boliviano.

Dicha decisión forma parte del modelo económico social comunitario y productivo, que hoy por hoy es motivo de análisis en diferentes universidades de muchos países en los diferentes continentes, modelo que ha permitido que a partir de políticas hidrocarburíferas acertadas se logre primeramente que Bolivia pueda obtener una renta petrolera que asciende a 31.504 millones de dólares durante el periodo comprendido del 2006 a 2015, cifras que han aumentado en 700% en comparación a los 20 años anteriores.

Sector hidrocarburífero

La población boliviana debe considerar que el sector hidrocarburífero está conformado por varias actividades que contemplan desde la exploración hasta la industrialización. ¿Cómo un país rico en gas no puede hacer uso de este hidrocarburo? Esa era una interrogante hasta 2005, por lo cual, mediante una política frontal, se procedió al cambio de matriz energética buscando masificar el uso del gas natural en todos los sectores y así sustituir los combustibles líquidos que en la etapa neoliberal representaban la subvención y asignación de muchos recursos del Estado.

Debido a que Bolivia no contaba con una renta petrolera suficiente ya que la mayoría de los ingresos por la producción de hidrocarburos eran enviados al extranjero como utilidades de las transnacionales, a la vez que exportábamos gas natural y sus derivados puesto que no había la tecnología que permitiera separar estos subproductos y sólo enviar gas, el 2013, con la puesta en marcha de la Planta Separadora de Líquidos de Rio Grande, nuestro país deja de importar derivados como el GLP, y, posteriormente, con la implementación de la Planta Separadora de Líquidos del Gran Chaco, se posiciona como proveedor internacionales no sólo gas natural y crudo reconstituido (RECON), sino además de GLP y su distribución, también del tendido de redes de gas, siempre bajo el principio de la complementariedad, el respeto de las asimetrías y reciprocidad con los hermanos países del Perú, Paraguay, Argentina y Brasil.

Actualmente los bolivianos, en materia energética, buscamos constituirnos en el corazón de Sudamérica, un país con futuro, industrializado mediante la planta de Amoniaco y Urea, Complejo Petroquímico de Propileno-Polipropileno y Complejo Petroquímico de Etileno-Polietileno y con ello llegar a los hogares, industria agropecuaria y agroindustria.


* Abogado y economista.

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